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La autora, puertorriqueña, posee un Doctorado en Educación del Arte de la Universidad de Columbia. Como pintora, ha hecho exposiciones individuales y colectivas en Puerto Rico, La Habana, y Estados Unidos. Es profesora de Arte del Colegio Universitario de Humacao (UPR).


Es difícil sacar conclusiones veraces a un siglo de diferencia entre los hechos y nosotros. Los datos acerca de la vida de Francisco Oller, sus cartas y sus pinturas dejan huellas de la vida emocional de este hombre. Nos preguntamos: ¿cómo fue? El artista y maestro Francisco Oller, nació en San Juan de Puerto Rico el 17 de junio de 1833. A los doce años ingresó en la academia de arte de Juan Cletos Noa, en la calle Cruz del Viejo San Juan, donde a los catorce años, después de terminar su copia del retrato del Dr. Francisco Oller y Ferrer, de José Campeche, (hoy perdido), recibió de su maestro la noticia de que ya había logrado aprender todo lo que aquel podía enseñarle.

A los 16 años trabajó como escribiente en la Real Hacienda y fue despedido por ser encontrado y/o sorprendido haciendo caricaturas del Intendente y Jefe del Negociado. En ese momento el gobernador de la isla, a quien deben haberle agradado las caricaturas del joven, le ofreció una beca para irse a estudiar a Europa. Su familia se negó a dejarle ir por ser aún muy joven.

A los 17 cantaba en la Sociedad Filarmónica de Puerto Rico con la que participó en la ópera Guarionex de Felipe Gutiérrez Espinosa en el papel del indio Taboas.

Ese mismo año formó parte de la facultad del Colegio de Santo Tomás, enseñando dibujo del natural. Un año más tarde, trabajó en la decoración de la iglesia de Río Grande donde realizó las pinturas: La Inmaculada Concepción, El Bautismo de Jesús, Ánimas del Purgatorio, y San José y El Niño. Con el dinero devengado de dicha comisión --$1,600-- decidió irse a España a realizar su sueño de continuar estudios formales en las artes plásticas. (Aunque pudo estudiar para cantante, no lo hizo. Sin embargo, se mantuvo en algunos momentos trabajando como barítono con una compañía de opera italiana, mientras vivió en París).

Por su trayectoria podemos inferir que fue un artista inquieto, con franco deseo de ser activo en su campo. En Puerto Rico, Oller realizó exhibiciones de sus estudiantes, realizó exhibiciones individuales y colectivas de su obra, y sus pinturas fueron, además, exhibidas en Francia en muestras colectivas del oficialismo (salón) y de la vanguardia (salón de los Recusados) y, en España, en exposiciones colectivas e individuales.

Fue Oller un artista con deseos de contribuir a la sociedad en general. En el 1902 envió su obra, Atardecer en Puerto Rico, al ministro de Bellas Artes de Francia para que fuera subastada en favor de Martinica, que pasaba por las penurias de un desastre natural.

Oller estuvo activo como maestro en el haber cultural de Puerto Rico fundando escuelas de arte, en diferentes momentos de su vida.

Cuando Oller se fue a Europa a estudiar, el contacto con las corrientes mayoritarias del arte fue su segunda escuela. Estudiar de la academia (Museo del Prado) lo establecido, lo hizo afianzarse en la base de aquellos conocimientos, en los que Cletos Noa, su primer maestro en Puerto Rico, lo había introducido. En Puerto Rico,
Oller había aprendido acerca del arte del siglo XVI y XVII copiando a Campeche; el separarse de aquí le dio a su paleta el encuentro cabal con esos siglos en las obras de Velázquez y otros maestros, que él, como buen pintor, supo sazonar con matices (especies) caribeñas.

Aún después de haber exhibido en el Salón de París y en Madrid, Oller volvió a la obra de Campeche, para copiarlo, después de regresar de Europa. ¿Qué puede haberlo movido a hacer eso?

