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El autor, puertorriqueño, es poeta, narrador y crítico de
literatura. Se desempeña como profesor de lengua y literatura de
la Fundación Ana G. Méndez y de la Universidad de Puerto
Rico. Como poeta es autor de Flor de
azar y El crítico y otras blasfemias
clownescas; como cuentista, es autor de
Cuaderno de juglaría
veintiuno; y, como noveslista, autor de
Noches ciegas.Entre las obras más comentadas de García Lorca se encuentra su Romance Sonámbulo. Esta obra ha subyagado a generaciones de críticos por su lenguaje musical (lo que se transfiere en un ludismo sonoro y de significado), y su encadenación estilístico verbal con la tradición literaria española. Intento buscar explicaciones a la exégesis del poema dentro de la misma obra, o sea, en su trama, en el mundo libresco que García Lorca debió conocer y en la tradición literaria. Su romance, en sentido genérico, responde en gran medida al análisis tradicional al que se somete a este metro tan dado a la narración. En García Lorca el romance es doblemente lírico. Al ser una creación evocativa de un metro tradicional se convierte en una recreación nostálgica de, y dialógica con, la tradicional; de ahí su primer lirismo. En segundo lugar, le adviene lirismo por su carácter evocativo de los elementos dramático-descriptivos que lo conforman. En esta exposición se plantea que el estribillo famoso con que comienza es un apoyo para ambientar el poema y transmitir un estado de ánimo y una visión de mundo a objetos, lugares y personajes. Sin embargo, la entidad versal no deja de significar una cotidianidad agónica, predestinación fatalista en el mundo de los gitanos. Otros elementos que aparentan ser surrealistas o herméticos, como el barco y el caballo, sirven más para situarnos en dicha cotidianidad. Cuando encadenamos regresivamente alusiones, objetos y personajes, la recepción se confunde momentáneamente y la comprensión se dispersa. La aludida confusión proviene más del estilo, de los usos reconstructivos, repetitivos y musicales, cuyo efecto, ya dijimos, es promover cierto estado de ánimo, cierta visión del mundo, del gitano en especial. La atmósfera de expectación, de alerta nos hace más compleja la comprensión. A cada paso esperamos con cierta malicia que se agregue algo decisivo a la escena. No es hasta que entramos al drama poetizado que se nos va desanudando el complejo. Poema narrativo al fin, el romance contiene al principio cierto
suspenso que se condimenta con los estribillos característicos y las
imágenes encadenadas a la muerte y a la sangre.
Este suspenso es producto de un estilo retórico que induce a creer o
descifrar actos y significados. Esta técnica
resulta de los romances populares como el Romance de
Abenámar, con el que guarda similaridades
técnico-estilísticas muy evidentes.
Casi todos los elementos incorporados a la trama del poema refuerzan la idea de que el mundo de los gitanos es uno de locura fatalista, algo común para ellos. Tales imágenes son la luna y la higuera, entre otras. Hasta los posesivos refuerzan esta idea. Las imágenes regresivas, esto es, las que nos enlazan a otras anteriores, tienden no sólo a disminuir la velocidad de la recepción, si no a confundir con falsas pistas o asociaciones, pero siempre el poema vuelve a centrarnos en su universo de locura cotidiana de los gitanos. Se desprende del trueque ofrecido por el viajero herido que hubo
una relación amorosa entre la mujer (joven, niña) del dueño de la casa. Para
sugerir esta relación se utiliza la técnica
del espejo, la que gemina a los dos compadres. Hay una
complicidad entre ambos para perdonarse y
asistirse, en la que la mujer no tiene voz ni voto.
El honor gitano hace disponer de ella. La conversación habida entre
los compadres saca a relucir el aprendizaje garcilorquiano sobre símbolos y
mitos freudianos. No cabe duda de que la El compadrazgo y la técnica del espejo que hermana a los dos varones apoya la idea de este triángulo amoroso. Tratamos de ilustrar esta tesis siguiendo el desarrollo del poema. No es menos importante la crítica tan abundante y reveladora sobre la poesía garcilorquiana. Ya casi puede decirse, gracias a esta crítica, que la obra de Federico García Lorca está descifrada. De ella hacemos un brevísimo extracto.
