Reseña


Comunicación, comunicología y comunidad


por Maximiliano Dueñas Guzmán

Colombiano. Posee una Maestría en Comunicación de la U.P.R. Es profesor de Comunicación y Director del Programa IDEAS del Colegio Universitario de Humacao.


Álvarez, Luis R. Televisión, video y comunicación: Apuntes y reflexiones. Humacao, Departamento de Comunicación, CUH, 1996.

Televisión, video y comunicación: Apuntes y reflexiones es el primero libro publicado por un profesor del Departamento de Comuni-cación del Recinto de Humacao (Universidad de Puerto Rico), departamento que celebra este año sus 25 años de existencia. ¿Qué significado le debemos dar a la publicación? Para poder hablar de posibles significados debemos esbozar contextos. El primer contexto que quiero enfatizar es el de la disciplina de la comunicación.

Nuestro campo, la comunicología, es uno de los campos del saber más antiguos --data desde los grandes debates sobre retórica entre los grandes pensadores de la antigua Grecia, o sea, hace 26 siglos--, y es a la misma vez uno de los campos más jóvenes, porque no se establece como disciplina académica en las universidades hasta la década del cincuenta en el caso de Estados Unidos y Europa Occidental, y las décadas del sesenta y setenta en el caso de nuestro país y del resto de Latinoamérica.

En este contexto --el de la comunicación como disciplina académica relativamente nueva, ya con imprimátur universitario-- la publicación del libro del profesor Luis R. Alvarez es una señal más de la madurez que va adquiriendo nuestro campo del saber. Hace tan poco como cinco años, eran escasos los libros sobre comunicación publicados en Puerto Rico. En el último año, y sin hacer mucho esfuerzo, puedo nombrar dos libros publicados, uno, por el doctor Luis Trelles sobre cine y, otro, por el doctor Eliseo Colón sobre publicidad y hegemonía. Otros indicios de esta madurez son la creciente presencia de estudiosos de la comunicación en el quehacer político y legal del país. Ejemplo de esto fue el testimonio del profesor Gaztambide en el caso de publicidad política de los dos partidos electorales principales del país. Según la información provista por la prensa, el testimonio del doctor Gaztambide fue clave en la decisión del tribunal. Esta madurez la debemos asumir con humildad, y así nos lo señala el profesor Alvarez cuando nos presenta el propósito de su libro:

Espero que la lectura y discusión del contenido de estos textos sirvan de estímulo para seguir avanzando en el análisis y en el intercambio de experiencias de investigación, producción, aplicación y evaluación de nuestras prácticas comunicacionales (xii).

El segundo contexto que les ofrezco para contribuir a dar significado a la publicación del libro también está relacionado con la disciplina de la comunicación. Nuestra disciplina, tal vez por razones muy relacionadas con sus dos historias --sus dos orígenes--, una antigua y una moderna, padece de un dualismo, de un polarismo, de una división muy debilitadora: me refiero al dualismo entre lo teórico y lo práctico, polarismo que lo he visto evidenciado tanto aquí como en los Estados Unidos, y que en Puerto Rico asume la forma de división entre lo teórico y lo técnico.

Esta división se ha convertido en un lugar común entre los que enseñamos comunicación en Puerto Rico, manifestándose en nuestros diálogos y debates. La formu-lación más clara y concisa de esta forma de pensar la encon-tré recientemente en un docu-mento de uno de los programas académicos de comunicación de la UPR, donde se establecía una dicotomía entre preparar comunicólogos y preparar comunicadores. Creo que mientras sigamos validando ese dualismo, no tendremos programas de comunicación pertinentes ni tendremos egre-sados que aporten significa-tivamente como ciudadanos ni como profesionales.

El profesor Alvarez es, para mí, una de las personas que más tenazmente se ha opuesto a esta falsa división entre la teoría y la práctica de la comunicación. Tanto su participación en la directiva de la Asociación Puertorriqueña de Programas Académicos de Comunicación Social (APPACS) como su quehacer en el Recinto de Humacao así lo evidencian. Al reconocer esto, podemos interpretar la publicación de su primer libro como un salvo adicional contra la tonta pero muy arraigada noción de que el comunicador no puede ser comunicólogo.

Según este segundo contexto, el significado de la publicación del libro del profesor Alvarez es muy sencillo, pero muy potente: quien mucho nos ha dado en producción televisiva y de video, también tiene mucho que ofrecernos con sus refle-xiones y apuntes sobre televi-sión, video y comunicación.

