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Este ensayo analiza algunos aspectos de la niñez en Río Piedras en la primera mitad del siglo veinte, en particular cuando los niños se veían envueltos en problemas que requerían la intervención de la policía. Encontraremos entre éstos tanto al niño agresor, como al agredido, tanto al que abusa de la confianza que en él se deposita, como al que huye de su hogar. Si al adentrarse en este trabajo viene a la memoria del lector haber leído pasajes similares entre los niños marginados de Utuado, no será casualidad. El origen de este trabajo fue una investigación realizada bajo la dirección del doctor Fernando Picó que se basó precisamente en el mismo tipo de fuente documental que él había empleado para su obra Los gallos peleados:1 los Libros de Novedades de Policía. Ambos trabajos se complementan pues permiten comparar problemas similares en áreas diferentes de Policía de Puerto Rico, durante una misma época. Los Libros de Novedades de Río Piedras fueron la principal fuente para esta investigación. Estos nos permiten apreciar diversos aspectos importantes de la época en cuanto a los delitos que cometían los niños, los que se cometían contra ellos y otras situaciones relacionadas con los niños en los que se requerían los servicios de la policía. El Archivo General tiene una colección de estos libros para diversos municipios de Puerto Rico. En el caso de Río Piedras hay unos cuantos, pero para las décadas de 1900 a 1940 falta la mayoría de los libros. Con los libros disponibles, fue posible analizar dos períodos bien diferenciados, de 1916 a 1918, y de 1937 a 1938. No se encontró ningún libro correspondiente a los años veinte. Aunque había libros de otros años, se escogieron los de los años que estaban más completos y que tenían alguna continuidad cronológica. Aunque son pocos, estos años dan una buena idea del tipo y cantidad de incidentes en que se veían involucrados los niños de Río Piedras. Es importante recordar en todo momento que la realidad de los niños, aun la de los que aparecen anotados en los Libros de novedades, era mucho más amplia y rica que lo que en este trabajo se puede reconstruir.
El efecto de cada uno de los elementos anteriores en la vida de los niños ha sido hasta el momento poco estudiado. No creo, sin embargo, que nos equivoquemos si consideramos las condiciones de vida anteriores como el telón de fondo en el que se desarrollaba la vida de los niños que aparecen en las denuncias e informes de los Libros de Policía de Río Piedras. Los niños de Río Piedras Río Piedras era un municipio todavía rural en la época que nos interesa, pero con una creciente población, especialmente urbana. En 1899, el pueblo de Río Piedras no tenía categoría urbana por tener menos de 2,500 habitantes; en 1940 contaba ya con 19,935 habitantes. El nivel de educación de su población presenta un desarrollo curioso. Éste era proporcional al del resto de Puerto Rico en 1899,2 pero para 1920 superaba el de la Isla en general, sin duda por su cercanía a San Juan, y sobre todo, por la presencia de la Universidad de Puerto Rico en el pueblo mismo, como se puede observar el siguiente cuadro: sólo para el comercio, sino también para la policía, según se desprende de la lectura de los Libros de Novedades: hurtos, violaciones a las ordenanzas municipales como ventas callejeras sin permiso, alteraciones a la paz y dormir en las aceras. La gran cantidad de personas que ahí confluía por la actividad generada por el comercio, atraía a otros muchos que aprovechaban para realizar diversas actividades ilícitas, incluyendo niños. Cuadro 1. Asistencia a al escuela en Río Piedras y Puerto Rico.
