. El autor, puertorriqueño, es Doctor en Historia y Catedrático del Departamento de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico en Humacao. Realizó estudios en la Universidad de Puerto Rico, en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe y en The Catholic University of America en Washington, D.D.. Es colaborador de varias revistas y miembro de la Junta Editora de EXÉGESIS.
El centenario de los acontecimientos del 1898 ha motivado las publicación de libros sobre temas relacionados, algunos de los cuales llenan vacíos notables en la historiografía puertorriqueña. Protestantismo y política en Puerto Rico 1898-1930. Hacia una historia del protestantismo evangélico en Puerto Rico (Río Piedras: Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1997) del doctor Samuel Silva Gotay es uno de estos libros. El autor es un distinguido profesor universitario, historiador, sociólogo y pensador puertorriqueño de proyección latinoamericana. Su libro El pensamiento cristiano revolucionario en América Latina y el Caribe lleva varias ediciones españolas y una reciente en alemán, lo que es indicativo de su éxito y relevancia. El nuevo libro del Silva Gotay trata fundamentalmente sobre la rápida y agresiva difusión del protestantismo en Puerto Rico a partir del 1898, como colorario ideológico de la invasión militar y la apropiación política de la Isla por los Estados Unidos.

Antes de pasar a comentar este importante libro, cabe reconocer como una nota igualmente positiva para la historiografía puertorriqueña la coincidencia de que que simultáneamente también salió a la luz pública el libro del doctor Ángel Luis Gutiérrez, Evangélicos en Puerto Rico en la época española, que en gran medida sirve de preámbulo informativo a Protestantismo y política en Puerto Rico 1898-1930. Al respecto, el doctor Luis Rivera Pagán señala que el libro de Gutiérrez "es una contribución honrosa a la historiografía puertorriqueña". Éste brinda al estudioso de la historia puertorriqueña el conocimiento básico sobre la historia del protestantismo en Puerto Rico antes de los acontecimientos de 1898, y permite entrar a los acontecimientos que estudia el libro de Silva Gotay con conocimiento de los antecedentes de la presencia del protestantismo en Puerto Rico. La presencia de los protestantes en Puerto Rico fue reducida por las prohibiciones y restricciones a que fueron sometidos. No obstante, amerita una seria consideración la conclusión de Gutiérrez en el sentido de que la "influencia protestante era mucho mayor que el número de personas identificadas... Su impacto en el pensamiento de algunos líderes políticos, intelectuales, sociales y económicos se dejaba sentir, aunque esas personas nunca hicieran adhesión oficial o expresaran simpatía por el protestantismo"... (Gutiérrez, 1997, 71)

Propósitos, linderos y relato

Protestantismo y política en Puerto Rico 1898-1930 es resultado de una investigación histórica exhaustiva de los hechos que relata y de una profunda reflexión sobre su naturaleza y sus significados para la sociedad y la cultura puertorriqueñas. El libro está construido de manera equilibrada, esto es, que el relato histórico de los acontecimientos que estudia y la conceptualización y reflexión sobre éstos se complementan sin imponerse uno sobre otro. Además, está escrito con sencillez, pero con suficiente contenido como para realizar la intención explícita del autor de que sea "un libro para el público general, para los especialistas en los estudios puertorriqueños y para los protestantes y católicos que no están especializados en asuntos académicos". (19) En ocasiones, Silva Gotay aprovecha su vivencia como protestante puertorriqueño participante de algunos de los hechos que relata, pero sin perder el balance ni la perspectiva que sirven de norte y a la que siempre debe aspirar al investigador.

En la Introducción, el doctor Silva Gotay establece los márgenes que definen su perspectiva historiográfica y hermenéutica. Primero aclara que: "No se trata de la historia de Dios, sino de los cristianos como movimiento social y como institución en el medio que se dan y desde la cultura y sociedad que llevan dentro. Si se hace historia desde la teología podría estarse inventando y perdiendo la ocasión para que la historia corrija la teología". Segundo, establece que de lo que realmente se trata es de construir "una historia social de las iglesias y de la dimensión política de la religiosidad de un pueblo. Por tanto, se trata de ubicar la mentalidad religiosa y la visión del mundo que ésta sostiene, en el contexto social". (11) Finalmente, advierte la relevancia y pertinencia del tema que trata, especialmente para los interesados en los estudios puertorriqueños. Al respecto, señala que "Esta historia no sólo incumbe a los cristianos, sino a los estudiosos de la sociedad y la cultura puertorriqueña, [porque] no se puede explicar adecuadamente la sociedad y cultura de Puerto Rico en el siglo XX, sin el impacto político y cultural del protestantismo en la Isla, como tampoco se puede explicar el protestantismo puertorriqueño sin el contexto ideológico que lo posibilitó". (13)

