La sangre pide sangre: Betances ante el
asesinato de Antonio Cánovas del Castillo

Félix

Ojeda Reyes

Puertorriqueño. Es Catedrático de la Facultad de Ciencias Sociales de la U. P. R., Recinto de Río Piedras y director del Proyecto Betances del Instituto de Estudios del Caribe. Es autor de numerosos libros y artículos sobre Ramón E. Betances. Publicará en los próximos meses una biografía de Betances.


Si hacemos inventario de las mayores contribuciones que hizo Ramón Emeterio Betances a la causa independentista cubana en los últimos años de su vida, mientras ocupa el cargo de Agente Diplomático de la República de Cuba en Francia, tenemos que destacar: su campana ante las altas esferas de gobierno y la prensa francesa para evitar o retardar los empréstitos que España pretendía obtener de la banca europea; la compra y acarreo de armas para el Ejército Libertador; el envio de combatientes a la guerra independentista cubana reanudada por Martí en febrero de 1895; la solidaridad con los presos políticos encerrados en cárceles españolas; el cobro de contribuciones de guerra a los propietarios de ingenios azucareros residentes en Europa; su intervención en negociaciones diplomáticas con importantes figuras del gobierno de España; y, finalmente, sus gestiones para acercar al movimiento revolucionario de las Islas Filipinas con el proceso insurreccional cubano.

Si todavía existieran dudas sobre la singular genialidad del médico de Cabo Rojo deberíamos agregar que siempre se preocupó por dotar al movimiento revolucionario cubano con los últimos adelantos en la tecnología de guerra. Betances también establece relaciones con individuos dedicados al trasiego de armas. Buen ejemplo de ello lo fue Brooke Greville, gerente gerenal de la compañía Military Equipment Stores, que le remite cotizaciones para adquirir fusiles Mauser y comprar piezas de artilleria con sus respectivas cajas de municiones. Mucho más: esa empresa radicada en Londres estaba dispuesta a conseguir lo que Betances necesitase para abastecer al Ejército Libertador de Cuba: dinamita, pólvora, cañones, fusiles, bayonetas o una sencilla tienda de campaña.’

Betances también promovió, desde Francia, la caída de la monarquía española. Junto al ingeniero cubano José Francisco Cisneros trató de impedir la salida de miles de soldados que preparaba España contra Cuba. Pero, ¿cuál sería la forma que utilizarían para entorpecer el envio de las tropas?:

"sublevando nosotros al pueblo y haciendo una revolución contra la monarquía". A tales efectos, Betances y Cisneros deciden auxiliar a los anarquistas españoles, particularmente los de Barcelona, solidarios con la libertad de las Antillas. Se cree que un proceso armado en España aseguraría la calda del régimen y el triunfo de la independencia en Cuba y Puerto Rico.2

Todas estas acciones clandestinas de corte anarquista que se llevan a cabo en España para derrocar la monarquía a instancias de Betances permanecen en el más nebuloso misterio. Sin embargo, entre todos los proyectos de acción directa en que aparece involucrado el Padre de la Patria puertorriqueña, el más ruidoso resulta el llevado a cabo en el balneario de Santa Águeda de Mondagrón, en Guipúzcoa, el 8 de agosto de 1897. Se trata del asesinato del presidente del Consejo de Ministros de España, Antonio Cánovas del Castillo, a manos del anarquista italiano Michelle Angiolillo.

Cánovas del Castillo (1828-1897) decide descansar durante una corta temporada fuera de Madrid, para tratar su glucosuria3 "en habitual cura de aguas", como informa Melchor Fernández Almagro. Después de visitar en San Sebastián a la Reina Regente, María Cristina de Habsburgo, el Primer Ministro español se va a tomar las aguas termales de Santa Águeda como decía Betances, el joven ferroviario del Foggia estaba sentado sobre la consabida silla frente al doctor de larga barba. Éste, seguro de sí mismo, lo escudriñaba con sus ojos penetrantes... Angiolillo, después de pocas palabras, convenció al Delegado cubano, de su sinceridad. No pedía más que los gastos del viaje para trasladarse a España; no pedía nada que pudiera dejar huella de la participación de su favorecedor en el delito que iba a cometer; no deseaba que le indicara ningún nombre de personas que en España le pudiesen ayudar.6

