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El autor, puertorriqueño,
es profesor de Humanidades en el Colegio Universitario de Humacao, UPR.
Termina actualmente el doctorado
La Celestina es una prosopopeya de la retórica.1 Y un indicio, hallado por nosotros, de que con Celestina tratamos con una prosopopeya de la retórica es su cicatriz en la cara. Pleberio le reprocha al Amor: "Ni sé si hieres con hierro ni si quemas con fuego" (21.603). La alcahue ta Celestina sí sabe que el Amor hiere con hierro y quema con fuego. En la Tragicomedia de Calisto y Melibea hay una disputa de, por lo menos, dos retóricas: 1) la retórica ciega a su propia retoricidad, es decir, la presunta Verdad; y 2) la retórica que es consciente de su retoricidad. Pármeno le dice a Calisto que la puta vieja tenía un poquito de bálsamo en una redomilla que guardaba para aquel rascuño que tiene por las narices (1.7.244). Russell anota que tal rasguño era la "`marca del diablo' o rasguño permanente que hacía el Diablo con sus garras en la cara o frente de sus adeptos."2 En un plano de verosimilitud, es bastante apropiado tal comentario. Un sinónimo de "marca" es "hierro". Según el Diccionario de Autoridades, el sustantivo "hierro" exhibía el sentido de la señal o marca que se pone a los caballos, mulas, vacas, toros y otros animales, para conocer de qué casta eran o a qué dueño pertenecían; y ese sentido viene de que este género de señales se ponía con un hierro ardiente.3 Mas, ¿qué relación hay entre la marca facial y diabólica de Celestina, y su oficio de alcahueta? La retórica ciega del cristianismo
Cuando Celestina le asegura a Sempronio de que convencerá a Pármeno para hacerlo su cómplice, le dice: "Pero yo lo haré de mi fierro, si vivo. Yo le contaré en el número de los míos" (3.1.286).4 Mediante la persuasión la puta vieja hace que Pármeno se cuente entre los suyos. El hierro de Celestina es la espada que sale de su boca, su lengua, su palabra. El argumento del primer acto de la Celestina comienza al afirmar que, entrando Calisto en una huerta en pos de su halcón, halló allí a Melibea, de cuyo amor cayó preso, y le comenzó a hablar. El halcón es un icono de la Fortuna.5 Y en el arte de la cetrería los cazadores llamaban "cuchillos" las seis plumas del ala del halcón.6 En los cuchillos de las alas falcónicas de la Fortuna vuela la ocasión del amor a primera vista. La Fortuna (el halcón) le provee a Calisto la oportunidad (el cuchillo) de hablar de amor a Melibea. Mas Calisto le transfiere conforme con el código de amor cortés7 ese cuchillo a una mediadora para que ésta haga a Melibea del mismo hierro que el joven rico y enamorado. Celestina cortará las cadenas del pundonor que refrenan el deseo de la doncella por el loco amor que Calisto le ofrece. En el Libro de buen amor, un antecedente de la
Celestina, se llama a la alcahueta "maza", "almádana" (mazo
de hierro para romper piedras), y "almohaza" (chapa de hierro que se
usa para limpiar los caballos),
"coraza", "aldaba", "garabato" (gancho de
hierro para colgar cosas), "escofina"
(lima), "aguzadera" (piedra de amolar), "campana", "alcayata" (clavo
con gancho [924-926]). Acerca de este último nombre, el manuscrito
S sustituye "alcayata" por
"alcahueta"; pero ha sido enmendado por
J. Corominas, porque cuadra mal con el Según el lexicógrafo
Covarrubias, la alcayata era el hierro enarcado
en forma de semicírculo, sobre el cual se ponía el paño o antepuerta, cuando
se quería que estuviera levantada. El Arcipreste de Hita asegura de
las trotaconventos que "éstas dan
la mazada -si as orejas, oyas" (699, 937).