Vamos, entonces, a entrar en el libro, el cual consiste de quince ensayos, uno de los cuales fue escrito en colaboración con el profesor Carlos Pérez, bibliotecario en el Recinto de Humacao. Nueve de los ensayos están agrupados en una sección titulada Televisión y comunicación y los otros seis en una sección titulada Video y comunicación.

El más antiguo de los ensayos fue escrito en octubre del 1985, y el más reciente data de marzo del 1993. Sin embargo, la mayoría de éstos fueron escritos a partir del 1990. Mencionó el dato porque sospecho que el aumento en la productividad ensayista del profesor Álvarez es en gran parte debida a la visita de un año que nos hizo el doctor Jesús Martín Barbero en el 1989-90. Martín Barbero, uno de los más destacados teóricos de la Comunicación a nivel internacional, ha tenido mucha influencia entre nosotros los estudiosos de la Comunicación que tuvimos la oportunidad de participar en un seminario que él dirigió. Varios de los ensayos que el profesor Álvarez nos presenta en este libro --en particular el trabajo sobre los paradigmas de la Comunicación en América Latina-- reflejan un diálogo con las ideas de Martín Barbero.

Les propongo, para propósitos de esta reseña, una clasificación alterna de los ensayos, una clasificación que nos inclina a excluir algunos de los ensayos, pero que a la vez nos facilita un acercamiento a lo que considero son las ideas claves que hilvanan la mayoría de estos ensayos. O en otras palabras, las ideas que le dan personalidad al libro. Esta nueva clasificación nos permite agrupar los ensayos según la perspectiva del autor al escribirlos: aquéllos que él escribe desde la perspectiva de observador/analista de los medios y de la comunicación social; aquéllos que escribe desde la perspectiva del lector o interpretador de los mensajes de los medios; y aquéllos que escribe desde la perspectiva de productor de mensajes media-tizados (o más precisamente, de productor de mensajes a través del video).

Según esta clasificación, los ensayos escritos desde la perspectiva de observador o analista son los primeros cuatro ensayos del libro y el noveno: La nueva tecnología en TV, El impacto de la TV, Critica a los paradigmas de comunicación en América Latina, Apuntes para un estudio de la presencia de la televisión en la vida social y política de Puerto Rico, y Cultura, política y medios de comunicación. Uno de los hilos conceptuales que hilvana estos cinco ensayos es la noción de determinismo tecnológico. El problema lo plantea el autor en el ensayo sobre el impacto de la televisión cuando crítica los estudios inspirados en la idea de que la tecnología, en este caso la televisión, es la única causa de la violencia, de la pasividad o apatía cívica, y del sexismo en la sociedad. Para salir del escollo teórico al cual el determinismo tecnológico --en todas sus variantes-- ha llevado al estudio de la comunicación social, el profesor Álvarez nos sugiere cambiar el enfoque desde los mensajes, o sea, los contenidos, hacia las formas en que estos se producen (“los efectos que produce el trata-miento técnico de un progra-ma”, 9) y hacia las formas en que estos mensajes son interpre-tados por diferentes sectores del público (los estudios de recepción). El segundo de estos caminos sugeridos por el profesor Álvarez ha ganado muchos adeptos desde mediados de la década del 80, y ya hay un vasta literatura sobre recepción en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica. Estos estudios han permitido un mayor entrelazamiento interdis-ciplinario entre la Comuni-cación, la Psicológica social, la Antropología, la Sociología y aquella amalgama de saberes que se ha denominado estudios culturales. El primero de estos caminos, aunque menos transitado, también ha arrojado mucha luz sobre la compleja relación de sociedad y medios de información.

No obstante, creo que como profesión hemos tenido poco éxito en popularizar los conocimientos que han producido los estudios que enfatizan la recepción y las mediaciones técnicas de los mensajes transmitidos por los medios de información. Los mismos medios, los lideres políticos y hasta nuestros propios estudiantes todavía hablan de la relación sociedad-televisión en forma simplista y con ideas inspiradas en el determinismo tecnológico. Esto me hace pensar que como disciplina, tal vez necesitamos más libros como el que nos ofrece el profesor Álvarez, textos que ayuden a resumir y a diseminar las conclusiones de nuestros estudios, y menos libros que publiquen estudios sobre la complejidad de la relación sociedad y medios de información.