Angiolillo iría sólo, a España, corriendo todos los riesgos. Pero el objetivo inicial del joven italiano, el asesinato de la Reina Regente y su hijo (según la versión de Orestes Ferrara), no satisface a Betances quien, luego de escuchar a su interlocutor, termina reprochando el proyecto:

Betances entró en materia, y explicó al joven que la muerte de una mujer y de un niño, no haría prosélitos para su causa en el mundo hispano especialmente; además añadió, que la reina y el pequeño rey, no tenían verdadera influencia en la gobernación de España. El nombre de Cánovas, que a la sazón era presentado en los periódicos radicales como el del causante máximo o único de todos los males, saltó espontáneo en la conversación, y Angiolillo lo escogió de víctima propiciatoria.7

En la obra de Melchor Fernández Almagro, Cánovas su vida y su política, se narran algunos detalles del asesinato. Mientras el Primer Ministro se hallaba sentado en un banco leyendo los periódicos, Angiolillo, sin perder un instante, sube a su habitación para conseguir el arma que usará en el atentado.

Por su parte, el Ministro de Ultramar en el gabinete de Cánovas, don Tomás Castellano Villarroya (1850-1906), en mensaje a su gobierno suscrito desde el balneario de Santa Águeda, dice que poco después de las doce y media Cánovas sale con su señora de su habitación y se dirige al comedor que está situado en la planta baja. En la escalera se encuentran con una conocida y se detienen a hablar con ella. Mientras tanto, el Primer Ministro se dirige hacia la galería que tropieza con el jardín, por la que se tiene que pasar para ir al comedor. Cánovas se sienta en el primer banco, muy próximo a la puerta junto a su esposa, Joaquina de Osma, con quien se ha unido en segundas nupcias. Cánovas tiene entonces 69 años de edad y es el político conservador más destacado de su época. Betances

Según el relato de Luis Bonafoux, Betances vacila cuando Angiolillo le solicita ayuda para darle muerte a la Reina Regente y al Primer Ministro de España. A juzgar por el joven italiano, la causa de las Antillas saldría beneficiada del atentado y le pide mil francos a Betances para ir a España. Impasible, como siempre, Betances lo escucha atentamente. Acto seguido, le expone las razones para considerar innecesaria la muerte de la Reina y termina reprobando en términos generales el asesinato. "Por si usted vuelve sobre su acuerdo, díjole Angiolillo, y quiere socorrerme, ahí dejo a usted las señas para enviarme mil francos... Pocos días después los recibió anónimamente, en un sobre del doctor Betances"4.

A los efectos de velar por la seguridad de Cánovas del Castillo había en Santa Águeda nueve agentes de policía y 25 guardias civiles al mando de un teniente. A despecho de tales medidas, Angiolillo llega al balneario el 4 de agosto, se hospeda en el mismo hotel y se registra con el nombre de Emilio Rinaldi.5

Angiolillo tiene 26 años. Ha nacido el cinco de junio de 1871 en la ciudad italiana de Foggia, cerca de Nápoles, y proviene de humilde y numerosa familia. Su padre es sastre, la madre, ama de casa. En Londres el joven italiano adquiere el revólver que usará en el atentado. Es obvio que estando en París, por conducto de Charles Malato y otros compañeros de hermandad, Angiolillo logra relacionarse con el doctor Betances:

Así, un día, "modesto y sencillo, cortés y hasta tímido",


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que da acceso a la escalera, y se pone a leer un periódico. El italiano se acerca y apoyándose en la puerta, dispara.

La primera bala le atraviesa la cabeza, entrando por la sien derecha. Cánovas se incorpora apurando la poción de la muerte. Entonces, Agiolillo, con una frialdad increíble, sube el revólver y dispara de nuevo. La segunda bala le entra por el pecho y sale por la espalda, cerca de la columna vertebral.8 El tercer y último disparo9 se hace estando Cánovas en el suelo. El proyectil le entra por la espalda y se aloja en el pecho del anciano.