¿Qué encontrará el lector en Protestantismo y política en Puerto Rico 1898-1930? Ciertamente,
encontrará un caudal de valiosa información, indispensable para comprender la historia del protestantismo dentro del contexto de la sociedad y cultura puertorriqueñas del siglo XX. Esto, a su vez, enmarcado dentro del más amplio contexto del protestantismo latinoamericano y su desarrollo junto, o frente, al protestantismo estadounidense. El libro trasciende el interés del especialista en estudios puertorriqueños, pues es igualmente relevante para el latinoamericanista interesado en el desarrollo histórico del protestantismo en Nuestra América, lo que otorga al libro un significado y valor adicional.

El lector se relacionará con el proceso histórico de difusión del protestantismo evangélico en Puerto
Rico durante las primeras décadas del siglo XX, y, de paso, recibirá las herramientas conceptuales que proveen un marco interpretativo coherente para auscultar los múltiples significados de ese proceso para la sociedad puertorriqueña. Así, por ejemplo, conocerá a los misioneros estadounidenses que arribaron a la Isla a partir del 1898, dedicándose con increíble energía y compromiso a la propagación del protestantismo evangélico, aun en los lugares más aislados y remotos, sin importarles las distancias, lo escarpado del terreno, las barreras linguísticas o culturales, ni la resistencia que lógicamente la Iglesia Católica ofrecía a sus esfuerzos.

Además, y más importante áun, el lector también conocerá los supuestos teológicos del protestantismo estadounidense que sirvieron de paradigmas a estos misioneros que se lanzaron a una nueva conquista espiritual de Puerto Rico; esto, después de cuatro siglos de haber arribado a la Isla el crsitianismo católico, y sin importarles, muy poco o nada, su contribución a la formación del pueblo puertorriqueño y su cultura. Asimismo, conocerá las estrechas relaciones entre esa teología protestante y el expansionismo imperialista estadounidense de los años finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX, pero las conocerá más allá de las relaciones causales mecánicas y simplistas que algunos han supuesto. Éstas las conocerá como relaciones articuladas dentro del contexto de la complejidad de la religiosidad como fenómeno humano, social y político.

El lector reconocerá la calidad humana y el compromiso con la justicia de muchos de esos misioneros estadounidenses que, conmovidos por la pobreza y la ignorancia generalizada entre miles de puertorriqueños se dieron no sólo a la tarea de organizar iglesias, sino también la de levantar escuelas, hospitales, orfanatorios y granjas agrícolas. No obstante, conocerá igualmente las ideas e intereses políticos que condicionaron, mediaron y permearon su conducta al desmenuzar el autor los hilos de la intricada madeja, resultado de la combinación de las convicciones religiosas con las políticas, las que integraron y confundieron en su pensamiento y sus acciones, hasta hacer de la misión evangelizadora y la americanización de los puertorriqueños una y la misma cosa. Protestantismo, americanización y modernización eran sinónimos, tanto para los misioneros estadounidenses, como para la inmensa mayoría de sus conversos puertorriqueños. En las mentes de ambos, la conquista y dominación de Puerto Rico por los Estados Unidos fue acción de la Providencia para la regeneración moral de los puertorriqueños y el logro de los progresos asociados a la modernidad. Éste es uno de los aspectos del libro más interesantes, entretenidos y mejor analizados y fundamentados con fuentes originales, y es igualmente uno de los aspectos más relevantes para el momento político que actualmente vive Puerto Rico, momento en que el discurso de los que detentan el poder presentan la dominación estadounidense como un acto providencial. La protestantización se definió como una condición indispensable para la americanización de los puertorriqueños, tanto por los misioneros como por las autoridades metropolitanas (militares y políticas), que la consideraron indispensable para afincar la dominación de Estados Unidos en Puerto Rico. Éstas depositaron su confianza en los misioneros (junto al sistema de
educación pública que comenzaron a expandir y fortalecer) como agentes para la americanización de los puertorriqueños. Éstos, por su parte, desarrollaron un discurso evangélico en el que correlacionaron el protestantismo con la americanización, y ésta, a su vez, se relacionó con la concesión de logros políticos que muchos de sus conversos asociaron con el reino de Dios en la Tierra: la ciudadanía de los Estados Unidos y la anexión o integración como estado de esa nación.

