EXÉGESIS |
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X Aniversario |
La Economía Doméstica sobre el papel: La enseñanza de las Ciencias del Hogar en las escuelas públicas de Puerto Rico entre 1903 y 1931Cruz M. Ortiz Cuadra |
Puertorriqueño. Completó estudios en la Escuela Graduada de Historia de la U.P.R. Ha tomado cursos en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe y en el History Workshop Center for Social History del Ruskin College en Oxford. Es Catedrático Asociado en el Departamento de Humanidades del CUH. |
«Enseñad siquiera a leer a esa infeliz mujer de nuestros campos; facilitadle el medio de que aprenda a interpretar lo que encierra un libro, y la moral evangélica que dignifica el alma y la Higiene [sic] que purifica el cuerpo y la Economía Doméstica que auxilia al pobre...»
Salvador Brau, La Campesina, 1888.
«El trabajo manual de los alumnos en las escuelas, tal como ahora se practica, fue obra iniciada por los educadores americanos. Bajo el régimen español se enseñaba en las escuelas de niñas la costura a mano en forma muy perfecta...; pero no se enseñaba, como ahora a las alumnas la llamada ciencia doméstica en la extensión y variedad que se le ha dado últimamente.»
Manuel Fernández Juncos; en: The Puerto Rico School Review, 5 de mayo de 1917.

Salvador Brau vivió los primeros años del siglo 20 para poder ver lo que el sistema educativo comenzó a hacer. Manuel Fernández Juncos no sólo lo vio, sino que lo vivió... y pudo contarlo.
Durante los primeros 30 años del siglo 20, el Departamento de Educación se dio a la tarea de incorporar en las escuelas públicas del país los cursos de economía doméstica. Apoyados los directivos norteamericanos en la idea de que el progreso material y social de la colonia se podría lograr estableciendo pautas educativas que condujesen a la sistematización de las tareas domésticas básicas, se inauguraron desde 1902 --no sin tropiezos ni dificultades-- los cursos educativos que pretendían sentar pautas para transformar la administración hogareña, la sanidad y la higiene del hogar, los métodos de cocina, el manejo de los alimentos, y las tradicionales técnicas de costura doméstica. Se entendió entonces que la educación doméstica --con sus distintos énfasis-- podría capacitar a miles de niñas del país para, una vez trasladados al hogar, aliviar los problemas de las familias más humildes de Puerto Rico.
El trabajo que sigue explora pues la evolución de los diversos programas, cursos de estudio y modelos de enseñanza de educación doméstica que fueron redactados por el Departamento de Educación y la Universidad de Puerto Rico para ponerse en práctica en diversos escenarios educativos y en distintos momentos durante el período que va entre 1902 y 1932. Intenta demostrar que los dirigentes educativos del país, aún cuando se valieron de estrategias educativas de origen fundamentalmente norteamericano -y en un momento estuvieron aliados a los intereses económicos de la industria textil- siempre tuvieron que acoplarse a las condiciones materiales y a ciertos elementos idiosincráticos de la población estudiantil de Puerto Rico para poder ejecutar un proyecto de gobernabilidad colonial que emanaba desde el estado.
En este trabajo intento mostrar además que la enseñanza de la educación doméstica evolucionó para adoptar --al menos enunciativamente-- ciertos modelos de educación hogareña que yo llamo aquí de las siguientes formas: el modelo de utilidad doméstica (en cierta manera compatible con las ideas de los grupos ilustrados del Puerto Rico de fines del siglo 19, pero más sanitario y científico, preconizado con mayor exclusividad entre 1902 y 1916). En términos generales propendía éste a una educación doméstica elemental que inculcara a las niñas las nociones básicas conducentes a reafirmar su futuro papel de madres y esposas. Ellas despertarían sus instintos femeninos y se ajustarían a las nuevas prácticas hogareñas, creando así una sociedad civilizada y progresista. El modelo de utilidad doméstica, aún cuando será superado por otros enunciados en momentos históricos diversos, jamás será abandonado, pues constituirá el corazón de la educación doméstica femenina.
Con el nombre de modelo práctico-patriótico he querido significar aquella modificación que se introduce en las actividades y estrategias de los cursos de economía doméstica durante el período en que Estados Unidos se involucró en la Primera Guerra Mundial, entre abril de 1917 y 1918. Tomando como registro cronológico el año de 1920 se inicia el modelo que los propios directivos de educación llamaron pre-vocacional. Este modelo puso énfasis en la educación en costura en las escuelas públicas de Puerto Rico para tratar de cumplir dos objetivos: abrir el camino para hacer de las niñas y madres jóvenes trabajadoras asalariadas, y nutrir la demanda de mano de obra de la industria textil.
Entre
1926 y 1930, la Universidad de Puerto Rico jalona el programa de
educación doméstica para diversificar las posibilidades
de empleo de sus egresadas sobre la línea de la economía
doméstica. He querido llamar este modelo con el nombre de
modelo de profesionalización. Y finalmente el modelo
vocacional, inaugurado en 1931 a raíz de la extensión
a Puerto Rico de los fondos Smith-Huges y la creación de la
Junta Insular de Instrucción Vocacional.
He querido adoptar estos términos porque a lo largo de los primeros 30 años del siglo XX, las instituciones educativas desde donde emanaban los saberes domésticos, en ciertas instancias se movieron para responder a las pulsaciones de la realidad colonial y --como-dije-- mantener un proyecto de gubernabilidad colonial.
Pienso que este trabajo --con todas sus virtudes y sus defectos-- pude iluminar sobre ciertas áreas del proyecto educativo colonial que la historiografía de la educación en Puerto Rico --a excepción de Juan José Osuna demasiado sintonizado con el proyecto-- no ha tratado. No, por otro lado, pretende decir que la adopción de estrategias educativas tendientes a paliar los males sociales de las familias puertorriqueñas --valiéndose de la educación doméstica femenina-- fueron exitosas del todo, y que detrás de ellas tampoco había un proyecto colonial. La evaluación de esas estrategias y la naturaleza de ese proyecto no son los propósitos inmediatos de esta investigación.
Quiero agradecer las aportaciones críticas que en varios momentos me ofreció la Dra. Mayra Rosario Urrutia como parte del Seminario de Investigación Americanización y Progreso, 1900-1920, en la Escuela Graduada de Historia de la Universidad de Puerto Rico. También agradezco las gestiones del Dr. Francisco Moscoso para facilitarme la investigación en el Archivo Central de la Universidad de Puerto Rico. A la señora Amarilis Hernández, Directora del Archivo Central, le quiero reconocer todas las gestiones que hizo, sin reparos, para duplicarme todos los documentos que se me antojaron del Archivo.

Muchos de los problemas de los sectores populares puertorriqueños habían sido objeto de reflexión y preocupación por parte de los núcleos letrados del Puerto Rico de fines del siglo XIX. Salvador Brau, Manuel Zeno Gandía y Francisco del Valle Atiles por ejemplo, habían glosado al respecto, y coincidían en que los problemas de las familias puertorriqueñas pobres se originaban en la falta de educación hogareña de que adolecían los sectores más humildes del país. Una pobre vivienda, mal manejada y escasamente higiénica, una escuálida alimentación, mal cocinada y mal presentada, irremediablemente conducía a una membresía familiar desganada, enfermiza e indolente.1
Durante los primeros treinta años del siglo XX, los problemas señalados por Brau van a ser abordados con una lógica concreta y cientificista, emanada principalmente de instituciones como el Departamento de Salud, la Escuela de Medicina Tropical, el Departamento de Educación y la Universidad de Puerto Rico. Desde estas instituciones normativas, creadas como partes de un proyecto de gobernabilidad colonial, comenzarán a establecerse planes para erradicar los males que se entendían ocasionaban la pobreza, las enfermedades, el alcoholismo y otras miserias sociales que agobiaban a los sectores marginales del país y que, por lo tanto, imposibilitaban el desarrollo ordenado y civilizado de la sociedad 2.
Uno de los puntos neurálgicos que se entendió entonces debía re-orientarse, fue la vida doméstica. Durante los primeros años del siglo XX, el gobierno norteamericano, a través del Departamento de Educación, iniciará en las escuelas públicas del país varios programas-dirigidos sobre todo a las niñas en los grados intermedios-, encaminados a re-orientar los trabajos que históricamente habían realizado la mayoría de las mujeres puertorriqueña pobres en el espacio doméstico: limpiar, lavar ropa, cocinar, tejer y criar. Agrupados bajo el nombre de «economía doméstica», se iniciará pues la diseminación de una serie de saberes sobre higiene, nutrición, embellecimiento del hogar, cuidado de la apariencia y organización de las tareas domésticas que se predicarán como soluciones a las penurias sociales de las familias puertorriqueñas.