Michelle Agiolillo cumplió con su deber. Estaba tranquilo, había vengado a sus hermanos anarquistas asesinados en el castillo de Montjuich, en Barcelona. Mientras tanto, la policía, que también acudió al ruido de los disparos, detuvo al asesino sin que éste opusiera resistencia. El joven italiano entregó su arma a los encargados de la seguridad de Cánovas.10 Todavía le quedaba una bala en la récamara del revólver.

En su declaración Castellano Villarroya añade que Cánovas cae al suelo del primer disparo y no pronuncia palabra alguna. La caída le produce una contusión en la frente. Trasladado a su habitación, el médico del establecimiento examina las heridas. Las tres son mortales de necesidad y viendo que los auxilios de la ciencia resultan inútiles, el galeno aconseja que venga el sacerdote con la Santa Unción. Una hora después del atentado, el Primer Ministro de España deja de existir.11

Orestes Ferrara alega que Betances no niega la parte que desempeñó en las aguas termales de Santa Águeda. "No se ufanaba del hecho que no había ideado, ni promovido, pero no negaba los contactos tenidos, y las facilidades que había dado para la realización del triste suceso".12 Otros autores, particularmente Luis Bonafoux, Carlos N. Carreras, Hugh Thomas y Melchor Fernández Almagro, por mecionar algunos, también dan a entender que el médico de Cabo Rojo apoya el brazo anarquista que actúa en Santa Águeda.13

El Marqués de Lema, director general de Correos y Telégrafos españoles e íntimo amigo de Cánovas, afirma que el tiempo fue levantando velos suficientes "para hacer comprender que aquel crimen no fue la obra exclusiva de los anarquistas, aunque anarquista fuese el instrumento. En la prensa vinieron relaciones del doctor Betances, agente de los filibusteros en París, que reconoció las visitas que le hizo Angiolillo cuando se dirigía a España a realizar el crimen, visitas que serían inexplicables en otro caso, no pertenenciendo el referido doctor al anarquismo. Tampoco faltaron otros datos e indicios, aparte de la alegría que en el laborantismo cubano produjo la desaparición de Cánovas. Sabían bien que aquel hombre era el obstáculo poderoso a sus designios, y los acontecimientos diéronles la razón".14 En fin de cuentas, la participación de Betances, según distintos

autores, consiste en enviarle anónimamente al joven anarquista italiano 500 o tal vez 1,000 francos para ir a España.

Siete días después del asesinato, en juicio militar sumarísimo, es sentenciado a muerte el joven italiano que apenas ha cumplido los 26 años. Su última voluntad queda cumplida al concedérsele permiso para escribirle una carta a su madre en Italia. Sentado en la silla del suplicio, mientras el verdugo le ciñe la corbata de acero, Angiolillo grita: "¡Germinal!": título de una novela de Emilio Zola, el grito de guerra del movimiento anarquista internacional.15

El 20 de agosto, a las once de la mañana, se ejecuta la sentencia. Michele Angiolillo es agarrotado en el patio de la prisión de Vergara, en San Sebastián. Según declaraciones publicadas en la edición europea del New York Herald: "it was erroneous to attribute any accomplices to him and repeating that he had acted alone, under his own inspiration, and had long premediated the assassination of Señor Canovas".16

Hasta el momento no hemos hallado ningún documento que denuncie la aportación económica o la responsabilidad de Betances en el asesinato de Antonio Cánovas del Castillo. Entonces, la pregunta es si Betances está involucrado en la conspiración. La acción encubierta, cuando se planifica con rigurosidad, se cuida mucho de no dejar pruebas. Los papeles comprometen y Betances se vanagloria de ser un conspirador impenitente, oficio éste que requiere mucha discreción, mucho secreto. ¿Fue Betances el instigador del golpe? No lo sabemos. Paul Estrade escribe que no existe ninguna huella escrita (en la contabilidad o en la correspondencia) que delate la responsabilidad del discreto doctor. Cuestión que nada prueba, por cierto, porque cuando lo entrevista la prensa socialista francesa Betances declara enfático: "No aplaudimos, pero tampoco lloramos".17

En carta a Gonzalo de Quesada, fechada el 13 de agosto de 1897, es decir, a cinco días del atentado y casi en vísperas del agarrotamiento de Angiolillo, Betances escribe:

En estos días la propaganda ha sido tan activa que hasta a la una de la noche se me aparecieron reporters en casa. La venganza de Maceo ocurrida en Santa Águeda, el meeting socialista en que un cubano, Tarrida del Mármol, sobrino de Donato, tomó la palabra, la fuga de Justo García y de Planas18, de Chafarinas han creado aquí un movimiento algo escabroso para nosotros y hoy he sabido por mis vecinos que mi casa se halla muy vigilada por la policía.19

En vista de que tantos cubanos habían deseado la muerte de Cánovas del Castillo, ¿por qué uno de ellos no habría apoyado el brazo vengador?20 Máxime, cuando el asesinato sería de provecho para la revolución, puesto que dramatizaría la debilidad de España frente a la comunidad internacional. Mientras, los medios noticiosos se encargarían de promover la causa insurrecta en todos los países del mundo. Históricamente, ése ha sido siempre el resultado de los


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atentados contra jefes de estado. El de Cánovas no era excepción a la regla.

Dentro de tal contexto, en un discurso pronunciado en París, Betances declara enfático: "Hemos tenido la inquisición más feroz que haya podido soñar Torquemada, con tres verdugos a sus órdenes: Polavieja en Filipinas, Weyler en Cuba y Portas en Montjuich; pero A la Luz de Lisboa, decía: Cánovas había caído bajo el golpe de Angiolillo que al fin de cuentas asesinó a un hombre mientras que su víctima asesinó a un pueblo"21 Obviamente, el artículo citado por Betances se refiere al pueblo cubano, a los horrores de la reconcentración y a la culpabilidad de Cánovas por las atrocidades españolas cometidas en la isla de Cuba.

Al concluir estos apuntes podemos decir que el asesinato de Cánovas trae un interesante cambio estructural en lo referente a Cuba y Puerto Rico: el 25 de noviembre de 1897 el nuevo ministro de España, emite el decreto promulgando la autonomía para ambas islas. No perdamos de vista, sin embargo, que Sagasta apoya el decreto a fin de evitar la intromisión de Estados Unidos en el conflicto con Cuba. En lo referente a Puerto Rico, el régimen autonómico es de corta duración. Nace bajo la sombra de la guerra independentista cubana y muere en manos del Congreso de Estados Unidos luego de terminada la guerra del 1898. En lo referente a Cuba, la autonomía fue rechazada radicalmente, armas en manos, por el Ejército Libertador del hermano pueblo.

Hoy, cuando nos disponemos a conmerorar el centenario de la muerte del Doctor Betances, acaecida en París el 16 de septiembre de 1898, debemos reiterar que Ramón Emeterio Betances es la figura más radical del independentismo puertorriqueño del siglo XIX. Pero si eso no fuera ya suficiente para establecer su grandeza, es también el más alto exponente en la zona del Caribe, refrendado no ya por una prédica sino por sus acciones de día a día, del concepto de integración de las Antillas y es, además, un visionario que sabe integrar las ciencias, los proyectos económicos y la acción política y militar en la construcción del futuro de nuestros países. En síntesis, la vida de Ramón Emeterio Betances estuvo alentada, fundamentalmente, por dos grandes

pasiones: la independencia de Puerto Rico y la solidaridad antillana. En cierta ocasión el general cubano Bartolomé Masó le escribió estas palabras que lo consagran como la primera figura del nacionalismo puertorriqueño: "La causa de la libertad antillana tiene en usted un paladín decidido y los pueblos que sufren, redimidos mañana, sabrán colocar su nombre de patriota inmaculado entre los primeros des sus próceres"

Tenía razón Masó.

Notas

1. Correspondencia diplomática de la delegación cubana en Nueva York durante la guerra de independencia de 1895a 1898. La Habana: Archivo Nacional de Cuba, 1945. Tomo III. Francia, 42-49.

2. Carta de Betances a Henna, 14 de agosto de 1896. Carlos M. Rama (Ed.). Ramón Emeterio Betances. Las Antillas para los antillanos. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1975, 237.