El oído (medio) es una pequeña
cámara ubicada en el hueso temporal que contiene tres minúsculos
huesos articulados: el malleus (martillo), que
se articula con la membrana timpánica; el
incus (yunque), situado en el centro; el estribo, que se articula con la
ventana oval que se localiza en la pared posterior. Celestina es el oído
de Calisto, y Calisto la oye a golpes. Celestina le dice a Melibea:
"[Ten paciencia], que pocas veces lo molesto
sin molestia se cura, y un clavo con otro se expele y un dolor con
otro" (10.3.434). Un famoso libro contra la
brujería, escrito por Heinrich Kramer y
En la Celestina, Pármeno le dice a Calisto que cuando la vieja puta se pasea junto a los herreros, entonces los martillos le dicen: "Puta Vieja", y que carpinteros, armeros, herradores, caldereros, arcadores; en fin, todo oficio de instrumento forma en el aire con su ruido característico este nombre: "Puta Vieja" (1.7.270). Rojas, en su carta preliminar: "El autor a un su amigo", escribe que en la Tragicomedia, los jóvenes enamorados hallarán armas defensivas para resistir los fuegos del loco amor; "las quales hallé esculpidas en estos papeles, no fabricadas en las grandes herrerías de Milán, mas en los claros ingenios de doctos varones castellanos formadas" (184-185). El autor compara la Celestina con una férrea pieza de herrería. Uno de los nombres de la alcahueta, en el antecedente de Juan Ruiz, es el de "Tenazas", otra herramienta del herrero. Petrarca vuelve a tematizar el hierro y a compararlo con la escritura, a través de la analogía con la herrería (925): "Qué contienda es la de los escriptores con los pergaminos, con la tinta, con las pénolas, y con el papel. Qué la de los herreros con los martillos, con las tenazas, y con el yunque".10 El ingenio de Rojas es como una fragua y su obra, una pieza parecida al hierro, a un hierro que mata, a una guerra disimulada: una pieza de retórica. El martillo es una herramienta de percusión compuesta de una cabeza de hierro y un mango. El autor se parece a Hefesto o Vulcano, cuya esposa es Afrodita o Venus, diosa del amor e infiel consorte. No obstante, mucho antes que Petrarca y Rojas utilizaran la analogía de la herrería, Pitágoras, el acuñador del nombre "Filosofía" y el descubridor de las proporciones de las notas armónicas con el largo de las cuerdas de la lira, usó de los ruidos del herrero que martillea sobre el yunque, para indagar en su filosofía. "Una leyenda recogida por Varrón, atribuía el descubrimiento, en cambio, a la observación de los intervalos armónicos en los sonidos de los martillos de un forjador sobre el yunque, y que luego se encontró que correspondían a la diferencia de peso entre los martillos".11 Para Pitágoras el martilleo no es un ruido, sino una sinfonía; para Fernando de Rojas, no una armonía sino un ruido acuciante y revelador del carácter caótico del mundo. En cierta ocasión Calisto se queja, ante la alcahueta, de que las gracias de Melibea son como armas que lo han vencido, cautivado y hecho muerto; las gracias de la doncella son su cárcel de amor, en la cual está cautivo con ligaduras de dura cadena. Mas Celestina le consuela de inmediato así: "Calla, y no te fatigues; que más aguda es la lima, que yo tengo, que fuerte esa cadena que te atormenta. Yo la cortaré con ella, porque tú quedes suelto" (6.2.356). Ya hemos dicho que el Arcipreste de Hita llamaba a la alcahueta "Escofina". La palabra de Celestina es como una lima aguda que corta cualquier dura y atormentadora cadena. La elocuencia de la medianera es tan fina y aguda retórica, como el filo de cualquier hoja amolada por una aguzadera (piedra de amolar) o una escofina (lima); nombres que como recordarán Juan Ruiz dio a la Trotaconventos. Petrarca, en el "Prólogo" a
los Remedios, compara su intervención en la transmisión
de otro autor, con una lima: "Pues Séneca (de quien antes dixe) con
muy breves palabras passó por aquella parte de la fortuna que a el
precio más difícil, y que sin duda a
prima vista es más dura, cuyo librillo en cada lugar anda entre las manos
del vulgo; al qual ninguna cosa entiendo yo añadir ni quitar, que obra
