


POR ESTO
Porque apegué el reseco corazón a la tierra
junto a los viejos troncos de húmedas raíces
y absorbí hasta las venas su vida fría y lenta
porque sentí ascender la savia en el silencio
y escuché en el silencio crecer los verdes gajos
los arroyos minúsculos y el vaho de la tierra
renegué de mi sangre tibia y desordenada
alzándose y cayendo en mareas absurdas.
No quise más mi cuerpo, mi mirada sedienta.
-Ojos de un agua mansa
piel de corteza fría
y lisura de piedra--
Limpia luz de rocío, que no quiero mirarte
sino ver desde ti, el aire, el agua en sombra
el temblor verde, arriba.
Y no escuchar los pájaros, sino estar en el golpe
de alas, en el vuelo
hacia el azul sombrío.
(En el tiempo)
NO HABRÁ
Construyendo los días uno a uno
bien puede ocurrir que nos falte una hora
-tal vez sólo una hora--
o más o muchas más, pero raro es que sobren.
Siempre faltan, nos faltan.
Quisiéramos robarlas a la noche
pero estamos cansados
nos pesan ya los párpados.
Nos dormimos así y la final imagen
-antes de zambullirnos en el sueño--
es para un día nuevo, de anchas horas
como llano estirado, como viento.
Lastimosa mentira.
No habrá días-burbujas imprevistos
sorprendentes, abiertos
El zumo de este día transcurrido
se filtra por el borde de la madrugada
y ya la está royendo.
(Cambios, permanencias)
POEMAS DE CARAGUATÁ
(Imagen final)
II
Pequeños paraísos imperfectos
y aún así, aún así,
paradisíacos
instantes frágiles.
Rodeado a ciertas horas por extrañas
perfecciones de corta duración, de imprevista
llegada, sorprendido
por un tono de luz inesperado
que alumbra el aire inmóvil.
(De los árboles sale olor de lluvia
un olor de humedad y de madera)
Suspendida en el aire
una hoja de sauce tiembla y gira.
Una tela de araña la sostiene.
La tela es invisible
La hoja es como un signo
amarillo en el aire
y gira.
(Dos voces)
SI P, ENTONCES Q
Red fortísima, de hilos de acero.
Afirmación y negación se enlazan
se siguen, se desprenden como gotas
de plomo derretido, que se sueltan
de las premisas, como de altos hornos.
Nadie corta estos hilos.
Nadie pellizca la piel de la 1ógica.
Los finísimos dedos arrojan
su red sobre las cosas.
Sin embargo
la red vuelve vacía.
(Dos voces)