Cuando Oller va a Francia conoce la crema del arte del siglo XIX, aquellos artistas que tomados en bloque son hoy los más reproducidos y reconocidos de esa época: los llamados impresionistas. Conoció y asimiló, sus técnicas e ideas. Las ideas del realismo las mezcló Oller, con las ideas del nacionalismo a su regreso. Esas ideas son, acaso, junto con la técnica impresionista, las que hicieron de Oller el pintor de mayor envergadura en este hemisferio al momento de su regreso a América.

Las ideas del realismo y del naturalismo, debidas a la mezcla de las ideas de Corbet y de Emile Zolá, hacen de Oller un artista y maestro valeroso. Al insistir en enseñar en Puerto Rico, en redactar libros de arte y crear estatutos para la conducta de sus alumnos, con el propósito de desarrollar el arte como medio de crecimiento mental y de valores, Oller sienta un precedente importante en el mundo americano. Es el artista responsable por introducir, aplicar y enseñar la entonces revolucionaria técnica Impresionista en América (según Juan Antonio Gaya Nuño, introductor del Impresionismo en España) y fue precursor en la enseñanza de mujeres en el arte, en el hemisferio americano. Fueron muy pocos los que pudieron entender su pintura en ese nuevo estilo, y sus ideas reinvindicativas acerca de la educación del arte dentro del marco de nuestra sociedad.

Se ha llamado al 1898 el año terrible. Fue, ciertamente, terrible, también para Oller. Al principio de la llegada de los norteamericanos, Oller parece haber estado conforme, al menos por un año, al cabo de lo cual las medidas tomadas para desorganizar su escuela, el negársele participación en la exposición internacional de París, y la dejadez en lo que atañe a la cultura en Puerto Rico, lo llevaron a reconsiderar su aceptación primera del gobierno norteamericano aquí.

Se infiere que, por los retratos que hizo Oller de Washington y del General Baldrich, entre otros, estuvo de acuerdo, en un principio, con la llegada de los norteamericanos a la isla.

Esta es una inferencia que puede ser mejor vista si se pesa a la luz de la historia de los artistas del renacimiento hacia acá. El interés del artista por hacer su obra plástica casi siempre está más ligado a su vocación creativa que a sus alianzas políticas. A Rubens, por citar un ejemplo no le complació hacer los retratos de María de Medici más que el pintar sus paisajes finales o recrearse en su Venus.

Durante el gobierno español en Puerto Rico, Oller pasó muchas penurias, pero también recibió algunos reconocimientos y fue durante ese gobierno que logró irse a estudiar a Europa, donde fue reconocido y tratado con la deferencia que su enorme talento y su carácter ameritaba. Durante el gobierno español, cada vez que cerraban una de sus escuelas, él, con devoción, volvía a abrir otra, además de mantenerse pintando con materiales que estaban poco accesibles, pero que por medio del intercambio con Europa, él lograba conseguir tras muchos sudores.

Sin embargo, a partir del 98 sus esfuerzos pedagógicos se vieron mutilados por las negativas, la falta de sensibilidad e interés, así como por las presiones políticas en su contra.

Durante el establecimiento del poder norteamericano en Puerto Rico (a partir del 98), Oller, sin empleo, o con la manutención tardía que el gobierno colonial le aprobó poco antes de su muerte, padeció de una precaria situación social y económica en la cual, su creación fue también precaria. Sufrió su obra y él debe haber padecido enormemente ante la confusión, el desdén y la retribución tan pobre que le legó su tiempo. Oller debe haber padecido, viendo como el tiempo, que para el artista es su obra, se perdía, sin realizarse plásticamente.

Para nosotros la importancia de Oller es innegable. Para Oller, en su momento, esta importancia la de tener el lugar que sin alardes uno `merece' tener y recibir en su
país, fue una constante batalla. Oller tuvo que luchar por la "validación" de su aportación a la cultura. Aún así, como un constante reto a las mentalidades ineducadas de su momento, pintó como y con lo que pudo.