El crecimiento de la población residente y de los visitantes a Río Piedras desde mediados del 1910 a finales de los 1930 es evidente en los Libros de Novedades de la Policía. En estos libros en muchos casos se indica tanto el lugar de origen de la persona como su lugar de residencia. Así podemos observar que en el primer período (1916-1918), la mayoría de los niños registrados en los libros viven en o cerca del centro del pueblo, como Amparo o Capetillo, o un poco más alejados, como Hato Rey o Sabana Llana. Son pocos los niños que residen en los barrios más apartados del pueblo o en otros municipios. En el segundo período (1937-1938), se encuentran niños residiendo en áreas nuevas, como Santa Rita y Mangle (en Hato Rey), y una mayor cantidad de niños residiendo en barrios más alejados, como Cupey Alto o Caimito, y hasta en otros municipios. Esta situación indica el crecimiento urbano de Río Piedras, por un lado, y por otro una mayor facilidad de movilización, ya fuera por ferrocarril o por el servicio de carros públicos. La mayoría de los niños era originaria del mismo Río Piedras, un 44.5%; los demás, provenían de otros municipios. En el primer período, los niños provenían de 13 municipios diferentes (casi todos ellos cercanos a Río Piedras, como Río Grande y Cataño). En el segundo período, provenían de una variedad más grande de municipios, 26 en total. Esto refleja un movimiento migratorio de población bastante más amplio en el segundo período. El 5.9% de los niños anotados en los Libros de novedades eran ambulantes, es decir, niños que no tenían ningún lugar donde vivir y que pasaban la noche en cualquier parte que pudieran. Pareciera que el problema de los niños ambulantes, o al menos su posible participación en actividades ilícitas aumentó en el segundo período. En 1916 se encontró sólo un caso de niño ambulante y ninguno en los dos años siguientes. En los años 1937 y 1938 se encontraron tres y cinco casos, respectivamente. Características de los casos Los Libros de Novedades de la Policía de Río Piedras, como se dijo, no están completos y, por lo tanto, a cada uno de los años le faltan algunos meses. Para comparar los años entre sí, se decidió sacar un promedio de los casos que se daban por mes. El año 1937 es el menos confiable porque fue el más incompleto de los cinco años seleccionados y los meses que comprendía el libro eran precisamente aquellos en los que en otros años se presentaba el mayor número de casos. En 1916 aparecen anotados 4.76 casos por mes en promedio; en 1917, 1.46; en 1918, 4.18; en 1937, 12.85 y en 1938, 8.45. Hay un aumento indudable entre un período y otro. Si se considera que la población de Río Piedras aumentó paralelamente en un 296% entre 1920 y 1940,4 el aumento en los incidentes entre 1918 y 1938 fue relativamente bajo: 193%. Estos datos son similares en cuanto al crecimiento de la delincuencia a los que ofrece Pablo Berga y Ponce en su libro De la delincuencia juvenil y de los tribunales para niños sobre la delincuencia en el período de 1915 a 1929.5 Los meses con mayor incidencia de casos son abril (12.9%), julio (12.4%) y octubre (13.3%). Sería conveniente tratar de establecer si esto corresponde con actividades especiales en Río Piedras o Puerto Rico que contribuyeran a aumentar los problemas para los niños. Por ejemplo, en octubre se celebran en el pueblo las fiestas patronales. Los días del mes en que se registraban más casos eran los comprendidos entre el 12 y el 21, con el 44.5% y las horas, del mediodía a las 9:00 p.m., con el 63.4%. La raza de los niños no parece haber sido un factor determinante a la hora de denunciar un caso ante la policía. La composición racial de los niños en los Libros de novedades refleja la composición racial del municipio, aunque hay una mayor tendencia a que aparezcan niños trigueños en los diferentes tipos de denuncias que de blancos. Siendo la determinación de la raza algo hasta cierto punto subjetivo, no es fácil señalar a qué factores se debe esta diferencia. Se puede sospechar que el prejuicio racial es uno de ellos y que un mayor grado de pobreza o marginalidad social entre los trigueños podría ser otra, pero hacen falta más elementos de análisis. El Cuadro 2 se hizo con base en el censo de 1920 que fue el último en usar las categorías de blanco, mulato (la policía usaba preferentemente el término "trigueño") y negro. Cuadro 2. Porcentaje de la población en el censo de 19206 y de los niños en los Libros de Novedades de la Policía por raza.