Al respecto, la conclusión de Silva Gotay es "que las iglesias protestantes realizaron su tarea evangelizadora en un contexto americanizante generalizado. No fue fácil entonces, como tampoco lo fue para los partidos políticos y el movimiento obrero, que las iglesias descubrieran en esos primeros años el carácter imperialista de la ocupación para que optaran por una posición antimperialista a pesar de su compromiso `religioso' con los pobres". (304) Ese contexto americanizante en que gravitó el protestantismo en Puerto Rico durante las primeras tres décadas de dominación estadounidense lo ilustra el autor con abundantes citas textuales que pueden igualmente citarse a gusto para ilustrar el punto. Por ejemplo, me encanta aquella del Puerto Rico Evangélico, en 1917, que interpreta la invasión militar estadounidenense como un acto providencial, y proclama el 25 de julio de 1898 como un segundo descubrimiento de Puerto Rico porque "con las tropas norteamericanas llegó la sublime verdad del evangelio". Esta elucubración curiosamente se le ha escapado a aquellos ideólogos que como parte de la "celebración" del centenario de la dominación
estadounidense se han dado a la faena de reinterpretar la historia de Puerto Rico a su antojo y conveniencia.

Los misioneros estadounidenses sembraron la semilla que germinó en el temprano desarrollo de un ministerio puertorriqueño, aunque moldeado de acuerdo a sus ideas e intereses; lo que no impidió que, gradualmente, el establishment protestante que contribuyeron a levantar en Puerto Rico, se fuera puertorriqueñizando, y que sus iglesias y sus ministros comenzaran hablar con voz propia. Sin embargo, Silva Gotay advierte que ésta es una historia fuera del alcance del libro, pero que promete que será tema de otros dos libros que publicará en un futuro cercano: uno sobre El cristianismo puertorriqueño en la década de la conciencia nacionalista, y el otro sobre El cristianismo puertorriqueño y el Populismo. !Albricias! Los estudiosos de la historia puertorriqueña esperan ansiosos por estos libros que prometen igualmente llenar otros vacíos temáticos en la historiografía puertorriqueña sobre momentos en nuestra historia contemporánea, que cada vez más generan nuevas publicaciones, pero que a veces soslayan o tratan marginal o superficialmente el tema de la participación de los cristianos en movimientos políticos como el nacionalismo o el populismo.

La expansión del protestantismo estadounidense a Puerto Rico tuvo consecuencias que trascendieron el ámbito puertorriqueño, pues incidió en los planes y políticas expanionistas de los Estados Unidos por la América Latina y el Caribe, lo que a su vez tuvo efectos sobre el protestantismo puertorriqueño. Al respecto, Silva Gotay señala que "en 1914 se fortalece la ideade Puerto Rico como puente de dos culturas para los própositos de la evangelización norteamericana, idea que crecía desde 1902". Ejemplo de esta política fueron las estrategias que pensaron en la utilización de su Seminario Teológico "para adiestrar pastores para los países cercanos de habla hispana", especialmente los del Caribe y Centroamérica, tradicionalmente católicos con poca o ninguna presencia protestante, y donde frecuentemente Estados Unidos intervino militarmente para controlar sus aduanas e imponer gobernantes títeres que respondieran a sus intereses. (Langley, 1989, 17-92) Estos pastores seguramente recibirían una formación teológica protestante con el conveniente ingrediente de americanización. No sólo se pensó en la utilización del Seminario Teológico con ese propósito, sino también el Instituto Politécnico hoy Universidad Interamericana de Puerto Rico que los presbiterianos establecieron en San Germán (circa. 1912) para adiestrar personal puertorriqueño que fuera a otros países de la América Latina con una misión similar. ( 347-349)