3. Enfermedad caracterizada por la presencia de glucosa en la orina.

4. Luis Bonafoux. Betances. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1987, XX. En el libro de Carlos Serrano, Final del imperio, España 1895-1898, se informa que Betances y el director de L'Intransigeant, Henri Rochefort, le adelantan el dinero a Angiolillo para su viaje a España.

5. Enrique Piñeiro. Cómo acabó la dominación de España en América: Garnier Hermanos, 1908, 144.

6. Orestes Ferrara. Mis relaciones con Máximo Gómez. La Habana: Molina y Compañía, 1942.

7. Orestes Ferrara. Ibid., 51. A diferencia de la versión de Bonafoux, la de Ferrara habla del asesinato del hijo de la Reina y de 500 francos ofrecidos por Betances a Angiolillo.

8. El Marqués de Lema, que estuvo en Santa Águeda hasta la mañana del día anterior, alega que el segundo disparo le parte la yugular produciéndole terrible derramamiento de sangre. Marqués de Lema. Cánovas o el hombre de estado. Bilbao: Espasa Calpe, 1931, 254. Veáse además la carta De Lema a Antonio María Fabié, fechada el 11 de febrero de 1927. En Antonio María Fabié, Cánovas del Castillo. Su juventud. Su edad madura. Su vejez. Barcelona: Gustavo Gili, Editor, 1928, 358-365.

9. Cánovas había dicho que para acabar con la revolución de Cuba sólo hacían falta tres balas: una para Martí, otra para Maceo y otra para Gómez. Irónicamente, Angiolillo sólo necesitó de tres proyectiles para liquidar al Primer Ministro de España.

10. En el asesinato o ajusticiamiento de Cánovas (todo depende del cristal con que se mire), es suficiente un francotirador, paciente y


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solitario, que actúa en forma secreta y con la mayor sangre fría. No obstante, a juzgar por los teóricos de la lucha armada, el operativo tiene una falla grave. Al planear y ejecutar actos de esta índole los combatientes no pueden olvidar la retirada. Esta es tan importante como el operativo mismo. A tal punto que debe ser cuidadosamente planeada.

11. Melchor Fernández Almagro. Historia política de la España contemporánea. Tomo II. Madrid: Ediciones Pegaso, 1959, 416-417.

12. Orestes Ferrara. Op. Cit., 50.

13. Inexplicablemente la Dra. Ada Suárez Díaz, cuya aportación a los estudios betancinos nadie puede poner en duda, elude la discusión de tan interesante asunto en su tesis doctoral El Antillano, publicada en 1988 bajo el sello del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe.

14. Marqués de Lema. Op. Cit., 256.

15. Francesco Tamburini. "Michele Angiolillo. El anarquista que asesinó al presidente Cánovas del Castillo". Historia 16. España. Año XXI. Febrero 1997, 28-39.

16. New York Herald. París, 21 de agosto de 1897.

17. L'Intransigeant. París, 11 de agosto de 1897. Paul Estrade. La colonia cubana de París 1895-1898. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 115.

18. Justo García y Víctor Planas, jóvenes cubanos fugados de Chafarinas, buscan la protección de Betances al llegar a París. Esa evasión coincide con el asesinato de Cánovas, lo que azuza la persecución hacia ellos. "Yo no he querido protestar públicamente contra las arbitrariedades de este gobierno contra Justo García y Planas...; pero un senador amigo me ha hecho el favor de hablar en favor nuestro al señor Ministro de Relaciones Exteriores", le escribe Betances a Henna en 21 de agosto de 1897. Ambos jóvenes son expulsados de Francia. Justo García es hijo del general cubano Calixto García Iñiguez.

19. Carta de Betances a Gonzalo de Quesada, 13 de agosto de1897. Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos y remisiones. Legajo 116, Núm. 312. El 21 de agosto Betances le informa a Henna: "Como aquí se ha servido el gobierno confundirnos con los anarquistas, se puede temer que venga alguna carta para mí, conteniendo apreciaciones imprudentes". (El Imparcial. San Juan, 27 de octubre de 1928, 5).

20. Paul Estrade. Op. Cit., 115.

21. El Yara. Cayo Hueso, 31 de diciembre de 1897. Veáse además a Emilio Godinez Sosa. Cuba en Betances, 405.