Niños y niñas comienzan a infringir las leyes y presentar otros problemas de conducta después de los diez años de edad, pero era realmente a partir de los 16 que la situación empeora considerablemente (véase el Cuadro 3). Por ejemplo, entre las niñas, todos los ocho casos de alteración a la paz fueron cometidos por jóvenes de 16 años. No sorprende que la edad límite de la Ley de Menores fuera los 16 años. Cuadro 3. Edad de los niños en los libros de novedades
En realidad, la mayoría de los niños pequeños son casi siempre víctimas de otros o niños que han desaparecido de sus hogares o que han sido abandonados. La mayor parte de los casos aparecen como simples informes en los Libros de novedades (59.5%), casi todos hechos por los policías. Los informes hechos por los padres, encargados o patrones usualmente se refieren a desapariciones de niños. Los arrestos constituyen el 27.3% de los casos y las denuncias el 10.9%. Los informes podían convertirse en denuncias si los perjudicados luego decidían hacerla, pero no se anotaban en estos libros. Los niños ambulantes estuvieron más propensos a ser arrestados que los que tenían un lugar de residencia, independien-temente de la infracción o delito: ocho de nueve casos, versus por ejemplo los residentes de Venezuela: cuatro de ocho casos. Por tipo de incidente, las alteraciones a la paz eran las que más se prestaban para realizar arrestos, seguramente porque la situación daba tiempo a que la policía llegara antes de que los niños se dispersaran. De 17 casos, sólo en dos no se hicieron arrestos. Por el contrario, en otros delitos, como el hurto, se dependía de que se cogiera al menor en el acto o que la investigación revelara un sospechoso y éste se encontrara. Los delitos de y contra los niños Los incidentes reportados en los Libros de novedades son de naturaleza variada. Con respecto a los niños, tratan principalmente sobre transgresiones que éstos hacen a la ley, abusos o accidentes de que son víctimas y desapariciones del hogar. Véase el Cuadro 4. Los hurtos, escalamientos, violaciones y agresiones son los delitos más graves que comúnmente cometían los niños y jóvenes de 16 años o menos. La desaparición del hogar, ya se tratara del de los padres, un encargado, el patrón o el Hogar Insular de Niños, fue el tipo de caso más frecuentemente encontrado (23.3% de los casos) entre un total de 227 casos. Por lo general, las causas de las desapariciones y fugas no se citan. Algunas serían involuntarias, especialmente cuando pensamos en los casos de los niños más pequeños, que seguramente por una u otra razón se perdían. Los niños mayores se fugaban de sus casas en busca de trabajo o para evitar situaciones intolerables en sus casas. La pobreza, el hacinamiento en el hogar y el advenimiento de un padrastro malquerido eran causas que diversos autores han citado para las fugas.7 La pobreza se refleja en la descripción de algunos niños. Según la madre de Práxedes, de diez años, este Cuadro 4. Tipo de incidente por sexo
Entre 1912 y 1948 Río Piedras estaba constituido por el pueblo y los barrios rurales de Caimito, Cupey, Hato Rey, Monacillo, Quebrada Arenas, Sabana Llana y Tortugas. Las calles principales del pueblo lo eran El Roble, José de Diego, Del Carmen, Arzuaga, Brumbaugh, Oriente, Oller y Comercio o Ponce de León.3 De todo el pueblo, el área de la plaza del mercado parece haber sido especialmente activa, no vestía al momento de desaparecer de la casa ropas sucias y raídas y estaba descalzo.8 El maltrato y el temor al castigo, que podía rayar en el maltrato, se reporta en el caso de las niñas, como Petronila que huyó de la casa de sus patrones donde la trataban mal,9 o Emilia que se fugó a la salida de la escuela porque perdió el dinero para comprar un par de zapatos.10 Los amigos también podían influir en esta clase de decisión. El padrino y encargado de Pablo creía que este se había ido a la Central Canóvanas "...con unos amiguitos de él que lo han conquistado".11 A veces pasaban varios días entre la desaparición del menor y el que los padres o encargados informaran a la policía, especialmente si los niños