


El Nilo
avanza
desde el ombligo del desierto
hasta el abierto delta
sobre el lomo del mar
atraviesa
los riscos los valles las llanuras
el musgo vcgctal de los oasis
la llama horizontal de las arcnas
por arriba y por abajo
avanza
dcsde el centro germinal de toda fuente,
desde el ticmpo del trucno y de la sombra
desde la hora primera de la piedra
avanza
su magma ajazminado
para dormirse luego
en luminosa torrentera.
África sc estremecc. Aletea. Gime.
El Nilo fluyc.
Escucha
mira
palpa
el crepitar el humo el rojo
abierto
en la alfombra púrpura de brasas
atrévete
atraviesa
imprime
tu planta y
traga
el hilo salobre de tu Iágrima
porque ya estás en el umbral del miedo
y entre su remolino te ves entreverado
avanza
estás dentro del fuego
mientras el viento te arroja a sus hogueras
mientras los otros te rniran asombrados
los que nunca
escucharon
la mano
desplegarse
en un bosque humedecido de caricias
cuando chispea el carbón de la mandrágora
los que nunca
admiraron
la campana y el mástil
el surtidor y el círculo.
Has desatado
el nudo sin fin de la batalla
y nadas en la otra orilla del combate.
Ya conoces la tercera ribera de las islas.
Ya comprendes el sentido de las rayas del tigre.
Estás en posesión
de toda la música y de todo el silencio.
Y los demás, nos temen.
y aunque no seamos ni jóvenes ni bellos
me gusta apacentar tu mirada cansada tras los lentes
dcscubrirte rincones en la piel y acariciarte
la barriga la sombra el hucso la fatiga
no admito otra metáfora: tu cucrpo
por donde escucho el aire
la vida me parece
tan clara tan simple tan de veras
tan rebosante
de lo que amamos y lo que desamamos
tan rica
de mí de ti de los que fueron y de los que somos
tan llena
de ese miedo
de no sabernos libres y de sabernos tristes
todo lo entiendo cuando siento
tu costado latir a mi costado
aunque no sepa si es el mismo
o es nuevo este nucvo juego de la vida
me dcsensillo bullo salto invado tus esquinas
reclamo
tu lugar en el aire y en mi almohada
desato las hogueras
inauguro
rituales de garra y de caricia
atravieso
la transparencia el humo la ceguera
la scd el grito el agua el río desmadrado
y me hundo en la búsqueda y emerjo
y me hundo
en la búsqueda
y emerjo.
Comienza a hacer oscuro y es el frío.
Intemperie.
La tarde entra en el sueño
y torna a su pesebre como
cansados caballos caminan a su establo
al deslizarse la noche por el aire.
La noche cubre el aire.
La noche cubre al durmiente y al insomne.
Ella duerme. Yo velo.
Escucho su respirar acompasado
su batalla de amor contra los días
escucho el palpitar jugoso de sus libros
su espada de palabras y sonidos.
Los platos de la cena
quedaron apilados
y en ese rincón de la cocina
-como pájaro durmiendo acurrucado--
sc escucha un amplio respirar de vida.
Cada tanto nos vcmos
en alguna vuelta imprevisible de ]as horas.
Y estamos más cansados porque cstamos más viejos.
Quizá también más tristes. Y acaso
más serenos.
Esta es la cuota que nos tocó en la vida
con vida y muerte y amor y desamor
y amor de nucvo
y gana
y esfuerzo
y la fatiga
Y volvemos a hablar
yo le cuento y ella me cucnta y yo le digo
de mi hermano muerto
y juntos recordamos
sus ojos tan azules que azulaban los ojos de los otros.
Le cuento que una mañana de Benarcs
(Varanassi la llaman hermosamente los hindúes)
he visto a un perro
comerse la oreja de un cadáver
y le cuento que mi hermano tenía ya
en su cuerpo de luz
el tencbroso color de lo podrido
porque toda la muerte es una sola e igual
y es siempre un acto de barbarie
y siempre su sombra va
delante, detrás, o dentro de nosotros.
Le cuento que pienso a veces
en las nubes como pastores blancos
que preparan la mesa roja de la resurrección
y allí estaremos todos scntados y scrcnos
mirándonos mirar la cabecera
dondc nos cstará mirando Dios.