EXEGESIS
El autor es poeta y crítico puertorriqueño. Es Catedrático Asociado de Lengua y Literatura del Colegio Universitario de Humacao - UPR. Fue director del Instituto de Estudios Hostosianos y es actualmente director de EXÉGESIS.

Chile en el corazón

1. Introducción

Parafrasemos lo que dice Neruda a propósito de México: Chile es largo y espinudo. No recuerdo época de mi vida que me fuera ajena su presencia empinada entre espinas. Muy de niño, cuando apenas sabía leer, mi madre me dio a leer en un acto público unos versos de Gabriela Mistral que huyen de mi memoria. Me anotó al margen el nombre del autor . Para hilaridad del público leí "Gabriel A. Mistral". Tan pocos recuerdos albergo de mi más remota niñez, y esa astillita no se me esfuma.

Amén de los hermanos Silva, Lucho Gatica, Mona Bell y Lautaro y los araucanos de todos, fueron la Gabriela Mistral de las prosas tan perfectas, el Neruda veinte, trotón en su caballo verde, y Salvador Allende, "Presiden-te", quienes ocuparon parte vital de mi conciencia y de mi orden del mundo. Estaba recién llegado a México, aquel septiembre tumultuoso e inhóspito de 1973, para estudiar mi maestría en letras, cuando el garrotazo de estado de Pinochet me enfrentó a los asombros. No viví la experiencia de ese Chile en desamparo como la mayoría del pueblo puertorriqueño que, imagino, la "libertad de prensa" y la ITT le habrán hecho opinar que era el costo necesario de regresar a la democracia: la viví, para mi fortuna, acompañado de la perplejidad y del agudo dolor del pueblo mexicano tantas veces solidario. (Gracias, México mío!) Entonces, Quilapayún, Inti Illimani, Víctor Jarra, Violeta e Isabel, acompañaban mis días a través de las transmisiones de la radio de la UNAM. Años después, cuando ya creía haberlos olvidado, mi amigo español José Maldonado me hizo el favor inesperado de traer un día a mi casa a estos personajes y a otros intérpretes chilenos con sus quenas, cuerdas y cueros. Mis hijos crecieron oyendo la Cueca del CUT,

la Cantata de Santa María de Iquique y el canto de sirena de Isabel Parra tanto como la música puertorriqueña, y siempre siempre viajábamos por la isla oyendo esa música aflautada y coral, que con tanta pericia jugaba con los requiebros más graves e intensos del alma. Ahora nos dijo una joven en Chile que se quedó toda una vida sin maestros. Nosotros tuvimos los suyos en México.

(continuación)

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