Los primeros cursos donde comenzaron a asomar las más recientes nociones sobre administración del hogar se originaron dentro del sistema de educación pública del país en 1903. Entonces, Señala J.J. Osuna, se establecieron las denominadas «escuelas industriales» en los municipios de San Juan, Ponce, Mayagüez, Arecibo y Guayama. En estos incipientes centros cobraron forma las llamadas asignaturas «especiales»: Inglés, Español, Ciencias, Historia, Dibujo y Trabajo Manual. 3
Las
escuelas industriales estuvieron ofreciendo cursos en artes manuales y
principios básicos de cocina entre 1903 y 1907. Al parecer, la
escasez de personas especializadas, particularmente en el área
de cocina, dietética e higiene del hogar, así como unos
conflictivos criterios de clase y de género, llevaron a la
clausura de las escuelas industriales. Hacia 1908, la aportación
legislativa que las sostenía cesó de asignarse. 4
Dos años más tarde el Departamento de Educación volvió a insistir en la importancia de los cursos. En 1910 se incluyó en el currículo de las escuelas públicas de San Juan un curso sobre ciencia del hogar dirigido a complementar las materias básicas que aprendían las niñas puertorriqueñas en los grados elementales e intermedios. En estas clases se pretendía acercar a las niñas a los concocimientos sobre higiene en la cocina y digestibilidad de ciertos alimentos, además de ponerlas a experimentar con las maneras de cómo servir la mesa y atender a los invitados. Este nuevo impulso del Departa-mento de Educación se extendió hasta las escuelas intermedias de Río Piedras, Juncos y Yauco, pero aún sin resultados prometedores. Aunque hacia 1913 ya se registraban catorce municipios enseñando cursos relacionados con la ciencia doméstica, la matrícula de niñas en los mismos (a diferencia de la matrícula en los cursos de costura) era apenas de 445 niñas. 5
Fue durante el año de 1913 que el Departamento de Educación, entonces dirigido por E. M. Bainter, inauguró como obligatorios los cursos en economía domésitca. Se hizo necesario pues, instituir una superintendencia de economía doméstica dentro del mismo Departamento, cosa de normalizar el orden y el ofrecimiento de los cursos en las escuelas públicas de Puerto Rico. Para organizar la superintendencia se reclutó a la profesora Grace J. Ferguson.
Según consta en los expedientes de la facultad de Economía Doméstica depositados en el Archivo Central de la Universidad de Puerto Rico, la Profesora Ferguson había trabajado como maestra de Economía Doméstica en la Escuela Superior de Artes Manuales de la ciudad de Kansas, donde el comisionado Bainter había ejercido como principal. Ferguson, además de ejercer el magisterio, también había sido la organizadora del Departa-mento de Economía Doméstica de la mencionada facultad. 6
A las
iniciativas de esta científica del hogar se deben tres proyectos
que fueron decisivos en el curso de la enseñanza de la
economía doméstica durante los años de 1913 a
1929: la redacción y publicación del primer texto para
la enseñanza de la economía doméstica en las
escuelas públicas de Puerto Rico, titulado Home-Making and Home
Keeping, a Textbook for the First Two Years Work in Home Economics in
the Public Schools of Puerto Rico; la organización de la
primera escuela de verano para la preparación de maestras de
economía doméstica para las escuelas públicas; y
el reclutamiento de 150 maestras continentales entrenadas en las
ciencias del hogar para re-entrenar a las maestras del patio en los
métodos de enseñanza de la ciencia doméstica. En
1919 Fegurson regresó a los Estados Unidos. Es importante
valorar la obra de esta profesora a la luz de las nuevas posibilidades
de trabajo que se le presentaron a la mayoría de las mujeres
puertorriqueñas durante el período de la Primera Guerra
Mundial.
La decisión del presidente Wilson de entrar en la primera Guerra Mundial en abril de 1917 restructuró la política pública de un sinúmero de agencias gubernamentales estadounidenses que tenían relación con áreas de bienestar social, educación y producción y distribución de bienes y servicios, así como también promovió la creación de varias secretarías que se encargarían de diseñar políticas públicas para encarar a las condiciones guerra. 7
En Puerto Rico se creó la Puerto Rico Food Commission, que velaría por la implementación de un plan de producción alimenticia de emergencia en las escuelas públicas del país, se rediseñaron las actividades de la Cruz Roja, se implementaron programas para diseminar propaganda sobre los deberes patrióticos en distintas instituciones y escenarios; y claro, se reestructuró la enseñanza de la economía doméstica y sus dos áreas fuertes, cocina y costura. Mientras duró la intervención norteamericana en el conflicto se puso énfasis en un modelo práctico dirigido a entrenar a las jovenes educandas para servir en el espacio público y para trabajar como asalariadas en la industria textil (ya doméstica ya industrial). 8
Durante el año de 1917 la profesora Ferguson, entonces supervisora de economía doméstica para las escuelas públicas de Puerto Rico, reestructuró la manera como se empleaba el manual de estudios de que se realizaban en y fuera de los salones de clase. La posición de Grace en el Departamento de Educación le permitió entonces poner en práctica una serie de estrategias-procedentes, claro, de las altas esferas del Departamento en la intención de afinar el sistema educativo a las prioridades de guerra-, que ella, desde su arribo en 1914, favorecía. Al igual que la mayoría de las activistas en la ciencia doméstica en los Estados Unidos, Ferguson creía que los problemas sociales de las familias puertorriqueñas también se generaban debido a los pocos ingresos que las mujeres humildes aportaban al presupuesto hogareño. 9 Esto-entendía ella-, se debía a la incapacidad de cientos de mujeres puertorriqueñas de incorporarse al mundo del trabajo asalariado por carecer de destrezas en labores manuales y prácticas y por desconocer los métodos del trabajo doméstico científico. Dicho de otro modo, Ferguson, que había visto la educación doméstica como el paliativo pedagógico para proveer de un salario a las mujeres pobres del país, ahora veía el camino expedito para, con la aprobación del Departamento de Educación, redefinir el programa de educación doméstica siguiendo un modelo que quiero llamar aquí vocacional-práctico-patriótico.10
Cuando en 1914 se inaguró el curso de estudios preparado por las escuelas públicas del país, la línea de contenido fue esencialmente dirigida a la enseñanza de nociones básicas en tres áreas de trabajo doméstico: cocina, costura y -con menor énfasis-, higiene, aseo y sanidad del hogar. 11 Las maestras debieron privilegiar la enseñanza en el salón de clase de ciertas destrezas manuales y de ciertos conocimientos teóricos que deberían ponerse en práctica en la vida doméstica de las educanas en sus primeros años de crecimiento como personas. El model iniciado a partir de 1914 imaginaba a una educanda que, en la medida en que evolucionaba biológica y emocionalmente, se nutriría de conocimientos en el salón de clase para trasladarlos luego a hogar. Este sería el espacio donde se practicarían las teorías sobre higiene, aseo y sanidad, y el lugar donde -de acuerdo a los recursos de la Familia-, se producirían los objetos materiales que convertirían al hogar -y a sus miembros- en ciudadanos normales de la sociedad. Una vez despertados los conocimientos, la razón innata de las jovenes las llevaría a tomar las decisiones correctas para realizar las prácticas apropiadas en la administración del hogar.
The course is made to cover nine school months, allowing five fifty-minute periods each week for the two studies [cocina y costura]. The aim of the course is first, to make the child familiar with a kitchen, the ordinary utensils, together with the simple methods of cooking, serving and cleaning; and, second, to help her aequire a certain amount of skill in handling both cooking and serving materials. After this foundation has been laid, and the childs interest awakened, her own reasoning ability should be developed, and she should be taught to be independent of the aid of a teacher, capable of working out written or printed directions for cooking and serving in a practical manner.12
Por otra parte, el modelo preparado por Ferguson en los años previos a la guerra no consideraba explícitamente una educación que sirviera a las jovenes para emplearse en talleres textiles en el servicio doméstico o en labores relacionadas con el servicio de bienestar social.
Por el contrario, racionalizó el curso de estudios sobre una tesis política donde el progreso social se originaría en el hogar y no en el trabajo fuera del espacio doméstico.