1. La falta de precedente remite a la obra total del autor El poema comienza con una técnica frecuentemente utilizada en los romances populares pulidos por la tradición. En dichos segmentos de cantares creados en siglos anteriores, la tradición recortaba descripciones, ambientaciones e introducciones que el romance original aportaba. El trabajo final era el de comienzos in medias res, entradas al diálogo, sin precedente, sin nombramiento de seres, situaciones, sucesos, lugares ni estribillos que explicaran la obra. El comienzo de la acción se daba sin aviso alguno. Esto era así porque el conocimiento popular estaba dotado de los pormenores necesarios para entender de qué se hablaba, cómo se vivía en la época. Se debía a lo que Ortega y Gasset llamaba los usos del tiempo y Segundo Serrano Poncela muy bien aplicara en su análisis sobre Calixto en El secreto de Melibea. Si todos sabían de qué se hablaba, para qué explicarlo. Es de esperarse que García Lorca aprendiera de los romances muchas
de estas técnicas y las aplicara de manera muy eficaz en sus obras.
Este
2. El verde, alusión a un contexto-norma Se ha especulado mucho respecto al color verde. Sabemos que en el saber universal es el color de la primavera, de la juventud, la fuerza, la pasión, la capacidad amatoria, la energía de la vida, la tierra, la naturaleza, la procreación, las fuerzas irracionales... Juan Ramón Jiménez decía que ese estribillo pertenecía al uso tradicional.1 Amancio Sabugo Abril ha dicho una gran verdad en cuanto a lo que el verde se refiere; apunta que el verde era contrario al azul modernista, ambiguo, humano, oscuro; es el recurso resumen del universo de Romance sonámbulo, su valor especial es lo ambiguo.2 La obra de García Lorca nos da unos matices del verde que nos pueden ayudar a sostener la afirmación de su valor oscuro y misterioso. De cualquier forma, el verde es sinónimo de andaluz, a veces con una fuerte tonalidad trágica, de sino ineludible.3 Es el olivar, el bronce y el cobre (por ser el color de la oxidación de dichos metales). Es sol, árbol, monte, gitanería:
Por el olivar venían bronce y sueño los gitanos.
Verdes son los laureles, los pino; pero, más que nada, el color es un estado de ánimo, una atmósfera que se transmite a los objetos:
De igual manera puede vincularse con el limón (el sabor agrio), la fuerza bruta y descomunal, la furia, la locura, el calor, los caminos, el deseo sexual, la soledad, la muerte. En fin, es lo imprevisible, aquello ante lo que necesita estar en guardia, en previsión. El Romance sonámbulo nos advierte de entrada que su universo es el verde, recreando una periferia vasta, una totalidad de manera cinemato gráfica. En el viento llega el augurio de algo nada halagador, pero en ese universo gitano las cosas siguen su paso; como es natural, de ahí, lo que vive da señas de su presencia, lo que va hacia la muerte también.4 El estribillo sustituye cualquier elemento situacional, la pre sencia de seres y objetos hacen una pare cida función. Todo: como siempre:
3. Un sistema de indicios que alude a valores propios y externos Por ser elementos sítuacionales no es necesario, en estos momentos, entrar en detalles sobre el valor simbólico- mitológico del barco y la mar, aunque, no cabe duda, son para sospechar. De entrada se nos revela un autor conocedor del romance como estrofa mixta, llena de elementos narrativos, descrip tivos, dramáticos y expositivos, un autor que no estaba ajeno a las últimas investigaciones que se hacían sobre los símbolos y los sueños, pero, sobre todo, un genio que aplicaba con maes tría el aprendizaje libresco de modo que pareciera natural, común y corriente. De alguna forma García Lorca se apro pió de los impactantes finales abiertos, de los indicios dramáticos, de los estribillos misteriosos, de las alusiones polisémicas, polivalentes y ambigüas. Y este sistema de indicios será el que rija la obra de principio a fin. Se verá que a ciertas expresiones que no se explican en el poema habrá que buscarle sentido fuera de la obra, tal y como se hacia en los viejos romances. El pase de entrada a ese sistema era conocer detalles de antemano sobre la historia y la tradición. En muchos poemas, o en casi todos los poemas de García Lorca, pasa algo similar. Los primeros cuatro versos aportan a la historia una atmósfera, un universo. Ni el lector ni el oyente se verán preci sados a buscar significados mayores que no sean los relacionados con lo irracio nal y consuetudinario de ese universo poético lorquiano. La atmósfera advertirá, además, que estamos en ese espacio de la tarde en que hay soledad, poca visión y presentimientos extraños. La utilización de elementos misteriosos, polivalentes y ambiguos nos hace pensar en el famoso Romance de Abenámar. Muchos son los pareci dos entre ambas obras: comienzo onomatopéyico, menciones a la mar y a la luna como grandes señales, comienzo en media res, diálogo directo, elementos narrativos, conflicto entre dos persona jes que trasciende su vida personal y los presenta frente a un universo más permanente que ellos, final abierto... 4. La obra alude a sí misma, a su sentido de cotidianidad Comenzamos en una semíoscuridad, en un espacio interior que se proyecta de afuera hacia adentro (con la sombra en la cintura). De las barrandas hacia adentro hay sombra. Una mujer se expone a la poca luz de la cintura para arriba. Sin saberse cómo, ya se ha convertido en parte de la naturaleza verde, se ha cosificado. Tenemos la impresión de que es menos que la materia misma cuando sabemos que las cosas la miran y ella no puede mirarlas. Si no está muerta está en la línea de la vida y la muerte, a un hilillo de irse. Sus ojos están fríos e inexpresivos. Así es el verde en este universo. El verde lentamente se va convir tiendo (en el poema) en un recurso de apoyo que refuerza la idea más o menos generalizada de un descalabro. A medida que se repite pierde valor léxico, no añade valores nuevos, excepto si no se combina con otro elemento añadido.5 La lectura procede a un ritmo definido por el universo verde hasta que un elemento distinto nos detiene, la luna gitana. Luna es matiz de fervor y desenfreno, locura y enigma. El atribu to gitana no es común a la luna; nuestra atención nos hace pensarlo como un efecto normativo. Algo como decir: en esta locura gitana siempre. En la segunda parte del poema volvemos a sentir la idea de que el verde (locura y desenfreno) son una cotidianidad, una especie de locus amenus en la obra de García Lorca, en la vida gitana. Y es que se vuelve a describir el cosmos del poema con signos de cotidianidad, como si todo fuera propio en ese ambiente, como si nada de lo ocurrido fuera extraño a dicho escenario.6 Se obtiene de la imagen de la higuera con su viento, y el monte con sus pitas agrias. La higuera sigue en lo suyo, el monte también. Es como si ya se supiera que eso es así, en este ambiente, que lo sucedido, sea lo que sea, era de esperarse. Hasta este momento no ha comenzado el drama.