hecha de tan alto ingenio, desdeñar se ha
de nuestra lima, quento más que tengo tanto que ver en mis cosas que
ni polir las agenas, ni reprehenderlas es mi
intención". Petrarca parece La espada en el Nuevo Testamento simboliza la palabra de Dios. El apóstol Pablo dice que la espada del espíritu es la palabra de Dios (Ef., 6.17). El autor de la carta a los Hebreos (4.12) asegura que la palabra de Dios es viva, eficaz y tajante, más que una espada de dos filos, y que penetra hasta la división del alma y del espíritu, hasta las coyunturas y la médula, y que discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. San Juan, el Teólogo, escribe que vio a un glorioso Jesús de cuya boca salía una espada aguda, de dos filos (Ap. 1.16). El mismo Jesucristo dijo a sus discípulos que él no había venido a traer la paz, sino la espada (Mt., 10, 34). Raimundo Lulio (1232/35-1315) ha escrito que se daba al caballero una lanza, para significar la verdad, porque la verdad era cosa recta, que no se torcía, y la verdad no se adelantaba a la falsedad. Aquel polígrafo dice: "El hierro de la lanza significa la fuerza que la verdad tiene sobre la falsedad..." (5.3).13 La madre de Melibea (10.5.441) se hace eco de esta tradición, al decir a su hija que la verdadera virtud más se teme que la espada. Cuando Calisto desespera por oír lo antes posible el relato de lo acontecido a Celestina, durante su primera entrevista con Melibea, aquél le dice a la alcahueta: "Madre mía, abrevia tu razón o toma esta espada y mátame" (6.1.337). Y tras un comentario entre dientes de Pármeno, que pronostica la pronta muerte de su amo, Celestina le replica al desesperado y enamorado joven: "¿Espada, señor, o qué? ¡Espada mala mate a tus enemigos y a quién mal te quiere! Que yo la vida te quiero dar con buena esperanza que traygo de aquélla que tú más amas" (ibid.). La espada de Celestina es su retórica. Celestina revierte la imagen logocéntrica de la espada contra sí misma; delata tanto la retoricidad de ella como la de la presunta Verdad de las autoridades occidentales. Calisto le ha ofrecido su espada, un símbolo fálico, a la puta vieja para que la use como hombre contra su "natural" poseedor. En aquellas palabras pronunciadas por la propia Celestina, se grabó su propio destino final: ella murió acuchillada o estoqueada por la espada de Sempronio. Celestina muere a hierro o a espada, porque ella mata con su férrea retórica las autoridades librescas. Y Elicia le cuenta a Areúsa: "Mill cuchilladas le vi dar a mis ojos; en mi regazo me la mataron"(15.3.522). La seducción al estilo del amor cortés, la cual Calisto
trató infructuosamente de ejercer inmediatamente sobre el corazón
de Melibea, (cuando el halcón de
aquél vino a parar accidentalmente en el El Nuevo Testamento dice que
los cristianos son como cartas de Cristo, pero no escritas con tinta, sino con
el Espíritu de Dios; no en tablas de
piedra, sino en las tablas del corazón (2
Cor., 3. 2-3). El cristianismo pretende hacer usufructo de la metáfora epistolar
y gráfica, sin contaminarse de la arbitrariedad y de la contingencia de
la grafía. El cristianismo, (un platonismo al revés, según Nietzsche), exhibe
una subconsciencia de que él mismo es una ficción, pero la reprime en aras
del predominio de la voz del Padre. La escritura queda relegada
violentamente al infierno por la voz. Y ese infierno
es La espada, como una imagen de la palabra proferida por la boca de
Dios, es la identidad que violenta la otredad
la propia mala conciencia del logos, su gusano que nunca muere en la
gehena semiótica, la oquedad del Ser. El
averno para la escritura es ella misma desde la ceguera del
logos. Mandar a Celestina con credenciales de hechicería
al infierno, equivale a reconocer medrosa y violentamente el carácter retórico
de ese personaje. Pero, ¿por qué a cuchilladas? Por miedo de que
la escritura subvierta el orden pretendidamente natural y ontológico que
la voz-espada ha impuesto en el mundo judeo-cristiano y occidental. La
escritura delata la arbitrariedad de cualquier orden establecido. La grafía exhibe
un para-orden consistente en instaurar nuevos y caprichosos órdenes.