Estos planes integraron a Puerto Rico dentro del campo más amplio del movimiento misionero y del expansionismo de los Estados Unidos en la América Latina. No obstante, los planes no siempre resultaron de acuerdo a lo planificado por los estrategas del expansionismo estadounidense. Por ejemplo, la integración propició que el protestantismo puertorriqueño recibiera gradualmente influencias de aquellos sectores del protestantismo latinoamericano y del estadounidense que reaccionaron desfavorablemente "al dominio económico y político del expansionismo norteamericano del siglo XX en la región", lo que sentó las bases para "la formación de una visión crítica sobre el proceso
misionero y la expansión norteamericana"
. Esta reacción se evidenció en el Congreso Protestante celebrado en 1929 en la Habana, Cuba, en el que participaron representantes de Puerto Rico. Aunque esas influencias tardaron en germinar, finalmente lo hicieron durante la crisis de los años 1930, "cuando la depresión quiebre la ingenuidad política de los protestantes y les confirme lo que los protestantes latinoamericanos ya estaban pensando". (351-354)

Esta lectura de Silva Gotay de la evolución del protestantismo puertorriqueño durante las tres primeras décadas de la dominación estadounidense sugiere una reevaluación o, por lo menos, reconceptualización de la opinión adelantada por Jean-Pierre Bastian, que propone excluir a Puerto Rico (y a Cuba igualmente) de la nacionalización de las iglesias evangélicas que empezó a observarse en algunos países latinoamericanos a partir del referido congreso de La Habana en 1929. El historiador francés, especialista en la historia del protestantismo latinoamericano, reconoce que en este congreso "el entendimiento entre nacionales y misioneros en un espíritu de respeto y de clarificación de la situación socio-política marcaron estas jornadas que representan el principio del liderazgo evangélico latinoamericano. Esta nacionalización de las iglesias evangélicas había empezado en algunos países (Brasil, México, Cuba y Puerto Rico) solamente, aunque en el caso de Puerto Rico y Cuba difícilmente se podía usar el término". (Bastian, 1986, 122)

Bastian, lamentablemente no se detuvo a explicar el porqué de su afirmación de que "difícilmente" se puede aplicar a Puerto Rico y a Cuba el concepto nacionalización; esto, aunque reconoce que el proceso se
había iniciado en ambas Antillas. Es posible que sus reparos se deban al supuesto de que la existencia de regímenes políticos coloniales o neocoloniales en Puerto Rico y en Cuba en ese momento impedían la aplicación del concepto nacionalización. Sin embargo, si ése es el caso, me parece que es una aplicación extremadamente estrecha del concepto porque éste apunta, más que nada, hacia la toma de conciencia de una identidad y misión propias del protestantismo puertorriqueño frente al protestantismo estadounidense, del que hasta entonces había sido sólo un apéndice y un instrumento. Esto es, que no necesariamente apunta hacia una articulación política más o menos nacionalista, la que Silva Gotay adelanta que no comenzó articularse sino hasta la crisis económica y política de los años de la década del 1930 en algunos sectores del protestantismo puertorriqueño.

Interrogantes y alternativas

Protestantismo y política en Puerto Rico 1898-1930 es un libro muy rico en contenido y sugerencias como para resumirse satisfactoriamente en unas cuantas páginas. El lector seguramente encontrará mucha más información e interesantes interpretaciones que las adelantadas en esta reseña. Sin embargo, es probable que también su lectura despierte interrogantes que no se contestan o que sólo se insinúan en el libro porque están fuera de su alcance, aunque estén relacionadas.

Una de estas interrogantes es cuál fue la reacción a la agresiva difusión del protestantismo en la Isla (con el apoyo y concierto de las autoridades estadounidenses) entre aquellos grupos a los que el protestantismo no tuvo como prioridad llegar, entre éstos, los intelectuales, librepensadores, masones, espiritistas-kardecianos, teósofos, etc.. Estos sectores heterodoxos habían aspirado igualmente a la inserción de Puerto Rico dentro de la llamada modernidad y constituyeron con el protestantismo una alianza táctica contra la Iglesia Católica durante el último tercio del siglo XIX. La alianza continuó bajo la dominación de los Estados Unidos, en algunos casos por lo menos, de acuerdo a los hallazgos de otros investigadores.