De pronto se abre el panorama a lo que se tiene esperado, a un abrupto acto. Surge con un comienzo adversa tívo. Acentuado con la conjunción pero, se presta a complementar lo acaecido y el panorama circundante dando actualidad a los hechos. Se crea un desequilibrio con el verso mismo: Pero quién vendrá? YPor dónde? El que llega parece transgredir la norma, no pertenece a este mundo, o está llegando a deshora. El oyente queda advertido de ese desequilibrio. Solamente la mujer permanece impertérrita en su baranda, soñando en la mar amarga. Se nos modifica la imagen del mar con un adjetivo que aparentemente no aporta nada a la idea del mar, pero por la insistencia de su uso nos obliga a retrotraemos al comíenzo, al barco sobre el mar y al caballo en la montaña. Disminuye el ritmo. El mar recrea la imagen de Caronte transportando la mujer, es la alusión a la figura de Orfeo, es un caminar por el sueño eterno, es un componente mas e importante. La mujer no puede percatarse de esta entrada a caballo. Para los receptores posiblemente sea el mismo caballo que bajó de la montaña al principio porque el jinete, por venir herido, vendría inclinado desde que salió de los puertos de Cabra, invisible en la penumbra (se desorienta el oyente-lector, con una falsa pista). Acuden tantas asociaciones que el proceso de recepción se hace lento y confuso. El recién llegado rompe el silencio:Compadre, quiero cambiar mi caballo por su casa, mi montura por su espejo, mi cuchillo por su manta. 6. El diálogo sirve de guía y aclaración. Es interesante el trueque ofrecido, su vida libre y nómada, de aventuras (mi caballo), por la vida sendentaria del otro (su casa, el seno materno, su guarida). Es la propuesta de convertirse en él, en su alter ego total, tanto en mesa como en tálamo (mi cuchillo por su espejo). No nos puede extrañar el deseo narcisista de convertirse en el otro: son compadres. El compadre debía continuar los intereses del otro cuando aquel faltara, devolverlo al camino recto si fuera necesario, velar por el bienestar de la familia. Era el gemelo. Encontrarse con él era mirarse al espejo.
El trueque le ofrece todo, la manera de vivir (mi cuchillo, símbolo fálico,
Es muy significativo que venga desde Cabra7. Romance al fin, la obra nos obliga a estar alertas, atender sus signos y claves, además, la cultura literaria en la que la obra está inmersa ya ha convertido la alusión a traiciones conyugales. El llegado ha recibido una herida de muerte por haber peleado con los cabrones. El mocito es un penden ciero y un enamorado empedernido. El dato recae sobre la historia de la mujer del principio y el señor de la casa, el compadre, que alega no ser más lo que era.
El compadre, por ley del compa
drazgo, debe asistirlo en su última hora, pero se encuentra limitado. Todo en su vida ha sido trastocado. No puede tratarse de otra cosa que en su vida marital, es un asunto de casa y hacienda
por lo que el honor ha obligado a realizar un acto que también ha trastocado todo. No se deja de ser lo que se es si no porque se descubre un terrible engaño o porque un choque con la realidad nos ha obligado a llevar a cabo un gesto ajeno a nuestra naturaleza. La confesión de su limitación es otra clave.
Pero no queda ahí. El reproche del compadre al comentar lo de trescientas rosas morenas, parece un bien merecido te la tienes. Su cama no se la puede ofrecer porque ya no le pertenece. El moribundo suplica lo deje ir a las barandas. Se reencadena a la imagen inicial de la mujer, quiere acompañarla en su muerte. Entre ellos no hay mucho que decir. Por la tortuosa subida se va dando entre ellos un proceso de identificación que raya en la igualación, una complicidad que los hermana. Ambos parecen caminar a la muerte hermanados en dos ríos: uno de sangre y otro de lágrimas. Al requerir el mori bundo por la joven, el compadre descubre, o más bien parece confirmar, quién era el otro, el culpable de ese vértigo asesino, que lo hizo perderse de sí. Al decirle sobre las veces que esperó en la baranda, le suelta otro reproche confirmativo.