Por razón de la escasez general y personal, tuvo que pintar en materiales innobles, como yaguas y ditas, lo cual hizo que él sufriera la tristeza de no poder hacer lo que quería con su obra ni hacer más obra para legarnos, porque los materiales innobles perecen con mucha facilidad. Al final debe haber sufrido al cuestionársele su decisión de regresar a su país natal en lugar de permanecer en París, como le habían aconsejado sus colegas, allí donde fue visto como uno de los artistas de vanguardia del siglo XIX, por lo menos brevemente.

El descontento con el trato que rebibió en Puerto Rico a través de su quehacer antes del 98, más aún después de éste, así como su apreciación general, de la situación que afectaba al país a partir del 98, se pueden notar en la carta que Oller le envío al ministro francés al ofrecer su obra para ayudar a la Martinica recién azotada por una errupción volcánica, así como en la petición que le hizo a la alcaldía de San Juan, de que le devolvieran sus cuadros expuestos allí, para luego regalarlas al Ateneo Puertorriqueño.

Podemos decir que Oller fue discriminado por haber sido abolicionista y liberal, y a partir del 98, también por haber sido reconocido en el ámbito europeo. Al gobierno norteamericano le disgustaba todo lo concerniente a las relaciones entre los gobiernos europeos y sus posesiones en el caribe, y Oller representaba demasiado claramente esa relación.

La carta de Oller al ministro francés demuestra su desconciero e inseguridad ante lo que todavía se debate en algunos circulos: el concepto la nacionalidad.

En lo que se refiere a su obra, Oller fue un artista genuino: experimentó con las técnicas a las que fue expuesto, y se atrevió a mezclar, según su juicio, tomando de un lado u otro, desde el barroco hasta lo que aún se considera es contemporáneo.

Cuando un artista hace con su obra una propuesta que va más allá del mantenimiento de un estilo, se le llama ecléctico y, en el peor de los casos, inconsistente. A Oller se la ha llamado ecléctico, por su manera de hacer en la pintura, manera que para muchos tiene algo de impropia. Me refiero a ese deseo de hacer con la pintura aquello que el artista siente como la necesidad de la obra. Sin embargo, la técnica en el arte, en el siglo XX, no es más
que una herramienta, por lo cual en Oller deberíamos ver, al mirar su obra, no sólo la excelencia del conocimiento técnico sino el rescate de nuestra posición en el mundo.

Si según sus biógrafos, Oller es ecléctico o inconsistente en lo que atañe a la totalidad de su obra. Fue Oller uno de dos caribeños en integrar el movimiento Impresionista y el único de los participantes en dicho movimiento interesado más por la educación, que por la fama.

Sí, esa inconsistencia suya fue incluso punto de discusión entre sus colegas europeos. Cezanne, quien fue en un principio estudiante suyo, escribió a los amigos mutuos acerca del estilo de Oller, y de cómo el mismo había sufrido deterioro (al analizar El Velorio). Por otro lado, es cierto que el colorido que Oller y Pissarro añaden a la paleta de los impresionistas es una contribución. Si sumamos a esto el uso de temas ajenos al impresionismo, como lo fue su Negra Mendiga, deberíamos concluir que sus contribuciones al impresionismo y a la historia del arte son batallas que en justicia aún no se le han reconocido.

Para tener un marco referencial más completo habría que estudiar las obras desaparecidas suyas: las realizadas en España, así como la obra de Cezzane en sus tiempos  de  camaraderia  con Oller.  Sobre todo, habría que dejar de ver lo nuestro

desde fuera y comenzar a mirarnos desde adentro.

Bibliografía:

Francisco Oller. (Catálogo) Museo de Ponce, 1983.

Enciclopedia de P.R. Volumen de Artes Plásticas.