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LA RECONSTITUCION GENEALOGICA: UNA HERRAMIENTA PARA LA HISTORIA SOCIALFernando Picó
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1. Introducción.
ubo una época en la que la genealogía, la
reconstrucción de las historias familiares, era un ejercicio sólo
para familias aristocráticas o pudientes. En las últimas
décadas, sin embargo, la historia social en Francia, Canadá,
Italia y otros países ha hecho uso frecuente de este
instrumento para mostrar el efecto a largo plazo de cambios
económicos y sociales.1 En Puerto Rico, donde en los últimos
años ha habido un vigoroso interés en la genealogía, todavía
no se ha explorado todas las posibilidades de la aplicación de
la genealogía a la historia social.Sin embargo, desde los trabajos precursores de Generoso Morales Muñoz, Martín Gaudier, Luisa Géigel de Gandía y Francisco Lluch Mora se ha podido atisbar las posibilidades de extender a los distintos campos de la historia social los hallazgos de las investigaciones genealógicas. Morales Muñoz, buscando identificar a los fundadores de pueblos y a los iniciadores de apellidos puertorriqueños, vinculó sus esfuerzos al examen de los grandes asuntos de las épocas que estudiaba.2 El trabajo de Géigel sobre la genealogía de Campeche documentó la transición de la esclavitud a la libertad en una familia de origen africano.3 El trabajo de Lluch Mora sobre la familia Ortiz de la Renta intentó trazar la descendencia de uno de los fundadores de San Germán, a pesar de las inevitables lagunas del siglo 17.4 Más recientemente Ursula Acosta y David Cuesta Camacho, en su libro Familias de Cabo Rojo,5 han podido reconstituir las hegemonías y las fisuras sociales en un municipio en el siglo 18. Por otro lado Jaime Alberto Solivan de Acosta ha trazado la historia de cinco apellidos desde el siglo 18 hasta el presente y Aura Pierluissi ha logrado reconstituir la familia de sus antepasados no sólo en Puerto Rico, sino también en Córsega, Venezuela y otros países.7 En este ensayo quisiera ilustrar, con ejemplos concretos, algunos usos a los que se puede aplicar la genealogía para el desarrollo de la historia social puertorriqueña.
2. La historia de la posesión de la tierraEn primer lugar, la genealogía puede ilustrar la historia de la tenencia de tierra en Puerto Rico. Por ejemplo, la reconstrucción de la descendencia de las 22 familias que aparecen como terratenientes de los barrios utuadeños de Guaonico y Roncador en 1833 revela una progresiva desposesión de los ocupantes del suelo según avanza la agricultura comercial del café. Las familias Arza y Maldonado poseen allí 1,125 cuerdas en 1833, pero sólo 684 cuerdas en 1867, y 134 cuerdas en el 1900. De las 22 familias de terratenientes en 1833 estas dos son las únicas cuyos descendientes patrilineales han logrado retener alguna estancia para 1900. En tres generaciones la tierra se les ha escapado a los utuadeños que primero poblaron Guaonico y Roncador.8
3. La movilidad socialLa movilidad social, tanto positiva como negativa, queda ilustrada en la reconstitución de la descendencia de puertorriqueños del siglo 18. Por ejemplo, Luisa Géigel ha trazado la ascendencia de Francisco Campeche, desde su antepasado esclavo a finales del siglo 17, hasta el ilustre pintor a principios del 19.9 Pero es posible también que la movilidad sea negativa, como en el siguiente caso de la descendencia del dueño del hato de Camuy en el último tercio del siglo 18:
En julio de 1870 Casalduc vendió a sus hijos Felipe y Francisco y a su yerno Jaime Iglesias, socios de Iglesias, Casalduc y Hermanos los créditos activos que tiene contra 593 personas ascendientes a 36,807 pesos.14 Al parecer Casalduc se retiró entonces del comercio y se dedicó a la gestión agrícola, y desarrolló fincas cafetaleras en Caonillas y una hacienda azucarera, la Sotera, en las inmediaciones del pueblo. Murió en 1894.15 Sus hijos mayores permanecieron en el comercio, pero sus hijos menores y nietos entraron en las profesiones y algunos fueron médicos y abogados. Con esa transición a las profesiones y a los empleos de gobierno los Casalduc abandonaron Utuado y se trasladaron a Ponce y San Juan.
4. Las solidaridades: los matrimonios consanguíneosPero más allá de los éxitos y las catástrofes de familias individuales, está la constancia de trayectorias más o menos apoyadas por la vigencia de solidaridades reiteradas por matrimonios consanguíneos, en que miembros de una misma descendencia evitan la disgregación del patrimonio acomodando los enlaces de hijos e hijas. Los ejemplos de familias en que abundan los matrimonios consanguíneos aparecen en toda la isla. Por ejemplo, en las primeras cuatro generaciones conocidas de la familia Villegas, del barrio Caimito de Río Piedras, hay siete matrimonios consanguíneos entre miembros de la misma descendencia. (Ver apéndice).
5. La incorporación de los inmigrantes extranjerosA veces un inmigrante forastero rompía los entramados de estas secuencias matrimoniales consanguíneas. Es interesante notar que el inmigrante es casi siempre varón, y que algunas de sus hijas puede casar a su vez con un inmigrante, mientras que los hijos varones casan con naturales del país. Este esquema es frecuente en familias de comerciantes, donde el dependiente es a veces un inmigrante. Los trabajos de Francisco Lluch Mora y Otto Sievens sobre Yauco y Guayanilla ilustran estos patrones.