tenían unos diez años o más. Por ejemplo, el niño Práxedes, ya mencionado desapareció el cuatro de diciembre, pero su madre lo informó a la policía el día siete. De las 19 desapariciones de niñas, siete lo son de las casas de sus patrones,12 y cuatro de las de sus tutores o encargados.13 Las relaciones de las niñas con sus patrones podían ser en extremo informales, como revela el siguiente informe sobre Jovita, sin apellido, de 14 años: "La niña era sirvienta de Mercedes... de cuya casa desapareció dejando todas sus prendas de vestir. No sabe hacia donde fue. Los padres viven en un barrio de Guaynabo, pero no sabe cómo se llaman."14 ¿Por qué se fue así esta joven? ¿Temía algo en esa casa: maltrato, abuso sexual? ¿Fue seducida y se fugó con algún joven? ¿Quiso simplemente volver con su familia? ¿Buscaría acomodo con otra familia? Por último, ¿cómo es posible que la señora no supiera ni siquiera su apellido? Los niños desaparecieron mayormente de sus propios hogares. De los 34 casos, tres se fugaron del Hogar Insular de Niños15 y cuatro de las casas de sus patrones.16 El hurto, el escalamiento y el robo son los tipos de delito más frecuente (15% de los casos), siendo el hurto el más común. Los artículos preferidos por los niños son los alimentos: frutas, gallinas y alimentos preparados, pero también se llevan dinero, prendas o cualquier otra cosa que encuentren a mano. Algunos niños son acusados de robo pos sus patrones, para quienes usualmente trabajan como sirvientes. Tal es el caso de Juana, de once años, a quien se le encontró el dinero desaparecido.17 Algunos niños cometen este tipo de falta varias veces. De cuatro casos que se encontraron, tres fueron arrestados.18 La mayoría de los casos son sólo informados porque o los muchachos huyen o lo único que se tienen son sospechas de ellos. Entre las niñas sólo hay tres casos de hurto y en dos de ellos sólo hay sospechas sin que las investigaciones dieran ningún resultado en contra de ellas.19 Todas ellas, culpables o no, trabajaban como empleadas en el lugar donde desaparecieron los bienes. Los juegos prohibidos eran una actividad principalmente de los jóvenes de 16 años o más. Ocuparon el 9.7% de los incidentes. Posiblemente los niños menores quedaban excluidos por no contar con el dinero necesario para las apuestas, aunque muchas veces estas eran de tan sólo unos centavos. Los juegos más comunes eran a los topos y "seven-o-eleven", también se jugaba a cara o cruz, pares o nones, monte, lotería y el "pool" clandestino. Los niños víctimas del delito de acometimiento y agresión ocupan el 10.5% de los casos. Las agresiones eran perpetuadas a veces por otros menores, normalmente en riñas, o por adultos varones. Las víctimas fueron tanto niñas como niños, y si se usan los apellidos como referencia, no parecía haber entre ellos y sus atacantes ningún parentesco. Los informes no indican, ni de ellos se puede deducir, cual era la relación entre las partes, si había, ni las causas de las agresiones. En algunos casos, el abuso y la diferencia de la fuerza entre las partes es evidente en el informe, como en este sobre la agresión a José, de 14 años, por un adulto "...con sus puños y fuerzas corpulentas. Lo estralló contra la pared de concreto de la Esquina Famosa propinándole golpes en la espalda y rompiéndole la camisita."20 Los casos en que un adulto agredía a un menor se consideraban delitos graves. De los 18 casos encontrados, la policía arrestó a doce de los agresores, incluyendo a todos los que atacaron a niñas (cinco casos). Se encontraron nueve casos de niños varones agresores (4%), sus víctimas fueron tanto niños como otros adultos. A veces las agresiones eran con los puños, otras tirando piedras. Las alteraciones a la paz (7.5%) eran provocadas principalmente por jóvenes de 16 años o más. El comportamiento de ambos sexos en este tipo de infracción era muy diferenciado. Entre las mujeres, de los siete casos, cinco se debieron a que formaron un escándalo profiriendo palabras obscenas o gritos. Entre los hombres, las causas predominantes fueron las riñas, ocho de los diez casos. Los delitos de abuso