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RESEÑA: Rogelio Ruiz Gómez, Avatares (relatos). República Dominicana: ¿ ?, 1996 Avatares (1996) constituye el primer libro
de cuentos de Rogelio Ruiz Gómez (U.P.R.,
Recinto Universitario de Humacao). El volumen reúne once
relatos ("Viernes social",
"Divino tesoro", "La
receta", "Despedida",
"Intacto te brindé mi
corazón", "No la mires a
los ojos", "Dialogantes
silentes", "El cruce",
"Un hombre bueno", "Aquella
Los relatos de Ruiz Gómez nos sorprenden de inmediato por su urdimbre sencilla. Predomina en el conjunto una economía descriptiva que, sin embargo, nos invita a su vez a reorientar la mirada y la lectura a lo no dicho en el fraseo narrativo; es decir, a compartir la ironía del lenguaje del silencio. Del tránsito de ese movimiento especular emerge sin disimulo lo que sin duda es la estructura narrativa que comparten los relatos de Avatares. En todos hay dos planos de miradas, de gesticulaciones, de estremecimientos significativos ante lo que ocurre que desdice la aparente inocencia o culpabilidad del que narra. Por ello decimos que en el libro de Rogelio Ruiz Gómez se busca dramatizar a la par las miradas de quienes se confunden y se encuentran en el devenir del prójimo (otro u otra). En esos juegos de miradas no pocos encontrarán las imágenes de una identidad conflictiva y, por tanto, fragmentaria en la verbalización de sus verdaderas circunstancias. En el primer plano encontramos relatos en los cuales concurren las miradas narrativas de quienes viven de la intolerancia o en el desajuste de cuentas con un pasado aún muy cercano. Es el caso del oscuro detective que pretende disimular sus ingerencias en la represión y persecusión política refugiándose en un pueblo del interior ("Viernes social"). También hayamos la variante en las miradas de aquel narrador que hace del prejuicio su segunda naturaleza ("Intacto te brindé mi corazón"). En esta última modalidad volvemos a advertir que son los gestos de la mirada --al otro próximo o a la imagen del otro que ha logrado sobrevivir del peso del olvido-- lo que emerge como la sustancia principal del relato. Otra variante en este primer plano se configura en los relatos en los que la invisible gravedad del delito cometido (por inocencia o por venganza) se convierte en advertencia reivindicadora ("No la mires a los ojos" y "Ni rastros de tus huellas"). Si se quisiera apreciar el funcionamento pleno del gesto de la mirada en la nada inocente y mucho menos ingenua estructura del relato testimonial, recomiendo la lectura memorable de "Dialogantes silentes". En este breve relato encontraremos los mejores atributos literarios de Avatares. Como ya lo sugiere el título, el lenguaje del silencio que intercambian los dos antiguos conocidos no sólo incide en la desconfianza a una comunicación auténtica que les permita reconocerse, sino también en la incapacidad de reconocer las vicisitudes ("avatares") que permitirían valorar el presente. Como menciona el narrador: "Dio la impresión de que me estaba observando, de que miraba hacia mí, y de repente cambio la cara, quizá al notar que al voltearme mi vista se toparía con ella de frente. A lo mejor temió enfrentarse a mí o quiso evitar que nos pusiéramos a recordar viejos tiempos." El segundo motivo del libro transcurre por el lado de lo que algunos han llamado la construcción del imaginario testimonial en la narrativa puertorriqueña contemporánea. Distinto a los proyectos narrativos recientes que intentan reconstruir la voz imaginaria del/la marginado(a) puertorriqueño(a), se acusa en Avatares una semejanza de estilo --por su minimialismo transparente y la ausencia de voluptuosidad descriptiva-- con algunos cuentos de José Luis González. Los relatos de Rogelio Ruiz Gómez se orientan con seguridad en el diseño de figuras en un ambiente sub-urbano --detectives, profesionales de clase media, estudiantes universitarios, vetaranos de Vietnam, delincuentes o marginados-- para quienes el pasado ha dejado de ser espacio y tiempo compartido y los ha colocado en un presente que apenas comprenden, es decir, en el avatar incomunicación. De ahí que sea la mirada, con todo su repertorio de insinuación a lo que la palabra calla, lo que los identifique en el fracturado tejido social. En Avatares encontramos los puntos de partida de un cuentista que promete mayores logros. Su incursión en la compleja y densa madeja de la cotidianidad social puertorriqueña a partir de la mirada, evidencia riqueza de ingenio y una fina sensibilidad para lo que muchas veces pasa desapercibido. |