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La sangre pide sangre: Betances ante el asesinato de Antonio
Cánovas del Castillo Félix Ojeda Reyes
Presencia del ideario masónico en el proyecto revolucionario antillano de Ramón Emeterio Betances Oscar G. Dávila 1898: El antiimperialismo en los Estados Unidos y en El Caribe
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Parte 2: El antiimperialismo a la luz de los héroes del 98: Martí, Hostos, Betances y Sandino Rodrigo Quesada Monge Ramón Emeterio Betances: Artículos publicados en Le XIX Siécle entre 1875 y 1878 (Traducción de Yolanda González). Carta a Marcos Reyes Paul Estrade |
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Nota editorial:
"¡Ah, mi amado Betances!"
Luis Hernández Aquino
Este 16 de septiembre de 1998 asistimos, con estupor y nostalgia, al centenario del último ascenso de Ramón Emeterio Betances. Nacido en Cabo Rojo, Puerto Rico, el 8 de abril de 1827, Betances es reconocido unánimemente, entonces y desde entonces, como el padre de la patria puertorriqueña. El título que así lo encumbra mito se sustenta al repasar los textos de su verdad histórica, aún inédita en gran parte. Nos referimos a la historia del niño --negro-- que desde los diez años es enviado a Francia a realizar estudios de medicina y que tras completar los requisitos formales alcanza fama mundial tras adelantar la investigación del cólera, la elenfantiasis del escroto, la sacarina, el t étano, el uso del cloroformo como anes-t ésico, y tras fundar facilidades hospitalarias para indigentes. Nos referimos, también, a la consagración de una vida para la libertad de todos los hombres, a trav és de la fundación de sociedades abolicionistas secretas, la redención de infantes esclavos en la pila bautismal, la formación de sociedades clandestinas para realizar la revolución de las antillas todas, el Grito de Lares, la lucha por la independencia de Haití y de la República Dominicana, la lucha por la independencia de Cuba. Nos referimos al reconocimiento internacional de sus insobornables servicios que resultaron en su persecución y en sus numerosos destierros lo mismo que en la representación de los intereses de la secretaría de la Legación Dominicana en París mientras era simult á-neamente encargado de los negocios de la república en Londres y Berna, luego delegado del Partido Revolucionario Cubano en París y, finalmente, Representante Diplomático de la República de Cuba en Francia. Nos referimos al autor de La Virgen de Borinquen, La botijuela, la novela política sobre la conquista de Puerto Rico qu e titul ó Les Deux Indiens, los numerosos artículos escritos en español y en francés, entre la sangre y la ternura, y los poemas que hicieron exclamar a don Luis Hernández Aquino la cita de epígrafe. Nos referimos al hombre que compartió tribuna con Víctor Hugo y que mereció la otorgación por el presidente de la República de Francia de la cruz del Caballero del Orden Nacional de la Legión de Honor. Nos referimos al hombre que sucumbió impotente ante la visión desgarradora de su patria invadida, mientras aún, a los 71 años, y a la vez que interviene desde Francia en el comercio entre los más ricos propietarios de ingenios azucareros que residen en Europa, con la humildad del agua también "vendía sellos, banderitas, botones, alfileres a precios módicos", en una desesperada recaudación de fondos y armas para la guerra antillana. Tal vez nadie, ni siquiera Hostos, llevó a su nación consigo tan desnudez de fuego. Porque la Junta Editora de EXÉGESIS reconoce que Betances, como el carbón ardiente, deja su huella sobre aquel por el que pasa, y porque reconoce que en su color de noche se incorporan mejor nuestros sueños de un mar de banderas imbatibles, decidimos que era un honor indeclinable asociar el nombre de EXÉGESIS al de Betances en este centenario.
Queremos agradecer la cooperación de todos nuestros colaboradores: Félix Ojeda Reyes, Oscar Dávila, Rodrigo Quesada Monge, y muy especialmente, Yolanda González, traductora de las numerosas páginas de textos betancianos que aquí por primera vez palpitan en lengua española. Agradecemos, además, el apoyo de Paul Estrade y de esa cumbre de la plástica puertorriqueña, Lorenzo Homar, cuyo "Betances, El Antillano" nos ha servido de emblema y cuyo rostro de Betances, acaso el rostro más rotundo y enérgico de nuestra historia, garantiza la calidad de nuestro homenaje. Finalmente, las gracias en las manos abiertas a Rubén A. Moreira, que nos permitió utilizar, a modo de mascar ón de proa, la serigrafía de su padre Rubén Moreira Buitrago que presenta nuestra portada. Sentir que "Betances vive" y desear --amigo Félix Ojeda-- que la Universidad de Puerto Rico nos permita ver en vida las obras completas de Betances...conocer al hombre...palpar la dignidad...
MRD