Algunos indicadores señalan convergencias entre el protestantismo y la masonería de la Gran Logia Soberana de Puerto Rico, entre otras cosas, porque ambos convirtieron su proyecto de modernidad en un proyecto de americanización. El historiador español José Antonio Ayala encontró, por lo menos, diez pastores protestantes afiliados a logias masónicas, curiosa y significativamente, de aquéllas que aún estaban afiliadas a obediencias españolas durante las primeras décadas del siglo XX. Las logias de obediencia española rivalizaban con la Gran Logia Soberana (que desde 1899 reconoció "la jurisdicción masónica norteamericana en la Isla") y parece que no estaban tan abiertamente comprometidas con la propuesta de americanización con la que sí lo estaba la Soberana. (Ayala, 1993, 17-18 y 155-157, y 1995, 432-433 )

En el grupo de pastores masones hubo algunos tan notables como los reverendos Elpidio de Mier y Juan Rodríguez Cepero, que reciben amplia atención en el libro de Silva Gotay. El primero fue un intelectual de relieve que marcó una temprana ruptura en la ecuación protestantismo-americanización, y fue hasta miembro de la Junta del
Partido Nacionalista en 1922. El segundo, era director del Puerto Rico Evangélico cuando en 1917 publicó el editorial titulado Dos Grandes Movimientos, en el que destacó la convergencia entre el protestantismo y el socialismo. (334-341) Es de suponer que la presencia de protestantes en las logias afiliadas a la Gran Logia Soberna debió ser mucho mayor que en las de obediencia española, por su inequívoca postura americanizante y quien estuvo bajo la hegemonía como gran maestro del médico estadounidense y secretario de salud pública, William Fontaine Lippitt, entre 1910 y 1921. Además, algunos prominentes protestantes, años después, se desempeñaron como grandes maestros de la Gran Logia Soberana e. g., reverendo Ángel Archilla Cabrera, Victoriano M. Fernández Schulze, Hipolito Marcano. (Rodríguez Escudero, s. f. , 149-154 y 159-161)

La elasticidad de la masonería en materia de creencias religiosas propició que en su logias participaran en buenos términos protestantes y espiritistas-kardecianos antes de 1898. Sin embargo, cabe preguntarse si las relaciones fueron las mismas después de 1898, luego de iniciarse la gran ofensiva protestante en la Isla. Antes de 1898, los espiritistas-kardecianos ejercieron cierta notable influencia en la masonería puertorriqueña, lo que ilustra mejor que nada el hecho de que el segundo gran maestro de la Gran Logia Soberana fue don Rosendo Matienzo Cintrón (circa. 1889), quien también fue el dirigente espiristista-kardeciano más prominente en Puerto Rico en ese momento. Sin embargo, parece que después de 1898 los protestantes lograron mayor prominencia dentro del oriente puertorriqueño. Existen ciertos testimonios de algunos masones-espiritistas-kardecianos que
denuncian el predominio protestante en sus logias después de 1898 y los intentos de los masones-protestantes de silenciar su voz en la masonería puertorriqueña. El licenciado Néstor A. Rodríguez Escudero relata un incidente en el que un masón- protestante, al oír un discurso de don Luis J. Marcano, masón-espiritista-kardeciano que fue presidente de Federación Espiritista de Puerto Rico, expresó lo siguiente: "Si alguna vez llego a ser Venerable Maestro este hombre no habla en la Logia mientras yo lo sea. Lo que hace son discursos espiritistas". Según Rodríguez Escudero éste cumplió su promesa. (Rodríguez Escudero, 1991, 277) El testimonio procede de un autor que es un conocido masón-espiritista-kardeciano, conocedor de la historia de la masonoría y el espiritismo en Puerto Rico a las que ha hecho contribuciones historiográficas.

Un aspecto del libro del doctor Silva Gotay que merece un cuidadoso análisis es su percepción de que "la catolicidad del pueblo puertorriqueño era sumamente débil como para enfrentar el golpe de una invasión de esta naturaleza". (107) Esta percepción es suceptible de algunas interrogantes e interpelaciones tanto por historiadores católicos, como no católicos. Al respecto, la posición del autor es bastante consonante con algunas percepciones del doctor Fernando Picó, S. J., y de la doctora Nélida Agosto Cintrón, que en sus análisis de la religiosidad en Puerto Rico en el siglo XIX sugieren esa posibilidad destacando la existencia de una vigorosa religiosidad popular, alterna y paralela a la religiosidad católica institucional. (Picó, 1981, Edgar León (Costa Rica) Indertimados y Aparecidos (xilografía, 1977) 131-152 y 1998, 157-159; y Agosto, 1996, 31-39) Por mi parte, he señalado que a lo largo del siglo XIX ocurrió un proceso bidireccional de distanciamiento o extrañamiento entre la Iglesia Católica institucional y el clero católico de la gran masa de la población pobre y desposeída por razones no necesariamente asociadas a la prácticas religiosas, asunto que está fuera del alcance de mi estudio. (García Leduc, 1990, 254-265 y 401-403)