sexual, violaciones o intentos de violación, 3% de los casos, se dieron tanto contra niñas como contra niños. Los casos informados son todos de niños pequeños, siendo la menor un niña de seis años21 y la mayor una de trece.22 Todos los atacante fueron varones. Los que atacaron a un niño de siete años fueron dos jóvenes de trece y quince años.23 Este es un delito que muy posiblemente era mucho más generalizado de lo que se encuentra en los libros, y en el que se veían afectadas niñas de mayor edad también. Se encontraron pocos casos específicos de niños abandonados por sus padres, pero se encontraron muchos casos de hombre arrestados por orden de algún juez municipal por causa del abandono del hogar, unos diez casos. No aparece reseñado ningún dato ni sobre el hombre, ni sobre su familia. Hubo dos casos en que las madres abandonaron a sus hijos aún infantes. Una de ellas dejó el niño en la vía pública, pero luego ella apareció y se le entregó el niño.24 La segunda, ella misma una joven de 17 años, dejó la niña al cuidado de una señora, pero no regresó a recogerla. Cuando se informó a la policía llevaba ya dos días desaparecida. La joven fue encontrada luego en Palo Seco.25 El resto de los casos es muy variado, y hay pocos de cada uno de ellos: abuso de confianza, infracción a las leyes de trabajo por parte de los patronos, infrac-ción de las ordenanzas municipales, acci-dentes, intentos de suicidio, daños mali-ciosos y menores conducidos por ruta. Niños y niñas Del total de casos encontrados, los niños varones estuvieron involucrados en un mayor número de ellos, 181 casos (78%), que las niñas, 50 (22%). Se nota en los Libros de novedades como las niñas ocupaban una posición más limitada y débil en la sociedad que los niños. Se hace evidente que tenían muchas menos alternativas de acción, elección y defensa que sus contrapartes y se refleja su vida más pasiva y doméstica. Se vieron envueltas en muchos menos incidentes que los niños, tanto en número, como en variedad. No se informó de niñas en juegos prohibidos, abuso de confianza, escalamiento, proferiendo insultos, accidentes, daños maliciosos, ni fueron conducidas por ruta. Las niñas parecen haber sido más victimizadas que los niños, 28% y 18.9% de los casos respectivamente. Normalmente se trata de los delitos de acometimiento y agresión y de violación. Por el contrario, y como ya se señaló, niños varones a veces eran perpetradores de estos tipos de delito, pero no las niñas. Cuando las cosas se ponían insoportables en el hogar, los varones tenían la opción de irse de la casa y vivir como pudieran en las calles. Casi no hay niñas ambulantes y no parece que hubiera mucha tolerancia al respecto. Carmen María, de 16 años, ambu-lante y natural de Trujillo Alto, fue arrestada por merodear en la Plaza del Mercado visitando todos los "cafeses" (sic) de la misma.26 Son relati-vamente pocas las que huyen de su hogar, si las compa-ramos con los niños. Muchas de las que huyen, lo hacen de casas que no son las de sus padres. Quizás unas salidas a una mala situación en el hogar para las niñas eran el matrimonio o la unión consensual a temprana edad, el colocarse como sirvientes en casas ajenas o irse a vivir con otros familiares. Las últimas dos opciones estaban abiertas para los varones también. Los intentos de suicidio son mayores entre las niñas, pero los casos son pocos y podrían ser engañosos. La mayor parte de los inci-dentes relacionados con niñas se refieren a desapariciones del hogar, 38%, y altera-ciones a la paz, 16%, y en menor grado a situaciones en que ellas resultan víctimas, acometimiento y agresión, 8% y violación o intento de violación, también 8%. Los niños se nos presentan mucho más activos y agresivos. Si bien, tanto niñas como niños, se vieron involucrados en alteraciones a la paz, los segundo lo hacen de manera más agresiva. Sólo el 6% de las niñas se vieron envueltas en robos, normalmente de objetos en sus mismos lugares de trabajo, mientras el 19.8% de los niños participaron en una variedad de robos, hurtos y escalamientos, algunos de los cuales requerían cierto grado de premeditación