The problem is not merely one of teaching how to cook and sew, but rather how to live. Girls are constantly dropping out of school after the sixth grade to go into homes of their own, and this work should help them to becom intelligent homemakers and capable mothers, able to meet the common needs of every-day life. The idea that the teaching of home economics is merely and American custom is to be discouraged and the term in its broadest, fullest meaning should be developed. Home economics evolves the principles of right living. It now forms a part of the regular school curriculum of all progressive nations. A nation is no stronger then its homes, and no nation can be powerful which has not the right kind of homes. Homes consist of individuals who must be healthey and happy in order to make desirable citizens. Health and happines depend upon everyday conitions in the home. Girls are the home-makers and upon their shoulders rest these responsabilities. It is therefore, necessary that they be taught how to meet them.13
El modelo de utilidad doméstica que preconizó Ferguson en los años prebélicos también consideró-al menos teóricamente- las desigualdades sociales de los hogares de las niñas y las diferencias de clase entre las estudiantes. Al finalizar el año 1914 el Comisionado de Educación E.M. Bainter resumía los rasgos principales de este modelo:
La inspección general de economía doméstica preparó un plan de estudios para la enseñanza de cocina y costura, y además publicó boletines mensuales dando instrucciones acerca de lo que había que hacerse cada día. En estos boletines, enviados por la oficina central a cada uno de los maistros especiales, se trató de asuntos de higiene y sanidad aplicados especialmente al hogar; el cuidado de los niños y los enfermos; de los alimentos más convenientes para los niños y los adultos; de la ventilación, limpieza, personal, vestido, preparación y presentación de alimentos, etc. [sic]. Se trató así mismo de la fabricación de telas, empezando por los métodos más primitivos, de la selección de materiales para adorno de distintas clases y de la comparación y armonía de los colores, y se dieron algunas nociones acerca de las plantas textiles y de la manera de fabricar las telas etc.[sic].14
La reestructuración del gobierno colonial para acoplarse a las condiciones de guerra jalonó el modelo de utilidad doméstica. Previo a abril de 1917 el Departamento de Educación había seguido esta línea, pero ahora se movía para dar prioridad a aquellas actividades prácticas de la educación doméstica en las cuales el trabajo manual estudiantil en los salones de clase produjera objetos necesarios en el frente de batalla o en los distintos enclaves militares que ahora se advenían a la alarma de guerra. Pronto, a los trabajos manuales individuales propios del curso se les adjudicó un significado colectivo y patriótico para servir a la nación.En 1938 Ferguson rememoraba el momento cuando se inició el modelo que he llamado práctico patriótico. «Durante el período de la Guerra Mundial las clases de economía doméstica aprendieron [sic] a sustituir el trigo por féculas de yautía y a preparar recetas con ella. En todas las clases de economía doméstica se organizó la Cruz Roja Juvenil. Las clases de costura literlmente hicieron miles de miles de prendas de vestir para los soldados. Las estudiantes contribuyeron con dinero para comprar cinco ambulancias que se mandaron a Francia.»15
La reorganización de la enseñanza de economía doméstica durante la guerra promovió además que las maestras y las estudiantes se organizaron para servir como oficiales de enlace entre las comunidades rurales y las oficinas del Departamento de Educación, la Puerto Rico Food Commission y la Cruz Roja Juvenil. Pronto se le asignaron tareas de liderato que, junto a los trabajos en la industria textil, les permitieron experimentar en otra dimensión social lo que aprendían en los cursos. Por ejemplo, a muchas se les asignó la organización de visitas a los hogares y la convocatoria a reuniones públicas en los lugares más remotos para diseminar lo que el Comisionado de Educación Paul Miller llamó «the gospel of food economy». Este «evangelio» iba encaminado a diseminar literatura sobre cómo aumentar la producción de alimentos locales, distribuir semillas para cultivos que instituyeran la dependencia en productos importados y enseñar a las mujeres a preparar recetas utilizando sustitutos de la carne y del trigo.
También a las estudiantes de las escuelas públicas de San Juan se las organizó para exhibir los métodos de cocina que se experimentaban en las clases y demostrar a las familias más pobres como se podía aumentar el rendimiento de los alimentos. En muchos casos a las candidatas a maestras de economía doméstica se les asignó demostrar en las comunicdades cómo derivar almidón y harinas de la yautía y la batata; y a las maestras puertorriqueñas se las movió fuera de los salones de clase para que enseñaran principios de economía doméstica -en el idioma español- una vez a la semana a las madres de San Juan. También se las organizó para que llevaran a cabo , una vez al mes, los «neighborhood evenings» en las escuelas superiores de sus distritos. 16
El giro que le imprimió la guerra a los cursos de economía doméstica (poniendo énfasis en la capacidad para el trabajo manual textil de las estudiantes y considerando la labor social en la comunidad como un complemento necesario del proceso de enseñanza aprendizaje), fue entendida por ciertos núcleos letrados del Puerto Rico de principios del siglo -identificados con el sistema de educación- como laudable y felizmente revelador de los adelantos pedagógicos que el departamento de educación impulasaba con la educación práctica y la economía doméstica. En mayo de 1917, Manuel Fernández Juncos, enrtonces director de la Biblioteca Carnegie en San Juan, publicaba un editorial en el Puerto Rcio School Review donde calificaba este cambio en los cursos de ciencias del hogar como no de gran «extensión y variedad»:
« Ha llamado poderosamente la atención del público la exposición de trabajos manuales de las escuelas, en la parte alta de la Biblioteca Carnegie. La variedad, utilidad y buen gusto artístico de la mayor parte de los objetos allí reunidos fue como una revelación felíz del adelanto escolar para muchos padres de familia que no visitan las escuelas con la frecuencia debida, a fin de enterarse del trabajo que realizan sus hijos en las clases. El trabajo manual de los alumnos en las escuelas , tal como ahora se practica, fue obra iniciada por los educadores americanos. Bajo el régimen español se enseñaba en las esuelas de niñas la costura a mano en forma muy perfecta, así como los trabajos artísticos de encajes de calado y de bordado, que solían alcanzar una adminrable perfección, con detrimento a veces de la vista de algunas niñas que se entregaban con mucho entusiasmo a estas primorosas labores; pero no se enseñaba, como ahora a las alumnas la llamada ciencia doméstica en la extensión y variedad que se le ha dado últimamente.» 17
En junio de 1919 Grace J. Ferguson regresó a los Estados Unidos. Para continuar los trabajos de Grace se nombró como supervisora de economía doméstica a la señorita Elsie Mae Wilsey a principios del 1920. La experiencia derivada por los administradores de la educación pública en Puerto Rico durante el año bélico sentó las bases para una revisión curricular. Entonces se diseñará el programa con miras a una educación doméstica que, sin descartar del todo el modelo de utilidad hogareña, privilegiará un enfoque de educación que los planificadores pedagógicos llamarán pre-vocacional. Los cambios súbitos en la posibilidades de empleo de la mayoría de las mujeres en la industria textil, el sesgo hacia la profesionalización de las mujeres de clase media y alta en la medida en que la Universidad de Puerto Rico recibía más mujeres dispuestas a educarse y a graduarse, las transformaciones en las representaciones femeninas en la sociedad urbana y sibarita de San Juan estimulará esta línea, pedagógica doméstica entre 1920 y 1929.
Elsie Mae Wilsey ocupó la suspervisión de economía doméstica del Departamento de Educación en los primeros meses del 1920. Soltera aún, contaba con 53 años de edad al ser designada a este decisivo puesto en el sistema educativo público del país. Wilsey había graduado del Colegio de Pedagogía de la Universidad de Chicago en 1913, y decidió ese año trasladarse a Puerto Rico para desempeñarse como maestra de economía doméstica. Posiblemente reclutada por Ferguson, trabajó en la Escuela Superior de Arecibo hasta 1914 y, al año sigiuiente, decidió moverse a San Juan para ejercer el magisterio en la Central High School durante los años de 1914 y 1915. Como muchas de sus colegas educadoras, en 1916 decidió proseguir su carrera en aquellas instituciones universitarias norteamericanas donde la ciencia doméstica contaba con la más larga tradición académica. Así, en 1916 ejerció como instructora de economía doméstica en el Iowa State College of Agriculture, y posteriormente en el Kansas City Junior College, donde trabajó como directora del Departamento de Economía Doméstica. El año de 1918 lo pasó enseñando su especialidad en el Washington State College of Agriculture. Wilsey regresó a Puerto Rico otra vez al comenzar los 1920, y de aquí en adelante ejercerá diversas posiciones directivas en el Departamento de Educación, en la Universidad de Puerto Rico y en la instrumental Junta Insular de Instrucción Vocacional. Vivió en su apartamento del Hotel Bellevue, en Condado, hasta 1937. A los 80 años, esta dinámica economista del hogar volvió a por tercera vez a Puerto Rico en el verano de 1947. En esta ocación invitada por la Asosiación de Economía Doméstica de Puerto Rico para homenajearla durante al vigésima convención anual. 18
La
primera tarea de Wilsey fue sintonizar los cursos de economía
doméstica con la orientación pre-vocacional que dese el
Departamento de Educación se postulaba. Para esto, se
reorganizaron los cursos que se dictaban en esta materia en el
Departamento de Economía Doméstica de la Universidad de
Puerto Rico, ampliando el contenido, las horas contacto y las
estrategias de enseñanza en las dos áreas clásicas
de la educación hogareña: costura y cocina. Otras
sub-áreas relacionadas, como administración del hogar y
el cuidado de niños y enfermos, formaron parte también de
esta nueva dimensión.