Este es un mundo en el que la mujer no cuenta:
Dotado de volición rectilínea y absorbente, el hombre primitivo que es el gitano lorqueño siente como necesidad elemental la de imponer su inequívoca masculinidad sobre la mujer de su elección. Diríase que, aun en la plenitud del deleite carnal, permanece consciente de un exclusivo deber a su capacidad sexual, deber
El hecho de que pregunte por tu niña no ofrece ningún reparo. El mundo de García Lorca es de mocitos, niñas y niños, mozuelas casadas, diminutivos, Antoñitos. En la tradición es costumbre el apelativo para personas llenas de vida, juventud, salero y gracia. Este tratamiento denota simpatía, acercamiento, familiaridad, cercanía. Al mismo compadre herido se le trata como mocito. Estas claves del poema nos hacen dudar que la joven sea la hija del compadre. Posiblemente sea un hombre mayor, pero su casa seguiría siendo su casa de haber descubierto que su hija tenía relaciones con el compadre. Su casa no cambiaría de propietario por ello, menos su cama, y quien estaría en peligro sería el compadre, no la gitana. De la breve pero excesivamente reveladora conver sación entre ambos hombres, se desprende que fue asesinada.9 Al final de la obra algunas de las dudas se nos disipan. Todo vuelve a la normalidad: el caballo y el barco siguen como siempre. La guardia civil ha seguido el rastro del mocito. Este análisis de la trama no desfigura el poema. Estamos frente a una obra de grandes valores narrativos, frente a un autor que se hermana a la valiosa tradición del romance y de la literatura española en general. Se desprende del poema aprendizaje técnico. Hace falta atender la vivencia libresca de García Lorca a la par de su genio creativo. García Lorca era un creador apolíneo, deliberado y planificador cuando lo pretendía, ensueñista e irracional cuando le parecía apropiado, en una ecuacion perfecta. Su poética era rica en propiedades múltiples y uno de sus grandes valores puede estudiarse dentro de la tecné, del saber deliberado.10 Tampoco sería válido abstraer la obra de su entorno de manera total, algo así como lo que se llamó estado de yecto. En el corpus general al que pertenece una obra literaria hay manifestaciones que deben atenderse, que si bien no son totalmente vínculantes en todo momento, de ellas puede partirse para someter algún tipo de interpretación. Notas 1. Pensaba restarle un poco de valor a la capacidad creativa de García Lorca, pero utilizar elementos existentes en el acervo cultural no mengua la capacidad creativa de un poeta. La originalidad del poeta consiste en la combinación de elementos más que en la invención de ellos. Las opiniones de Juan Ramón Jiménez aparecen en: Babín, María Teresa, Federico García Lorca, cincuenta años de gloria. ESMACO, Río Piedras, Puerto Rico, 1986, 64. 2. Claves interiores de la poesía lorquiana, Cuadernos Hispanoamericanos, oct. 1986, nos. 435-36, 479-493. 3. En toda su obrase ve una queja insistente en cierta predestinación del gitano a la pena, la amargura, la sangre... podría tratarse de un dejo naturalista en su discurso literario, nótese que hago hincapié en el término discurso. 4. Juan López-Morillos ha visto esta conducta propia de los gitanos como algo común en ese mundo tan propio, García Lorca y el primitivismo lírico, Federico García Lorca, Op. Cit., 296. 5. Seguimos de acuerdo al sistema de estudio de Svetan Todorov. 6. Con esto aludimos a la ya tan destacada cualidad dramática de la poesía garciorquiana. 7. Para Daniel Devoto Cabra es lugar recordado en juegos, cantares y refranes, Notas sobre el elemento tradicional en la obra de García Lorca. Federico García Lorca, Op. Cit., 144. Anoto, además, que en la novela de fines de siglo XIX y principios del XX Cabra era sinónimo de traición conyugal: "Quien más quien menos, todos estábamos irritados de tal desvergüenza, y teníamos los ojos puestos en el plato. Al cabo de algunos segundos, Cueto levantó la cabeza y encarándose con él, le preguntó con impertinencia: - Oiga, usted, señor Lagostera, su padre de usted era de Cabra? - No, señor, por qué lo pregunta? Por na... Es que a los de Cabra se les suele llamar cabrones." (Tomada de la entrega V., A Sevilla, de La hermana San Sulpicio, de Armando Palacio Valdés.) 8. Juan López-Morillos, Op. Cit., 296. 9. Para Juan M. Aguirre, su muerte parece deberse a un suicidio debido a su esterilidad amatoria y reproductiva ya que en el mundo de los gitanos garciorquianos el amor está destinado a cierta fatalidad imposible. Pero un rastreo endoexegético del poema como el nuestro se apoya en suficientes claves para no creer que sea así. 10. La crítica ha estudiado el conocimiento libresco de García Lorca, sus reacciones al modernismo, sus prácticas con el haikus, sus conocimientos freudianos y surrealistas, sus relaciones con intelectuales extranjeros y sus viajes. |