No obstante lo dicho, creo que la hegemonía o fuerza ideológica que ejerce la noción de determinismo tecnológico es tal que no nos es suficiente diversificar los estudios de Comunicación desde el mensaje hasta el receptor o el emisor. La tecnología de la comunicación es hoy tan ubicua que se ha tornado casi transparente. Y esa transparencia hace supremamente difícil pensar en formas que transciendan el determinismo tecnológico.

La segunda categoría de ensayos que les propongo

--aquéllos escritos desde la perspectiva del lector o intérprete de los mensajes mediatizados-- agrupa tres ensayos: La fotografía en la ‘civilización de la imagen’, De ‘Escalona’ a...’Hasta el Fondo del Dolor’, y La Disolvencia: Una nueva significación o un convencionalismo mal utilizado. El primero de estos ensayos, el de la fotografía, es un trabajo didáctico en el mejor sentido de la palabra. Es un trabajo que pienso utilizar mucho en mis clases, no sólo para impartir conocimientos sobre la lectura y clasificación de la fotografía sino para explorar las formas en que pensamos la fotografía y la imagen.

En este último sentido, el ensayo me sugiere la posibilidad de una(s) investi-gación(es) comparativas de la noción de imagen: Heidegger nos indica --en su célebre ensayo sobre “la época de la imagen del mundo”, que la esencia de la edad moderna es que el mundo pasa a ser imagen. La noción que nos sugiere el profesor Álvarez, que la imagen está relacionada con la idea de civilización, está más cerca de recientes hallazgos de la lingüística antropológica sobre la imagen como modelo cognoscitivo central a la constitución de la cultura humana. (Veáse, por ejemplo, Toward a Theory of Cultural Linguistics de Gary Palmer).

El ensayo también sugiere una(s) exploración(es) sobre nuestras formas de pensar la fotografía: ¿debemos hacer una oposición firme entre lo icónico y lo signos fonéticos como lo hacen los investi-gadores inspirados en Barthes? O, ¿debemos pensar en signos híbridos como la noción de foto-texto que ofrece Álvarez?

En el ensayo sobre el uso de la disolvencia en algunas telenovelas actuales, el profesor Álvarez refleja una forma de pensar sobre el lenguaje televisivo de la cual yo difiero. Respeto sus argumentos sobre la necesidad de convenciones en los lenguajes. Son, al fin, las convenciones las que nos permiten comunicarnos con un menor grado de duda. Reconozco también que son muchos los productores, directores y libretistas de cine, televisión y video que respaldan la defensa de las convenciones en el lenguaje televisivo y cinematográfico. Mi diferencia estriba en la forma que pensamos los lenguajes. Creo que debemos dar más atención a la historia de los lenguajes, o sea, reconocer que continua-mente los lenguajes cambian porque la sociedad cambia continuamente. Así la historia de una palabra --por ejemplo, la misma palabra comunica-ción; por qué en un momento era sinónimo de transportación y ya no-- arroja luz sobre los cambios en nuestras formas de comunicarnos y de ser sociedad. Abogo por una posición más liberal, más tolerante en cuanto a la experimentación y el cambio en el lenguaje cinematográfico y televisivo. Abogo pues, por un espacio para nuevas convenciones.

La tercera categoría de ensayos agrupa los escritos desde la perspectiva de productor de videos. De este grupo de ensayos me interesa sobretodo el que trata el video como “posibilitador del diálogo profesor-estudiante”. Me parece que este ensayo revela mucho sobre quien es el profesor Álvarez como persona. En mi opinión, Luis Reinaldo Álvarez es una persona compenetrada con el compro-miso de compartir, de enseñar. El tono de este ensayo es el de un maestro que ha encontrado un fantástico vehículo que le permite facilitar la educación --definida como el diálogo entre estudiante y profesor-- y que quiere compartir ese instru-mento con todos sus colegas.

A tenor con esto, y para volver a la noción de la personalidad del libro, creo que es la palabra compartir la que mejor resume esa personalidad o ese propósito. Un intento de compartir con sus estudiantes y con el lector no especializado algo de la historia de la disciplina de la Comunicación, algo de lectura crítica de los mensajes mediatizados, y algo del poten-cial del video como instrumento de enseñanza-aprendizaje.

No es casualidad que esa palabra nos permita resumir el libro de Álvarez. Como profesor de Comunicación, él bien sabe que el significado más antiguo de la palabra comunicación es el de hacer comunidad o el de compartir