Sin duda la filosofía pre-vocacional que comenzó a nutrir al sistema de educación pública del país estuvo impulsada también por los directivos del gran capital de la industria textil del patio. Estos, apoyándose en el objetivo educcional del departamento de instrucción que preconizaba la formación de féminas «self-supporting», y necesitados de una mano de obra diestra y barata, envolvieron al sistema de instrucción en una estrategia educativa sobre la cual el departamento no veía contradicción alguna: convertir a las educandas del país en trabajadoras asalaraiadas. De esta forma el sistema docente público del país buscaba un paliativo al alto desempleo femenino y, a la vez cumplía su misión pedagógica.
A fin de lograr este propósito, la legislatura del país asignó fondos para pagaré a 20 instructoras especializadas en costura que trabajaran en igual número de municipios, enseñando a las mujeres mayores de 13 años los principios de bordado, calado y encaje. Diez municipios también asignaron fondos para emplear instructoras en sus localidades. Un total de 2,325 mujeres se matricularon en los cursos en 1920. 19
Como ya sabemos, el impulso pre-vocacional que se inicia en la década de 1920 movió a Elsie Mae Wilsey a redefinir los cursos que se ofrecían en la Universidad de Puerto Rico como parte del programa de la Facultad de Pedagogía. Aquí fue donde comenzaron a educarse las futuras maestras especializadas en ciencias del hogar que se esperaba que enseñaran a miles de jovenes pupilas puertorriqueñas en el sistema de educación pública. 20
A partir de este momento, las clases ampliaron sus áreas temáticas, y se adoptaron nuevas estrategias y actividades. Las estudiantes entonces debieron complementar los conocimientos adquiridos en el salón de clase con sesiones «in-situ» en diversas instituciones donde se realizaban funciones relacionadas con las áreas temáticas del currículo. Por ejemplo, se inauguró el curso de «Marketing», que se explicaría a dos seciones de estudiantes durante 5 horas semanales por un semestre (una hora de trabajo teórico y cuatro horas de laboratorio). Como parte del laboratorio, se diseñaron actividades para que las féminas experimentaran fuera del aula de clases:
«Includes trips to San Juan and Río Piedras markets, Plaza Provision, Pasteurization Plant, Gas Plant, the Condado Kitchen [el hotel], the gas and electric stores [sic], the fruit packing houses, the macaroni and chocolate factories, bakeries, the canning plants etc.[sic]. There is one trip made each week.» 21
También se redefinieron los objetivos de los cursos, añadiendo un lenguaje que ponía mayor énfasis en el carácter científico de las actividades que se realizaban en el salón de clases. El curso de «Foods I», por ejemplo, fue verbalizado así: «Purpose: Develop skill in the technique of cookery by means of a scientific introduction of the principles.» 22 De igual modo, el curso de «Nutrition» se redactó así:
«Purpose: To present the fundamental principles of human nutrition and the apply these principles to the feeding of individuals, families and larger groups under varying physiological, economic and social conditions.» 23
Pero en realidad, la actividad curricular que más influencia debió ejercer en las posibilidades de experimentación pre-vocacional femenina fue la práctica docente. Una vez adoptado el programa de bachillerato en educación con especialidad en economía doméstica, a las jóvenes mujeres se les exigió, en su tercer año de estudios, completar su preparación practicando sus saberes con niñas de octavo grado en la escuela de práctica. Aquí se envolverían en tareas que requerían del empleo, no solo de los conocimientos adquiridos, sino de sus capacidades de razonamiento, de escritura y de organización. El curso Home Economics Education tenía como propósito
«To present a survey of home economics educational agencies, housing and equipment, organization of subject matter and methods of instruction. Recitation, observation and practice teaching. Girls carryout course of study as given by Miss Wilsey for Elementary Grades with the 8th grade [sic] from the practice school. Each student teacher takes the class in Foods for one week, five double periods. The rest of the time is spent in observation and reference work. The teaching envolues the preparation of lesson plans, individual and general conference for the discussion of courses and methods and of the work of the student teachers.» 24
Este modelo pre-vocacional iniciado a principios de la década de 1920 todavía se nutría de preceptos enunciados entre 1913 y 1916, como por ejemplo el que la educación doméstica, si aplicada corretamente al hogar, podría afianzar el papel de madre y esposa de las mujeres; o también, el que una jóven, si aprendía destrezas manuales y prácticas (como costura y cocina), podía generar un ingreso al presupuesto familiar, fuese con el trabajo desde el hogar (costura doméstica), como asalariado (empleada en los talleres textiles); o como alquilada al servicio doméstico (cocina y limpieza).
Estos preceptos, claro, los predicarían las noveles maestras en las escuelas públicas de Puerto Rico una vez graduadas. Más es importante valorar que, para las jóvenes que se les posibilitaba seguir estudios universitarios en economía doméstica, el filón que abría el modelo pre-vocacional era concebido como un espacio para moverse, al menos, hacia la profesionalización dentro del magisterio. 25
Entre 1924 y 1929 aumentó la matrícula de jóvenes estudiantes que querían obtener un bachillerato en educación en ciencias domésticas, pasando de 22 en 1924 a 52 en 1929. 26. Durante ese período de tiempo, además, Elsie Mae Wilsey se entregó a un proyecto de investigación culinaria que tenía cuatro objetivos: normalizar los pesos y medidas empleados en la confección de platos a base de los vegetales más comunes en la dieta puertorriqueña; introducir nuevas maneras de confeccionar los mismos; mejorar la enseñanza de la cocina a base de vegetales tropicales; y estimular el uso de más vegetales en la dieta del país. Los resultados aparecieron en una serie de boletines publicados por el Departamento de Economía Doméstica de la Universidad de Puerto Rico entre 1925 y 1926. 27
A primera vista, el proyecto de investigación culinaria de Wilsey parece no tener relación con el modelo pre-vocacional que se predicaba desde la jefatura de instrucción. Después de todo, se trataba de una investigación cuyo objeto de estudio eran las formas de preparar, cocinar y servir yuca, lerenes panas, malangas y apios. 28
El modelo pre-vocacional de entonces se proponía como fin educar a jóvenes para la aguja (en la escuela elemental y secundaria, y en las sesiones fuera del horario regular), y a mujeres para el magisterio en ciencias domésticas (en la Universidad de Puerto Rico). Mas no pretendía graduar especialistas en cocina (ni en la escuela pública, ni en la Universidad). No obstante, por esos años se inauguraba el programa de comedores escolares. 29
Es
posible que Elsie Mae ya estuviese pensando en un gran proyecto
educativo: hacer del departamento de Economía Doméstica
de la Universidad un centro para graduar mujeres, no en
educación , sino en ciencias, capaces de integrar los
conocimientos sobre administración del hogar (es decir, los
saberes de utilidad doméstica que todavía
permeaban los enunciados de los manuales y los textos) con los
conocimientos sobre nutrición (ahora desde una perspectiva
más fisiológica), sanidad (ahora desde una perspectiva
más bacteriológica) cocina (ahora desde una perspectiva
más institucional para escuelas, hospitales y hoteles); y el
cuidado de los niños y enfermos (ahora desde una perspectiva
más clínica y sociológica).
Tras los cambios que se mostraron en la fuerza laboral femenina y el aupamiento de una visible clase media urbana -que comenzaba representarse sibaríticamente en ciertos escenarios de la vida metropolitana de entonces- la imagen de una mujer educada, pero moderna, comenzó a aceptarse cada vez más. Aunque los criterios de educación doméstica todavía valoraban las faenas para el hogar tradicionales, los enunciados que empezarán a mostrarse entonces -especialmente en el Departamento de Economía Doméstica de la Universidad- se montarán sobre un imaginario que concebía de una escuela de economía doméstica renovada, dinámica y moderna.