La El asesinato de Celestina es otro ejemplo del intento o atentado
del logocentrismo occidental de erradicar la
differance. Celestina es una
habilísima maestra de la esgrima de la palabra.
La hechicería de la puta vieja es en parte
su oportuna retórica. La marca del Diablo es la marca de la retoricidad
en
1. La tesis de que Celestina es una personificación de la retórica se la debo al profesor Hugo Rodríguez Vecchini. La tematización de la cicatriz de Celestina y del tema del hierro es una parte de la monografía que le presenté al término del curso doctoral acerca de la Celestina (primer sem.: 1995). Este artículo fue ofrecido como ponencia en el Seminario Federico de Onís, en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico, el 28 de marzo de 1996. 2.La Celestina. Comedia o Tragicomedia de Calisto y Melibea. Ed. de Peter E. Russell. Madrid: Clásicos Castalia, 1991; 244, n. 164. 3.Real Academia Española. Diccionario de Autoridades. Ed. facs. Madrid: Editorial Gredos, 1984; 2.405 4."Yo le haré de mi fierro" (Celestina III, 42). Eleonor S. O'Kane recogió tal expresión como un refrán, en su Refranes y frases proverbiales españolas de la Edad Media. Madrid, 1959, 130. 5. "Erhard Lommatzsch en una reciente monografía muestra que en un cierto número de casos, precisamente en el `Ausgang des 15. Jahrhunderts', la antigua representación de la Fortuna a manera de criatura alada que se lanza a través del espacio como un halcón, vuelve a reemplazar a la imagen medieval, al horrible monstruo femenino que emerge de los infiernos armada de su fatal rueda" (Stephan Gilman. La Celestina: Arte y Estructura. Trad. de Margit Frenk de Alatorre. Madrid: Taurus, 1978; 387). Y nuestro crítico asegura luego que: "La Fortuna, bajo la figura del ave de presa, comunica iconográficamente, un siglo antes de Pinciano, el mismo sentido de indiscriminación y azar: sus alas son el símbolo de su libertad sin freno, sin restricciones, lejos ya de los límites divinos que le fueron impuestos por Dante; son la señal de que la Fortuna se ha convertido en azar indiferente y extraño. Ya no es la entidad, a la medida del hombre (como el Tiempo y la Muerte), en la que los hombres creen y no creen" (id., 388). Notas 7. Andreas Cappelanus ha dicho: "Then after he has come to this complete meditation, love hold the reins, but he proceeds at once to action; straightway he strives to get a helper and to find an intermediary. He begins to plan how he may find favor with her, and he begins to seek a place and a time opportune for talking; he looks upon a brief hour as a very long year, because he connot do anything fast enough to suit his eager mind" (I.1 [The Art of Courtly Love. Trans. by John Jay Parry, W.W. Norton & Company: New York, 1990; 29]). 8. El collar de la paloma. Trad. de Emilio García Gómez. Madrid: Alianza Editorial, 1989, 95, 103-104 9. Transcripción paleográfica de H. Rodríguez Vecchini del "Prólogo" de Francisco Petrarca. De los remedios contra adversa e próspera fortuna. Sevilla: Juan de Valera, 1524, 5. 10. Ibid., 7. 11.Rodolfo Mondolfo. El pensamiento antiguo. Trad.de Segundo A. Tri. 7ma ed. Buenos Aires: Editorial Losada, 1974, 1.57 12. Francisco Petrarca tematiza el hierro como sinónimo de la espada, y al amor, como más poderoso que el hierro: "Mira las bestias fieras que el hierro no puede domar, el poderoso amor las amansa" ("Prólogo" del segundo libro, 3). 13. Libro del orden de caballería., Espasa-Calpe: Argentina, 1949, 66 14. Refranes y frases proverbiales, 112. "No hay puta: sin alcahueta. Glosados iiii. Cf. Espada" (ibid., 47). |