y planeamiento y movilización de un lugar a otro. En el momento del incidente informado a la policía, una mayor cantidad de niños que de niñas estaba acompañado por uno o más compañeros, 36.7% y 14.9% respecti-vamente, indicando una menor red de apoyo informal para las niñas que para los niños en este sentido. Habían algunas formas de diversión que quedaron registradas en los Libros de novedades, aunque por supuesto no eran las únicas. Existía el alquiler de bicicletas, que se hacía por algunas horas, y sabemos del mismo porque se prestaba para el abuso de confianza.27 También, asistían los niños a juegos deportivos y fiestas en la Universidad de Puerto Rico28 y las fiestas del Pueblo de Río Piedras.29 Aunque imaginamos que las niñas asistirían también a estas últimas actividades, las mismas están reseñadas en los Libros de novedades a causa de los varones. No se encontró ninguna otra referencia a las actividades recreativas de las niñas. El vestido de los niños era sencillo, según se desprende de las descripciones en los informes de niños desaparecidos. Los colores eran por lo general sobrios para los varones, como castaño, azul o negro para los pantalones, aunque estos eran a veces de cuadros o listas. Las camisas o bombachos eran azules, crema o blancos. Los vestidos de las niñas eran enteros, usualmente de un solo color, o faldita y blusa en colores que combinaban. La vestimenta de estos niños era humilde, en algunas ocasiones se describe incluso como sucia. El uso de zapatos aumentó de una época a otra. El 14.3% de los niños y niñas desaparecidos usaban zapatos en los años del 1916 al 1918, mientras que en el período del 1937 al 1938 los usaban el 33.3%. Algunos de estos zapatos se describían como desgastados, así que se usaban todo lo posible. Entre un período y otro bajó el uso de sombreros o gorros entre los niños: de 28.6% a 4.2% únicamente. Si un niño podía vestir bien, sin duda lo hacía, como refleja el vestuario de una niña cuyo nombre no se da: traje color rosa, medias rosa y zapatos negros, estaba peinada con dos moñitos atrás y una cinta alrededor de la cabeza.30 Conclusiones Los Libros de Novedades de la Policía reflejan parte de los problemas que aquejaban a los niños de Río Piedras y dan luz sobre algunos aspectos de sus vidas. Hacen evidente que hasta frente a los problemas, como en tantas otras manifestaciones de sus vidas, los sexos se comportaban y eran tratados de maneras bastante diferentes. Las niñas, a pesar de que parecen llevar una vida más callada, limitada y sumisa que los niños, o tal vez precisamente por eso, se presenta como un mejor blanco para las violaciones y agresiones de los varones. La sociedad aparece como más hostil para la niña que para el niño. No extraña entonces el ideal y la actitud de la época de proteger más a las niñas que a los niños dentro del ámbito de su hogar. Los Libros de Novedades de la Policía de Río Piedras no permiten ver el desarrollo de la delincuencia juvenil por estar muy incompletos y casi no haber continuidad. Sí nos permiten analizar algunos momentos y compararlos entre sí, pero no son documentación suficiente para llegar a conclusiones sobre el desarrollo de la delincuencia juvenil, ni del abuso de menores. Algunos aspectos de la vida de los niños, tal como se manifiestan en nuestra fuente, son generalizables al resto del país. Si se comparan con los resultados obtenidos por Picó para Utuado, encontramos semejanzas en las fugas del hogar, los niños ambulantes, en las características de los hurtos y abusos de confianza y, finalmente, en las agresiones y violaciones de los menores. Otros estudios permitirían una mejor descripción y compresión de estos patrones de conducta y el análisis de otros de los múltiples aspectos de la niñez en Puerto Rico a lo largo de su historia. Por último, este trabajo permite ver que ni delincuencia juvenil, ni el abuso de menores son algo nuevo en Puerto Rico, pero su desarrollo, considerando sus bases sociales, económicas y hasta políticas, merece estudiarse más a fondo. La situación pasada de los niños, pero especialmente la actual, lo amerita.