En 1929, ejerciendo Wilsey como directora del departamento en la universidad, se empezó a trabajar en un plan para hacer más atractivo a las jóvenes de escuela superior la consecución de grados en economía doméstica en la universidad, pero con diversas especialidades. Ese esfuerzo se concretó en un panfleto escrito por Wilsey, publicado por la Universidad y el Departamento de Economía Doméstica y titulado Why Home Economics? 30 Ya no se privilegiaba -en este esfuerzo pedagógico posterior al huracán San Felipe, y en medio de los inicios de la Gran Depresión- la educación en ciencias del hogar con miras exclusivas al magisterio. Ahora se trataba de reclutar niñas de las escuelas para ingresar a una vida académica que prometía «nuevas experiencias» y donde el trabajo graduado en, los enunciados del panfleto, no imaginaban una educanda pulida en el saber doméstico que podría amaestrar a las niñas para ser mejores amas de casa, o para ser tejedoras domésticas o industriales. De lo que se trataba ahora era de lo siguiente: To the High School Graduate:
I know many of you girls are interested in the University of Puerto Rico [sic]. College life is full of splendid new experiences for all girls. Very many of you take not only the required, but also the elective home economic courses in high school. The thrill of more advanced and attractive work along that line awaits you if you elect home economics as your mayor subject in the University. There are many fields of activity open to the girl with home economics training, and there is always a position awaiting her. The home economics faculty makes every effort to find attractive positions for graduates who demonstrate abilities among special lines.» 31
La propuesta titulada Why Home Economics, publicada en 1930 se anunció como una invitación a tres segmentos del estudiantado femenino puertorriqueño. Las jóvenes candidatas a graduación de las escuelas públicas de Puerto Rico se convierten en el objetivo primario de un centro que ahora se presentaba curricularmente renovado y moderno. Pero también las «girls» en los colegios de Artes Liberales y Administración de Empresas, así como «any others desiring courses for general education». 32
Tras casi una década donde se privilegió la educación doméstica magisterial el nuevo enfoque de la escuela prometía profesionalizar a las educandas en áreas de nutrición y dietética, y de economía doméstica comercial. La manera de anunciar las posibílidades de trabajo en estas dos áreas no establecía que las egresadas se emplearian en un futuro en espacios profesionales dominados por hombres. Pero establecía como incentivos la ocupación de posiciones de liderato en hospitales (como superivisoras de dietas), y como «demostrators» en empresas privadas relacionadas con la industria de la aguja. 33
También anunciaba las posibilidades de empleo en el reciente programa de comedores escolares como «managers» de este nuevo servicio en las escuelas públicas del país. 34
El programa inaugurado durante la dirección de Wilsey (1926-1931), vino a proponer a las jóvenes un cruce de fronteras más allá del magisterio en educación doméstica, más allá de los trabajos en la industria textil, y -como lo proponía Elsie Mae-más allá de «the highest of-all professions, that of homemaker». 35 Este pase de fronteras, prometido en los enunciados del currículo, venía a fortalecer un programa que posiblemente había cobrado sentido para cierto grupo de mujeres que -sin descalificar sus futuros papeles de madres y esposas- confiaban en las posibilidades profesionales que el programa les anunciaba para figurar en el espacio público, aun cuando éstas se relacionaron con las tareas tradicionales femeninas. Hacia 1930, el programa contaba con 92 estudiantes. 36
Si bien es cierto que desde 1920 el Departamento de Educación venía desarrollando el modelo pre-vocacional para graduar a las estudiantes con un componente amplio en educación hogareña y otras ramas relacionadas (la primera para «aprender a vivir» y las segundas para proveer a las jóvenes ciertas destrezas básicas para funcionar en la industria textil o en los servicios domésticos), a la altura de 1930 todavía los esfuerzos en esa dirección eran precarios. A pesar del aumento en matrículas de jóvenes universitarias candidatas a maestras de economía doméstica en los últimos años de la década de 20, la oferta no daba para cumplir a cabalidad los objetivos pre-vocacionales. De igual manera, no todas las escuelas de Puerto Rico, tenían los equipos y materiales necesarios en cursos de esta índole y, como sucede la mayoría de las veces, los esfuerzos más concretos para colocar maestros, fondos monetarios y equipos, se hacían para los distritos escolares más urbanos. 37
En
1930 el gobernador Teodoro Roosevelt solicitó a la Junta Federal
de Instrucción Vocacional que enviará una comisión
para evaluar las condiciones de la isla con el propósito de
determinar si podían extenderse a Puerto Rico los fondos de la
llamada ley Smith-Huges. Esta legislación, que estaba vigente en
los Estados Unidos desde 1917, asignaba fondos a los departamentos de
instrucción de los estados para entrenara maestros y maestras en
las áreas de agricultura, comercio, industria y economía
doméstica. 38 La comisión, que estuvo
trabajando en Puerto Rico durante el 1930, aprobó favorablemente
la aplicación de la ley a la isla, recomendando especialmente
que, en el área de economía doméstica, estos
fondos podrían apoyar a los programas de agricultura e industria
al mejorar las condiciones de vida de las familia
puertorriqueñas. El 3 de marzo de 1931 se hizo extensiva la ley
y, en abril, la legislatura de Puerto Rico creó la Junta Insular
de Educación Vocacional. 39 Al comenzar el
año 1932, se nombró a la señorita Elsie Mae Wilsey
como supervisora del área de economía doméstica de
la mencionada junta.
A partir de esta iniciativa el departamento de educación pudo utilizar un presupuesto exclusivamente para educación vocacional, y pasó a trabajar más estrechamente con la Universidad de Puerto Rico, designándola como Teacher Training Center. En consecuencia, el programa de economía doméstica se fortaleció. En 1938 habían 236 de sus egresadas en servicio. 40


ConclusiónCuan impactantes fueron los programas de economía doméstica respecto a la reafirmación o modificación de los criterios de género (pienso aquí en la formación de imágenes respecto de la feminidad en ciertos sectores femeninos de la población) es algo que no puede medirse en este escrito. Si por un lado no hemos podido examinar representaciones (gráficas y visuales, por ejemplo), por otro es notable la ausencia de voces femeninas que vivieron este primer tercio del siglo y que , de alguna manera, asistieron a educarse, sus memorias Carmen Luisa Justiniano se esfuerza por dejarnos saber que ella nunca cedió en su impulso por educarse, son notables las lagunas al momento de referirse a los preceptos de la educación doméstica. Algo, curiosamente, que está muy presente en los relatos de la educación elemental en las memorias de Esmeralda Santiago, situadas entre los 1950-1960.
Esto me lleva a pensar que los programas de educación doméstica, pudieron llegar en este período (1903-1930) solo a la porción más urbana de la población femenina. Estos programas, formulados sobre la base de que la educación hogareña podría cambiar las condiciones de vida de las familias pobres, sin embargo no estaban cimentados sobre criterios de desigualdad. Se pretendía, en parte, modificar los estilos de vida -the problem is one of how to live- pero no se tomaban en consideración las condiciones materiales de la existencia. Aunque a partir de 1932 el grupo de trabajo de Elsie Mae Wilsey se entregó a un proyecto de investigación con miras a estudiar las condiciones de vida de la población rural -publicado luego con el título Rural Life in Puerto Rico-, todavía en los 1930 no había el personal requerido y los criterios sobre educación hogareña estaban profundamente enraízados en prácticas y situaciones centenarias. Aunque Pedreira un poco únicamente se refiriera a los jíbaros modernos como aquellos que comenzaban a habitar los espacios citadinos por donde él se movía, --modernizados por treinta años de educación norteamericana pero incivilizados--, la mayoría de la población permanecía distante del ejercicio real de la educación doméstica.
Si
bien los programas sobre educación doméstica enfrentaron
tropiezos estructurales (algo que tampoco puede ver Juan José
Osuna, pues las condiciones celebrativas en que le toca reflexionar
sobre la educación en Puerto Rico en 1938 le nublan el campo de
visión para detectar los escollos), hay que considerar que los
preceptos que nutrieron los programas y los textos se apoyaban en las
nuevas filosofías sobre el papel del estado como garante activo
del bienestar social de la población. En esa línea se
movieron las supervisoras de educación doméstica entre
1916 y 1930.

