Para quien quiera conocer el parto inconcluso de una era universitaria en Puerto Rico este libro Ilena el paladar del curioso.

La autora analiza la dinámica entre la universidad y el estado en el contexto de una sociedad pre-industrial, colonial y capitalista. Cuáles son las corrientes de pensamiento en torno a la

A propósito de un libro de Nereida Rodríguez: 
Debate Universitario y dominación colonial 1941-1947
El autor, puertornqueiio, es abogado y economista, y trabaja desde el 1985 como asesor legislativo de la delegación senatonal del Partido Independentista Puertorriqueio.
función y administración de la universidad; cómo se adaptan al contexto puertorriqueño, qué intereses, sectores y personas las adoptan, y cómo se entremezcla el debate sobre la misión de la universidad con el de la condición politica del país, constituyen los temas sobre los que se construye la historia de universidad del país.


La contribución de la autora va más allá del recuento histórico o del análisis ideológico. Las notas al calce y los anejos son parte indispensable del libro que nos permiten comprender mejor la relación entre los partidos políticos y la universidad durante la primera mitad de este siglo. También nos dan un vistazo de la conducción ideológica por parte del Gobierno Federal de parte del liderato del Partido Popular Democrático de una posición independentista a una francamente colonialista y subordinada.

Para los que nos formamos en la Universidad de Puerto Rico durante la década del 60 la contribución más estimulante del libro es la demolición de la visión de la universidad como 'casa de estudios', que el rector Benítez impuso durante su incumbencia entre 1948 a 1967. Este concepto, según Rodríguez, se toma del venezolano Arturo Uslar Pietri, quien opone al concepto de universidad latinoamericana como 'avanzada en la lucha nacional' que surge de la reforma de Córdoba de 1918, el concepto casa de estudios para formar 'un comando científico e intelectual del país'.

El concepto de casa de estudio se había convertido en el de una institución donde se forman los profesionales que el desarrollo económico del país necesita. En esa institución los estudiantes, se suponía, iban a recibir dócilmente el conocimiento incuestionado de parte de las autoridades. Al final del proceso se obtendría además del título, un empleo bien remunerado. Muy lejos también estaba esta visión de la universidad del Ilamado 'comando científico e intelectual del país', que supone la formación de unos agentes promotores activos de la investigación científica y la difusión del conocimiento.

El libro de Nereida nos recuerda desde el principio como los estudiantes que protestan y son activistas dentro de la universidad también constituyen luego el 'comando científico e intelectual - y yo añadiria moral del país', lo que hace irrelevante la antítesis de Uslar Pietri.

Desde que los estudiantes Antonio S. Pedreira, Lidio Cruz Monclova y Julio García Díaz firmaron una petición a la Asamblea Legislativa en 1919 demandando la independencia para Puerto Rico, hasta los albores de la huelga de 1948, el libro es un testimonio de como el liderato estudiantil activista en sus aiios universitarios es también parte del liderato intelectual y cívico de la posteridad.

No voy a ilustrar con más ejemplos que el de las tres figuras antes mencionadas. Pedreira se convirtió en un distinguido educador y ensayista cuya obra y algunas de las controversias en torno a ella se comentan y analizan en el libro. Su prematura muerte privó a la institución universitaria y al país de una titánica confrontación intelectual del más alto nivel concebible con su discípulo, el licenciado Benítez y el sector independentista de la universidad.

Don Lidio Cruz Monclova es nuestro historiador nacional del siglo XIX. Su obra monumental sobre la historia de Puerto Rico durante ese siglo sigue siendo una fuente inagotable de información sobre la forja de nuestra nacionalidad.

Don Julio García Díaz, además de convertirse en un destacado profesor de biología, cuyo nombre prestigia uno de los edificios del recinto riopedrense, fue el candidato a rector que el sector independentista dentro de la universidad oponía al licenciado Benítez en 1942. Fue fundador del PIP en 1946 y su candidato a Gobemador en 1960.

Los eventos que se narran y analizan en el libro tienen su desenlace inmediato en la huelga de 1948. En este evento convergen la afirmación independentista simbolizada en el reconocimiento propuesto a don Pedro Albizu Campos, con la lucha por una reforma universitaria que garantice la autonomía de la institución frente al partido que esté en el poder y la participación de estudiantes y profesores en la gestión administrativa y académica.

El resultado inmediato de la huelga fue todo lo contrario a lo anhelado por los estudiantes. Las limitadas conquistas alcanzadas en la Ley 135 de 1942 fueron derogadas por las leyes de 1949, promovidas por loslegisladores populares. Estas leyes entronizan al licenciado Benítez como virtual dictador de la universidad. La expulsión del liderato estudiantil y de reconocidos profesores de ideología independentista, junto a la aplicación de la mordaza dentro del campus, imponen la paz por los próximos 16 años.

Hoy, a casi 50 años de la gesta del 1948, la reforma universitaria permanece inacabada pero los estudiantes han recuperado algunas de las conquistas de 1942. Sobre todo, ya nadie podrá pretender impunemente imponer de nuevo la mordaza para que la universidad deje de ser fermento de afirmación nacional y laboratorio de ideas.