


Los blancos inventaron la metáfora
porque no podían ser negros. Esto
en el principio. Luego seguimos por el
camino a la montafia, los ojos empañados
de polvo, palmo a palmo vadeamos la orilla
del río donde nos detuvo aquel pájaro azul
junto a la orilla. Es que habíamos imaginado
al origen blanco, a la nada blanca, al silencio,
cuando nadie hablaba ni decía, cuando nombrar
es fundar, ahondarse en el nombre, blanco. Alba,
cuando mucho aurora, esa necesidad de inaugurar
que va pasando del blanco al rosa sin un mínimo
roce de una piel, cuando el mundo está lleno
de pieles para el roce, sí, si ya decir sí es piel.
Del blanco al rosa naturalmente, en un silencio
sospechoso porque hablar despierta el agua,
vuela el insecto, mantis se persigna, saltan
las sectas de venados. En ese momento el negro
vio el origen negro y, literalmente, se le desgarró
la garganta.
( La vida mantis)
Mi padre se llama José. Es viudo
desde los treinta y dos años. Tiene setenta y tres
ahora. Enviudó de mi madre, Elena, que murió
a los treinta y dos años. Comunista, mis tíos , los
hermanos de mi madre y los vecinos de mi padre
decían que era comunista. Toda mi infancia oí
que mi padre era comunista, en la década
de los cincuenta, cuando la influencia americana
-hoy se diría: norteamericana, pero en aquella época
era la influencia americana--, brillaba en los zapatos
de Doris Day, rojos como mi vergüenza, no como mi sexo,
rojos como las recámaras.
Ser comunista en Uruguay en los cincuenta era sinónimo
de ser valiente porque te apedreaban. Hijo de José,
el comunista, huérfano de madre y con conciencia
de que te apedrean, durante mucho tiempo creí que yo era Cristo.
A los cincuenta años mi padre fue a la cárcel, cayó preso.
Apareció en televisión, rapado, alias Jacinto, por vinculación
con el MLN Tupamaros. Fue condenado a 24 años de prisión
pero salió a la mitad de la pena, a los doce años, amnistiado.
Esos doce años preso los pasó en el Establecimiento
Penal de Reclusión Militar núm. 1 Libertad; digo,
estuvo 12 años preso en Libertad. En cuanto a mí,
ya no me fue posible escapar a la poesía.
(Son de mi padre)
Cómetelos, Milán,
cómetelos. La identidad
está en los dientes, en estos
dientes, en estos días enteros de poesía
sin clientes. La casada está sola, abandonada
con su abanico. Y el abanico solo con su aire
rodeado de picos, que es por donde sale el canto
sin idea. Canto porque sí, porque es de día.
Sabías que era así, siempre con árboles. Tanto
era así que una vez había una voz que decía:
cómetelos, Milán, cómetelos. La identidad está en los
dientes. Días raros de poesía sin clientes.
(Errar)
Me refiero a ti como a dos fieras porque
una herida son dos fieras. Hay que estar
muy herido para referirse, muy herido de lenguaje.
Me refiero al Cañón del Colorado. Me refiero a
un abismo desnudo que Christo viste, en la
aurora lo veo en su cresta. Me refiero a la nada,
el punto opuesto donde está Christo. Escribir es
desnudarse, escribir es vestirse. Pero el vértigo
no viste, viste el rojo, el pájaro de sangre, el
gorjeo del pájaro de sangre en Inglaterra: pío, pío.
La que te cubre no cobra por vestirte. Ella, la
doncella leve que sobre ti se deposita, esposa del
esposo, gemela del gemido. Por último,
sin miedo, me refiero a mí.
(Errar)
A Roberto Vallin
Desapareció el chajá del Uruguay.
Lamento por el chajá del Uruguay
que muchos confunden con ñandú.
Era un pájaro que andaba por el campo
cuando yo iba a la escuela, bien vestido.
Mi padre me leía El principe feliz
mi padre me quería decir algo,
había un duelo de almas que me permito llamar par.
Por el campo iba el chajá. Más que lumbre, más
que un roce de una piedra contra otra para producir
yesca, más que un roce de una piedra contra otra
para producir arapey, abayubá, yoruba. Yo ando
cuando quiero por allí, aunque sea en cuatro patas,
yo gateo. El que ya no está es el chajá. Pasó
a la memoria de Gea.
(Son de mi padre)