1. Las referencias a las condiciones de vida de los grupos marginados del país son innumerables en la literatura y en la ensayística social de los últimos treinta años del siglo XIX. Ahora bien, con raras excepciones sus autores pudieron fundar sus argumentos en una realidad social desigual, problematizando la domesticidad de los campesinos y de los pobres urbanos como el resultado de la falta de educación. En esta crítica, claro, se le asignaba la mayor parte de la responsabilidad a la mujer. Brau, por ejemplo, en su ensayo La Campesina (1885), lo proponía así: «Enseñad siquiera a leer a esa infeliz mujer de nuestros campos; facilitadle el medio de que aprenda a interpretar lo que encierra un libro, y la moral evangélica que dignifica el alma y la Higiene que purifica el cuerpo y la Economía Doméstica que auxilia al pobre y la agronomía que fecunda el terruño y la Física que anula las creencias sobrenaturales»... Zeno Gandía, por otro lado, creó escenas en su novela La Charca en donde la acción de «alimentarse pobremente», o de vivir en condiciones insalubres se relacionaba siempre con la figura de una mujer. Por ejemplo la siguiente escena: «Esta le acostó en un camastro lleno de trapos sucios y bajó el escalón del colgadizo en donde Silvina, con una cuchara de madera, agitaba taciturna un guiso [sic] inodoro, un salcocho de bananas, en el que, de vez en cuando, el hervor hacía aparecer espinosas piltrafas...». Los grupos letrados de fines del siglo XIX, al hablar sobre la educación doméstica de la población marginal del país imaginaron una «pedagogía nutricional» que fuera capaz de enseñar a los pobres a consumir, con más frecuencia en su dieta, alimentos proteínicos, especialmente carnes. La carne pues, se fue erigiéndo en un símbolo de progreso. Brau, en su ya citado ensayo decía: «No encuentro,... muy digna de loa en nuestros campesinos, esa sobriedad que, lejos de combatir las influencias climatológicas, coadyuva con ellas a mermar el organismo físico. Las sustancias vegetales [son] la base alimenticia de nuestra población rural, y la ciencia prueba que el alimento vegetal relaja las fibras musculares. El imperio del mundo pertenece a quien coma carne y respira oxígeno a satisfacción de sus pulmones [subrayado en el original] ha dicho Pelletan-, ...y la carne es artículo de lujo para los campesinos puertorriqueños...» Sobre este punto vale la pena citar aquí una de las escenas más ejemplares creada por Zeno Gandía, sobre lo que he querido llamar «pedagogía nutricional». Encontrándose el sacerdote Esteban en casa del paternal hacendado Juan del Salto, sucedió lo siguiente: «En aquel momento avisaron que el almuerzo estaba servido. Platicando siempre, los dos amigos se dirigieron al comedor, en donde, servida la colación, humeaban los manjares con apetitoso atractivo, y todavía el padre Esteban filosofaba:... -Mire usted pater-interrumpió Juan, destapando una fuente y descubriendo un gran pedazo de carne-, mire usted: he aquí una de las medicinas que necesita este pobre enfermo... [refiriéndose al campesinado rural]» Vid. Salvador Brau, «La campesina», en: Ensayos Río Piedras, Editorial Edil, 1972, 244 pgs. pgs. 109 psom.. Manuel Zeno Gandía, La Charca, San Juan, Instituto de Cultura Puertorriqueña 1968, 235 pgs, Cap. I, pg. 9 y Cap.III, pg. 60. Otras referencias en Francisco del Valle Atiles, Cartilla de Higiene, 1888; y María de F. Barceló Miller, Los pinceles del universo: el tema de la instrucción femenina en la prensa puertorriqueña del siglo XIX (Documentos para su estudio)., Universidad del Sagrado Corazón, Centro de Investigaciones Académicas, 1995, 45 pgs.
2. La educación, la salud y la higiene habían sido objeto de fuertes críticas --desde su posición de clase-- por parte de las élites educadas de Puerto Rico justo en el momento cuando comienzan los norteamericanos a informarse sobre la "realidad" del país durasnte el bienio de 1898 a 1900. Muy buenas testimonios aparecen en el Informe de Henry K. Carroll. Obviamente, los primeros administradores norteamericanos visualizaron también la atención de estos problemas como una gestión gubernativa que reduciría las críticas de los grupos dirigentes criollos al proyecto colonial que se inició a partir de la Ley Foraker en 1900.
3. Juan, José Osuna, A History of Education in Puerto Rico, Rio Piedras, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1949, 225. Aunque la población estudiantil en las escuelas era mixta, no obstante se segmentaron los géneros a la hora de tomar el curso de Trabajo Manual. A los varones se les enseñaba confección de muebles y utensilios, y a las mujeres cocina, costura y calado. El prontuario del curso describía las clases de cocina así: Preparation of common articles of food, with special attention to dietetics and hygenic principles. Methods of cooking meats, vegetables etc. [sic], and dishes ussually eaten in Puerto Rican Homes. Es importante señalar aquí dos indicadores que anuncian, desde tan temprano, dos polémicas sobre las que las autoridades tendrán que reflexionar a la hora de redactar y reformar los prontuarios de economía doméstica: 1) si implementar un modelo de enseñanza de utilidad doméstica femenina (que valoraba el papel de ama de casa científica y ordenada para el espacio privado hogareño); o el de entrenamiento docente en la administración del hogar (con la intención de crear profesionales en la enseñanza doméstica que diseminaran los saberes); y 2) cómo renovar los métodos tradicionales de cocina cuando la adquisición de equipos de cocina modernos era casi imposible para las familias de cientos y miles de educandas. Algo además comienza a anunciarse en este incipiente prontuario, y es la referencia a dishes ussually eaten in Puerto Rican Homes. Aunque en los años venideros se tratará de experimentar con platos y combinaciones foráneas, los recetarios de los manuales de economía doméstica se mantendrán fieles a la tradicción culinaria criolla de las familias más acomodadas. Vid, Departament of Education, Course of Study and Duties of Teachers, Course of Study for Graded High and Industrial Schools and Rules for Teachers, Auditors Office of Printing and Supply Division, 1902, 24pgs.
4.Osuna reporta el presupuesto que se le asignó a estas escuelas: en 1903, $16,227; 1904, $28,873; 1905, $35,643; 1906, $26,196; 1907, $19,242. Hay que reconocer que la mayoría de las mujeres puertorriqueñas que entonces podían ejercer el magisterio no estaban entrenadas para enseñar cómo cocinar, o cómo lavar, planchar y limpiar la casa. Durante el siglo XIX, las mujeres que podían instruirse lo hacían en su hogar mientras esperaban un marido adecuado, instruyéndose en lectura, escritura, costura y bordado, y en ocasiones, geografía, historia, música o arte. Las mujeres que históri-camente sí habían ejercido tareas doméstica como las señaladas, eran las mujeres de los márgenes (lavanderas, planchadoras y cocineras), pero su saber hacer cotidiano no cuadraba, o no iba a la par con los nuevos saberes sobre la ciencia doméstica. El Departamento de Educación es posible que entonces se haya visto en una encrucijada para reclutar personal idóneo, esto como resultado de la configuración del trabajo femenino. También es importante valorar que ciertos sectores sociales no auspiciaban que sus hijas se matriculasen en cursos que ponían a su parentela filial a realizar tareas entendidas como de baja casta. En un principio, la enseñanza de los rudimentos de administración doméstica tropezará con las modelos de la educación clásica femenina, vehiculizadores de arquetipos que valoraban lo acesorio de la educación femenina. Vid. Bevier, The Home Economics Movement, 14; Pilar Ballarín, La construcción de un modelo educativo de utilidad doméstica; en: Duby y Perrot, ed., Historia de las mujeres, vol IV, 602-603; Aunque a fines del siglo XIX y princincipios del siglo XX se instaura un discurso feminista que insiste en la educación femenina como mecanismo para insertarse en el mundo moderno, éste, al enunciarse, privilegia la educación clásica. La pedagogía clásica que reclamaban las feministas puerto-rriqueñas del cambio de siglo no podía violentar la imagen social tradicional de la mujer (madre y esposa). Mas lo importante a considerar aquí es que el modelo que muchas de ellas reclamaban (en buena medida moldeado por los críterios de género de los varones de elíte criolla, y en buena medida también compatible con las funciones domésticas de las mujeres de clase alta) no podía considerar el acto de cocinar, lavar y planchar como algo compatible a sus roles domésticos y a us papel en la sociedad moderna. He aquí otro de los tropiezos iniciales de la educación doméstica. Vid. María de F. Barceló Miler, Los pinceles del universo... 16-18,para una discusión, y Documentos 5 y 6 en el Apéndice.
5. Osuna, op. cit, 230. Existían entonces 63 escuelas ofreciendo cursso de costura con una matrícula de 6,329 niñas.
6.Archivo Central de la Universidad de Puerto Rico, (de aquí en adelante se citará con las siglas ACUPR), Fondo de Organizaciones y sus Funciones, Escuela de Economía Doméstica, Recopilación Especial número 73, caja 25. Ferguson fue invitada en 1938 para celebrar el jubileo de plata de los cursos de economía doméstica en Puerto Rico. Ella preparó un escrito (que posiblemente leyó en la actividad), titulado La organización de los cursos de economía doméstica en Puerto Rico. De él extraigo varios de los datos aquí vertidos sin entrar en el análisis textual del mismo. Es revelador además la conexión de Ferguson con Kansas. La universidad de este estado fue la segunda en incorporar un departamento de economía doméstica en los Estados Unidos. Vid, Bevier, op. cit.