Notas 1. Fernando Picó, Los gallos peleados (Río Piedras: Ed. Huracán, 1983). 2. Census of 1899 (s.c.: s.e., 1899): 243-243. 3. Rafael Ubarri Acosta, Río Piedras, un boceto histórico (Río Piedras: Cámara de Comercio Río Piedras, 1981): 34. 4. U.S. Census Bureau, 14th Census (Washington, D.C.: 1923): 19, e Idem, 16th Census: (Washington, D.C.: 1943): 29. 5. Pablo Berga y Ponce de León, De la delincuencia juvenil y de los tribunales para niños (San Juan: Imprenta Real Hermanos, 1930): 12, 28. 6. U.S.? Census Bureau, 14th Census: 14, 19. 7. U.S. Children's Bureau, Child Welfare in the Insular Possessions fo the United States, Part I Porto Rico (Washington, D.C.: 1922): 55; American Child Health Association, Porto Rico: An Inquiry into the Health, Nutritional and Social Condititions in Porto Rico as They may Affect Children (New York: American Child Health Association, 1930): 138-139; "Acerca de los niños errabundos", Puerto Rico evangélico, 25 de marzo de 1918: 6; "Censo de niños abandonados", Journal of the Department of Education, 1, núm. 3 (1938): 11. 8. Archivo General de Puerto Rico, Libros de Novedades de la Policía de Río Piedras (en adelante LNP), libro (en adelante "1.") 122/133, 7 de dic. 37: 25. 9. LNP, 1. 8, 12 mar. 17: 25. 10. LNP, 1. 6, 17 mayo 16: 180-181. 11. LNP, 1. 6, 24 mar. 16: 71. 12. LNP, 1. 8, 12 mar. 17: 23; 1. 8,13 jun. 17: 149; 1. 121/131, 25 oct. 37: 70; 1. 122/133, 14 ene. 38: 245; 1. 1211/239, 6 oct. 38: 183-184; 1. 7,6 ag. 16: 38 mar. 16: 49. 13. LNP, 1. 7, 3 ag. 16:32; 1. 7, 17 ag. 16: 57; 1. 122/123, 10 ene. 38: 235; 1. 126/138, 20 jul. 38: 119. 14. LNP, 1. 122/133, 14 en. 38: 245. 15. LNP, 1. 6, 4 abr. 16: 92, 1. 9, 5 mar. 18: 37-38. 16. LNP, 1. 7, 7 dic. 16: 219; 1. 7, 9 oct. 16: 146; 1. 122/133, 6 ene. 38:217; 1. 122/133, 21 ene. 38:284. 17. LNP, 1. 8, 3 mar. 17: 11. 18. LNP, 1. 6, 6 abr. 16: 97; 1. 6, 17 abr. 16:124; 1. 8, 7 mayo 17: 95; L. 122/133, 5 dic. 37:10-11. 19. LNP, 1. 8, 3 mar. 17: 11; 1. 126/138, 6 ag. 38: 268,289; 1. 126/138, 8 ag. 38: 17. 20. LNP, 1. 130/143, 5 dic. 38: 126. 21. LNP, 1. 126/138, 11 nov. 38: 58. 22. LNP, 1. 9, 13 mar. 18: 52. 23. LNP, 1. 126/138, 16 jul. 38: 87-88. 24. LNP, 1. 10, 13 set. 18: 104. 25. LNP, 1. 211/139, 28 oct. 38: 282. 26. LNP, 1. 130/143, 4 dic. 38. 27. LNP, 1. 9, 1 abr. 18: 79; 1. 135/146, 26 mar, 38: 42. 28. LNP, 1. 121/131, 19 nov. 37: 209; 1. 130/143, nov. 38: 97. 29. LNP, 1. 211/139, 11 oct. 38: 208. 30. LNP, 1. 7, 17 ag. 16: 57. Osiris Delgado: La suerte de la
cuerda, óleo. |