No obstante, el asunto parece que admite otras percepciones y posibilidades interpretativas no necesariamente consonantes con la conclusión de que "la catolicidad del pueblo era sumamente débil". Así, por ejemplo, se puede argumentar que en la base de la religiosidad popular radicaba el ritual y la religiosidad católica presente en Puerto Rico desde el siglo XVI, como han señalado entre otros el doctor Ángel López Cantos y los mismos Picó y Agosto Cintrón. (López Cantos, 1992, 10) Tal vez, paradójicamente, ese elemento católico en la religiosidad popular hizo a la "débil" religiosidad católica institucional mucho más resistente de lo que se ha pensado a la acometida del protestantismo a partir de 1898. Por su parte, el historiador católico, doctor Luis J. Torres Oliver, afirma que "a pesar de las pobres condiciones en que se encontraba la Iglesia
del supuesto de que "la catolicidad del pueblo puertorriqueño era sumamente débil"? La interrogante plantea un reto que amerita un ejercicio interpretativo adicional que estoy seguro que Silva Gotay enfrentará en el libro que está preparando sobre el catolicismo en Puerto Rico bajo la dominación estadounidense.

Protestantismo y política en Puerto Rico 1898-1930 es una excelente contribución a la historiografía puertorriqueña que aporta el conocimiento indispensable de la historia del protestantismo evangélico en Puerto Rico y sus concomitancias sociales, políticas e ideológicas, entre 1898-1930. La metodología, enfoques e interpretaciones del fenómeno religioso dentro del contexto social, político y económico empleados por su autor servirán de punto de referencia obligado a otros investigadores que aborden temas afines en nuestra historia. El libro seguramente despertará la inquietud de otros investigadores para acometer otros temas relacionados que aún aguardan por estudios con la profundidad y seriedad del realizado por el doctor Samuel Silva Gotay. Protestantismo y política en Puerto Rico 1898-1930 es un libro que trascenderá lo efímero de las modas y gustos historiográficos del presente y permanecerá como una referencia indispensable para los historiadores interesados en la historia del
Católica, el protestantismo no prosperó mucho en los años de 1898 al 1945", y que "para 1957, había solamente 40,855 feligreses y una s 361 iglesias protestantes organizadas, después de unos 60 años de intensa labor evangelizadora y con inyección de fuertes sumas de dinero desde Estados Unidos,...". (Torres Oliver, 1989, 158) Las estadísticas que presenta Torres Oliver muestran al protestantismo como un fenómeno esencialmente minoritario en Puerto Rico hasta años recientes, a pesar de la gran ofensiva desatada a partir de 1898 como aliado y una de sus principales armas ideológicas del nuevo orden colonial estadounidense. ¿Cómo explicar este hecho partiendo DIego Pombo (Colombia) La banda de guerra (serigrafía, 1998)
protestantismo en Puerto Rico por muchos años.

Bibliografía Breve

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José Antonio Ayala, "La conjunción masónica-librepensadora-protestante contra la Iglesia católica. El caso de Puerto Rico (1898-1925)", en J. A. Ferrer Benimeli (coord.), La masonería española entre Europa y América. Zaragoza, Gobierno de Aragón, 1995, I, 417-438.

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José M. García Leduc, "La Iglesia y el clero católico de Puerto Rico 1800-1873: su proyección social, económica y política". Ph. D. dissertation, The Catholic University of America, The Graduate School of Arts and Sciences, 1990. Reproducida por University Microfilms International, Ann Arbor, Michigan.

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Fernando Picó, S. J., Libertad y sevidumbre en el Puerto Rico del siglo XIX. Río Piedras, Ediciones Huracán, 1981.

Fernando Picó, S. J., "El catolicismo popular en el Puerto Rico del siglo 19", en Ángel G. Quintero Rivera (ed.), Vírgenes, magos y escapularios. Imagenería, etnicidad y religiosidad popular en Puerto Rico. San Juan, Centro de Investigaciones Sociales, U.P.R. Río Piedras-Centro de Investigaciones Académicas, Universidad del Sagrado Corazón-Fundación Puertoriqueña de la Humanidades, 1998.

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