7. En agosto de 1917, el Congreso norteamericano aprobó el Lever Act mediante el cual le otoragaban al presidente la autoridad para controlar la producción y la distribución de alimentos, combustibles y fertilizantes. Previo a esta legislación se había creado el Council of National Defense, el cual en julio de 1917 estableció la War Industries Board. Esta secretaría obtuvo el poder para centralizar las compras de materiales y la producción de bienes necesarios para la guerra. Vid, Dean C. Brink et. al, A History of the United States, Doubleday, 1986, 800 pgs., 523.
8.La Puerto Rico Food Commission se creó en 1917 con la intención de regular la importación y distribución de alimentos básicos, así como realizar propaganda para fomentar los cultivos de productos agrícolas en huertos caseros y escolares. Esta comisión trabajó en conjunto con el Departamento de Educación para crear comités de fomento escolar y agrícola a cargo de 25 agentes especiales que trabajaban para la Comisión. La mencionada secretaría también pruso énfasis en un a campaña para reducir el consumo de alimentos importados. Puerto Rico Food Commission, Informe, Bureau of Supplies, Printing and Transportation, 1918, 3-7. Por su parte, la Cruz Roja creó la Cruz Roja Juvenil, encargando parte de sus operaciones a la profesora Grace J. Ferguson. Este capítulo de la Cruz Roja diseñó una campaña de recaudación de fondos para la guerra y se hizo eco de la Puerto Rico Food Commission en la deseminación de información y propaganda sobre reducción de consumo y producción de alimentos locales. Este renglón específico se le asignó a las maestras y a las estudiantes de economía doméstica. Vid, Report of the Governor of Puerto Rico, Report of the Commissioner of Education, Bureau of Supplies, Printing and Transportation, 1918, 518-519. La revista del Depatamento de Educación llamada The Puerto Rico School Review dedicó once artículos para aleccionar a los maestros y maestras del patio sobre la crisis de abastos y las medidas que debían tomar para estimular la producción local. En el número de junio aparecen los siguientes títulos: A sembrar; Plant your cuerda, Fajardo on a war Footing; Cooperative Garding; Mantequilla de coco; Make a Home Garden, entre otros. Vid. Puerto Rico School Review, vol. I, #6, june 1917.
9.Cuando Ferguson arribó a Puerto Rico en el verano de 1913, inmediatamente le conmovieron las pocas posibilidades de empleo remunerados que habían para las mujeres de clase baja. Así lo recordó en 1938, cuando fué invitada por la Escuela de Economía Doméstica de la Universidad de Puerto Rico para conmemorar los 25 años de la enseñanza de la ciencia doméstica en el país. En un tono sumamente maternal, y desde una posición de superioridad compasiva, Ferguson raltó: Desde el principio me gustó Puerto Rico. La belleza de las montañas y del mar Caribe me hicieron creer que la isla era el sitio más bello que había visto en el mundo. La gente en la isla era bondadosa, hospitalaria, interesante, y compresiva. Creí comprender la falta de esperanza del pueblo por la escasez de trabajo para la mujer y la incapacidad para mejorar las normas de vida debido a la falta de recursos (subrayado mío). ACUPR, loc. cit.
10.A diferencia de la pedagogía de utilidad doméstica que venía proponiéndose desde principios de siglo y que nutrió los preceptos del curso de estudios escrito por Grace J. Ferguson en 1914; y que también nutrió el manual del curso llamado Home Making and Home Keeping: A Textbook, de 1915.
11. Grace J. Ferguson, The course of Study for the First Year in Home Economics to be Used by the Teacher in the Elementary Schools of the Island of Puerto Rico, San Juan, Department of Education, Bureau of Supplies, Printing and Transportation, 1914, 100 pgs., 7-8. Para entonces, la escuela elemental era la que educaba a estudiantes en los grados primero hasta octavo. Vid. Osuna, op.cit.,184. Aunque el curso de estudios establece en el título que sería una guía para las maestras elementales (lo que hace pensar que se enseñaba economía doméstica desde el primer grado hasta el octavo), en realidad se empleaba para enseñar el curso a todas las niñas matriculadas en los grados entre el séptimoy el décimo inclusive. Para el 1914 se hizo obligatorio el curso para las niñas en éstos últimos grados en 50 pueblos de Puerto Rico, contándose una matrícula de 4,381 niñas. Departamento de Educación, Informe Anual del Comisionado de Instrucción, San Juan, Negociado de Materiales Imprenta y Transportación, 1914 19-20.
12. Ferguson, The course of study, loc. cit. Más adelante, en la sección Notes to Teachers, Ferguson hace una referencia a las posibilidades futuras de las educandas, pero se limita a imaginar un futuro donde las niñas interesadas en una educación superior lo hacían along the lines of home economics. Ella cierra este párrafo con una locución admonitoria respecto a la importancia de enseñar para el hogar: Unless home economics goes into the home in reality, it is not the important factor in education which it should be, and every lesson is either cooking or serving should be taught with the home constantly in the mind of both, teacher and pupil. In so far as this aim is lost night of, just so far does the work clase to become efective. Ibid, 13.
13. Ibid., 14.
14.Departamento de Educación, Informe Anual del Departamento de Educación, 1914, 19.
15.ACUPR, Fondo de Organizaciones y sus Funciones, Recopilación Especial #73, La Organización de los Cursos de Economía Doméstica, por Grace J. Ferguson (1938). El informe del Comisionado de Educación para 1918 señala que además se diseñaron los cursos de costura para hacer pajamas para la Cruz Roja. En la Universidad de Puerto Rico -indica el propio informe-, las clases se dedicaron a hacer refugee garments y hospital garments. Departamento de Educación, Informe del Comisionado, 1918, 518.
16.Government of Puerto Rico, Report of the Governor of Puerto Rico, Report of the Commissioner of Education, 1918, 517.
17.Manuel Fernández Juncos, Los trabajos manuales en las escuelas de Puerto Rico; en: The Puerto Rico School Review, vol 1. núm. 5, mayo de 1917, 32-34.
18.ACUPR, loc. cit, Expediente personal de la profesora Elsie Mae Wilsey, 1932. La concepción de la educación doméstica como una misión social terrenal debe haber modelado las decisiones de muchas de estas educadoras de poner en práctica sus saberes en diversos escenarios geográficos. Este periplo fue característico también de Catherine Beecher Stowe en el siglo XIX norteamericano. Muchas, además, optaron por la soltería. Tal es el caso de Ferguson, Wilsey y Lidia J. Roberts, destacada nutricionista norteamericana que diseñó los primeros talleres sobre nutrición para maestras de economía doméstica durante el gobierno de Rexford Tugwell. Roberts, que también había trabajado para el presidente Roosvelt, permaneció en Puerto Rico hasta los 1960s. Vid. Shapiro, Woman and Cooking, 159; Levenstein, Revolution at the Table, especialmente la referencia a Roberts en el capítulo 5 Nutrition for National Defense; y Cruz M. Ortiz, El hambre que engordó la guerra, Departamento de Historia, Escuela Graduada de Historia, Monografía inédita sometida al Curso Graduado Estado y Modernidad, 1994. 45 pgs.
19.Hay que aclarar que estos cursos de costura se ofrecieron fuera del horario regular de clases de las escuelas públicas de Puerto Rico. Durante la semana se ofrecían de 4 pm. a 6 pm.; y de 9 am. a 11 am., de 1 pm. a 3 pm. y de 3 pm. a 5 pm. los sábados. Esto debió ser así para poder reclutar el mayor número de mujeres en edad no escolar que posiblemente se empleaban en faenas hogareñas durante el día. Además, hay que aclarar también que los cursos especiales de costura componían un área más del proyecto de instrucción pre-vocacional separado de los cursos de economía doméstica. Estos, últimos en su currículo, incluían cursos de costura donde se ponían énfasis en el diseño de piezas para estudiantes y los miembros de su familia. Los cursos especializados fuera del horario regular se enseñaban tomando como base un prontuario que habían preparado los diseñadores de diversas industrias estableciendo sus preferencias decorativas y sacando provecho de las capacidades artesanales de miles de mujeres puertorriqueñas. Government of Puerto Rico, Report of the Governor of Puerto Rico, Report of the Commissioner of Education, 1920, 422.
20. De hecho, ese año se inauguró el Bachillerato en Educación con especialidad en economía doméstica. Aquellas universitarias que no terminaran los cuatro años podrían optar por un diploma en economía doméstica. ACUPR, Fondo de Organizaciones y sus Funciones, Recopilación Especial # 73, La economía doméstica en las escuelas elementales y secundarias de Puerto Rico del 1913 al 1938, 4 pgs. , 3. Este documento, al igual que muchos otros depositados en el citado fondo, es anónimo. No obstante pienso que éste y aquellos fueron escritos por Juan José Osuna como parte de su investigación para completar la segunda edición de A History of Education in Puerto Rico en 1949. Osuna fue por mucho tiempo decano de la Facultad de Pedagogía. En el verano de 1924 se graduó la primera maestra de Bachillerato en Educación con especialidad en economía doméstica. Vid. ACUPR, loc. cit., La Educación de Maestras de Economía Doméstica en la Universidad de Puerto Rico (mimeo), 1938, 4 pgs. pg. 3. Además, Ibid, loc. cit., Transfondo Histórico de la Escuela de Economía Doméstica (mimeo), 11 pgs., 4, 1978.
21.ACUPR, loc. cit., Prontuario del curso de Marketing preparado por la profesora Georgia OReilly,1922. De hecho, esta profesora fue reclutada por Wilsey en 1922. Poseía un bachillerato de George Washington University. Ibid. Recomendaciones para añadir un tercer instructor al departamento de economía doméstica para el año académico 1922-23.
22. Ibid. Prontuario del curso de Foods I, preparado por la profesora Margaret D. Fix, 1922-23.
23. Ibid. Prontuario del curso Nutrition, preparado por la profesora Margaret D. Fix, 1922-23.
24. Ibid., Prontuario del curso Home Economics Education, preparado por Miss Georgia OReilly, 1922-23.
25. Y para moverse con autonomía en diversas instancias de la estructura administrativa y burocrática magisterial, muchas veces dominada por hombres. No puedo resistir la tentación de describir aquí el periplo de María N. Blasco, profesora con residencia en Aguadilla que en 1922 escribió una carta a la Junta de Síndicos de la Universidad solicitando que se le adjudicara el diploma de bachillerato en ciencias domésticas -para lo cual era requisito el semestre de práctica- por ella haber enseñado en distintas escuelas después que curso cuatro años conducentes al grado.
María se graduó de noveno grado en 1913 en la escuela pública de Aguadilla. Luego, en septiembre de 1914 ingresó al Departamento de Normal en la Universidad de Puerto Rico. Este departamento formaba parte de la Facultad de Pedagogí, y ofrecía cursos de cuatro años conducentes al grado de maestro general, con algunos cursos introductorios en ciencias del hogar. Blasco, aunque aprobó las asignaturas y los exámenes finales, no recibió su diploma de maestra normal con especialidad en ciencias domésticas por no haber llenado el requisito de práctica.
Luego, entre 1918 y 1919, solicitó una licencia provisional al Departamento de Educación para ejercer como maestra graduada. El Departamento, no obstante, para enseñar ciencias domésticas en el pueblo de Aguada, lo que no le permitió ingresar a la Universidad a terminar su semestre de práctica. Para colmo, por haber acaecido en dicha fecha la muerte de mi señor padre Alfredo Balsco, y careciendo de recursos necesarios, tuve que empezar a trabajar con licencia provicional [sic] que me concedió el Departamento. La jefatura de instrucción decidió entonces nombrarla al mismo puesto, pero en esta ocasión la asignó al pueblo de Lajas. Durante el año escolar 1920-21, tasladaron a María a la escuela de continuación del municipio de Guánica. El 13 de marzo de 1922, finalmente, decidió escribirle al Presidente de la Junta de Síndicos de la Universidad para que le acreditaran los cuatro años durante los cuales ella se desempeño como maestra de ciencias del hogar.
Estas experiencias -conflictivas a felices- que generaba el magisterio como profesión, debieron haber afianzado las capacidades de las féminas para la autogestión en diversos escenarios sociales. Del mismo modo, la exposición a la lectura y a la escritura -académica, escolar o burocrática- debió exponerlas a la reflexión sobre sus condiciones como mujeres. Como ha dicho Marie Claire Hoock- Demarle en su ensayo Leer y escribir en Alemania, tanto lo uno como lo otro engendran formas de sociabilidad en cuyo seno se produce una reflexión de las mujeres sobre sí mismas, sobre los medios que les son dados para manifestarse y sobre su percepción propia del tiempo y del espacio, ACUPR, loc. cit, Solicitud de la profesora María N. Blasco a la Hon. Junta de Síndicos de la Universidad de Puerto Rico, 13 de marzo de 1922; y Marie Claire Hoock-Demarle, op. cit., en: Duby y Perrot, op. cit., vol IV, 159-181.
26.Osuna, op. cit., 320. En 1928 también se inauguró el programa de Segundas Unidades Rurales, un concepto de escuelas agrícola -industriales en las zonas más apartadas de la ruralía con la intención de adaptar cada vez más la educación del campesino al medio ambiente rural y proporcionarle una educación práctica. Hacía 1929 habían establecidas 82 escuelas. En ellas debían enseñar también cursos de economía doméstica. ACUPR, loc. cit., La economía doméstica en las Segundas Unidades Rurales de Puerto Rico, (mimeo), 3 pgs., 1, 1938. 27.Elsie Mae Wilsey, Tropical Foods, The University of Puerto Rico, Department of Home Economics, Bulletin Number I, Whole Number I, 1925, 1926 y 1927.
28. Ibid. Tropical Foods, Bulletin No. II, Vegetales, Arracacha Breadfruit, Cassava, Laren, Malanga, University of Puerto Rico, Departament of Home Economics, 1926. Un año antes, en 1925,Wilsey había publicado los resultados de sus investigaciones culinarias sobre el chayote, la yautía, el plátano y el guineo. Vid. Bulletin No I.1925.
29.Government of Puerto Rico, Department of Education, Manual del Comedor Escolar, San Juan, Negociado de Materiales Imprenta y Transporte 1929. El programa de comedores escolares comenzó en junio de 1925 mediante ley. En su sección primera hizo obligatorio establecer comedores escolares en todas las escuelas públicas de Puerto Rico para proporcionar alimento a los niños menesterosos que asistan a las escuelas, en el período que media entre las clases de la mañana y las de la tarde.
30.Elsie Mae Wilsey, Why Home Economics?, University of Puerto Rico, Department of Home Economics, 1930, 15 pgs.
31. Ibid.
Es importante considerar aquí el empleo del lenguaje. Aparecen aquí adjetivaciones que califican la experiencia académica de las futuras universitarias como una espléndida y nueva no como una enclaustrada y monótona. Este giro en las figuraciones de la vida universitaria femenina iba entonces muy a tono con las representaciones imaginarias de la mujer en los textos culturales y publicitarios de toda la década de los 1920º. Vid. Cruz M. Ortiz Cuadra, Para estudiar la élite: consideraciones en torno a las teorías, las fuentes y los método; en: Revista Exégesis, Colegio Universitario de Humacao, Año IV, #2, 1991, 12-19.
32. Esta referencia a any others desiring courses for general education tiene como referente a aquellas girls with lisure.Es decir, a las señoritas ricas de San Juan que podían educarse en economía doméstica (y por cierto experimentar con nuevos utensilios, sobre todo de cocina), mientras esperaban un buen partido o cortejaban con jóvenes de la ciudad. Wilsey las describía así: A class of girls which we have not had at the University of Puerto Rico... so placed economically, that they do not plan on teaching or entering any other profession-except homemaker some time in the future.Wilsey, op. cit., 6.
33. Ibid., 5.
34. Ibid., 13.
35. Ibid., 14.
36. Osuna, op. cit., 320.
37. De hecho todavía a la altura de 1938 se informaba que [las] Segundas Unidades Rurales cuentan con equipo modesto para la enseñanza de los diversos aspectos de la economía doméstica. Las normas en cuanto a equipo son muy conservadoras porque las alumnas proceden de hogares rurales donde la privación impera. La escuela considera obligación ineludible el familiarizar a la educanda con algo mejor de lo que hay en los hogares (sin distanciarse demasiado de ellos), de modo que la niña pueda aspirar a vivir una vida más generosa, menos precaria. Lo importante es guiar a la educanda en el desarrollo de alguna capacidad para resolver sus problemas del vivir diario. El equipo comercial de la escuela se complementa con enseres improvisados de latas, higüeras, cocos, botellas y cajones que puedan desempeñar las funciones del equipo comercial. Tratamos de ensalzar lo bueno del hogar y de estimular la conservación y el uso de todo aquel equipo tradicional que llena los requisitos de una vida higiénica y civilizada, tales como el catre y el coy. ACUPR, loc. cit, La economía doméstica en las Segundas Unidades Rurales de Puerto Rico (mimeo) 3 pgs., 1, 1938.
38.Gladys Alse Branegan, Home Economics Teacher Training Under the Smith-Huges Act, 1917 to 1927, New York, Bureaw of Publications, Teachers College, Columbia University, 1929, 31 pgs., 29.
39.ACUPR, loc. cit., El sistema de economía doméstica en Puerto Rico, (mimeo), 3 pgs., 1938.
40. Ibid.,3.

I. Fuentes Primarias
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