6. La entrada de la mujer al mercado el trabajo asalariadoEn los casos de matrimonios arreglados la mujer parecería un peón de ajedrez, una pieza movida en el tablero para asegurar las fortunas familiares. Parecería que la condición de la mujer, a través de las generaciones, permanecería la misma, con la monótona ascripción de los censos, "oficio: doméstico", o como dicen los documentos legales de la época, "oficio: propio de su sexo". Sin embargo, la situación de la mujer en el siglo 19 envolvía lentamente, como demuestra la reciente tesis doctoral de Félix V. Matos sobre la mujer sanjuanera en las décadas medias del siglo 19.16Es con la elaboración del tabaco en las fábricas que la mujer entra plenamente al mundo del trabajo asalariado. El Censo de 1910 es el mejor instrumento para retratarla en su tránsito. Las genealogías matrilineales sirven para ubicar esas entradas al mercado de mano de obra dentro de trayectorias de movilidad social multigeneracional.17
7. El movimiento tierra adentroEl movimiento de la población tierra adentro, según avanzó el siglo 19, puede examinarse en la historia de tres generaciones de una familia. Por ejemplo, Félix Ocasio y Eduarda Fernández casaron en Toa Alta en el siglo 18. Su hijo Jacinto, nacido hacia el 1797 en Corozal, casó allí con María Gregoria de Jesús Román el 20 de noviembre de 1819. En 1850 Jacinto se registró como jornalero en Utuado, junto a su hijo de 26 años, Juan.Otro ejemplo es el de José Resto, quien casó con Francisca Rodríguez Maldonado, natural de Vega Baja. Esta falleció en Utuado en 1854. Su hijo Bonifacio, natural de Bayamón, se registró como jornalero en 1855 y ese año se casó en Utuado con María Eusebia Pabón, natural de Vega Baja. O el caso proveniente de la vertiente sur, de Juan Pérez, quien casó en San Germán con Catalina Barbosa en el siglo 18. Su hijo Francisco, natural de San Germán, casado con Juliana Santiago, fue jornalero registrado de 72 años en 1849, y murió en Jayuya en 1855. El hijo suyo, el jornalero Pedro José Pérez, natural de Ponce, casó en Utuado en 1856 con Felipa Pagán, pero murió allí en el 1857. La hermana de éste, Anacleta, casó en Utuado en 1871 con Silvestre Rivera.
8. Historia de los trabajadores diestrosOtro ejercicio genealógico aleccionador es la trayectoria de los artesanos y trabajadores urbanos diestros. No nos extraña que el oficio de herrero se transmita de padres a hijos, pero es interesante que el esquema de transmisión se repita entre escribanos, maestros, médicos y obreros de construcción.
9. El alfabeto que se pierdeEn la historia de una familia, ¿cuándo se pierde o cuándo se gana la alfabetización? Lo interesante es que el movimiento generacional en la alfabetización no es unidireccional. Se puede perder el arte de la letra. Por ejemplo, la descendencia del primer alcalde constitucional de Utuado, Juan Vázquez, muestra las vicisitudes de la alfabetización. La pérdida del conocimiento de la escritura y la lectura muchas veces acompaña el desplazamiento económico y social. Cinco descendientes inmediatos de don Juan Vázquez saben firmar y cinco no lo saben hacer. (Ver apéndice).
10. Continuidades de los sectores hegemónicosLas continuidades de los sectores hegemónicos son medibles por las reconstrucciones de las familias. Es notable el caso en Utuado donde la tenencia de la hacienda San Andrés, en una misma red de parientes, va mano a mano con el poder municipal. Cuatro de los tenientes a guerra y alcaldes de Utuado entre los 1780 y los 1880 son dueños de San Andrés. (Ver apéndice).
11. Religiosidad institucionalOtro tipo de reconstitución genealógica permite observar, a lo largo de varias generaciones, el acceso a los sacramentos de la Iglesia. Los intervalos entre el nacimiento y el bautismo, el acceso al matrimonio, y el recurso a la extremaunción y el viático son constatables mediante el examen de los registros parroquiales. Tomemos el ejemplo de la descendencia utuadeña de Pedro Cordero, Sargento Mayor de la Tuna (hoy Isabela) a mediados del siglo 18. De 14 casos en que se conocen los pormenores, en diez los agonizantes recibieron la extremaunción y en cuatro no. (Ver apéndice). Aproximadamente en esas proporciones se mide el comportamiento religioso de la generalidad de los utuadeños en ese período.18
12. El tamaño de las familiasEl tamaño de las familias y la duración de la vida son medibles por reconstituciones familiares. Las familias tienden a ser más grandes en el siglo 18 que en el 19, probablemente por lo temprano de los enlaces matrimoniales. A partir de la década de los 1850 es constatable en Utuado el que los matrimonios se posponen y el número de hijos es menor que en generaciones precedentes. Pero también la expectativa de vida en la segunda mitad del 19 ha decrecido para las familias jornaleras, de tal manera que aún teniendo el mismo número de hijos, menos sobreviven.Por ejemplo, Juan Bautista Afanador y María Monserrate de Rivera, casados hacia el 1800, tuvieron 15 hijos, de los cuales sólo dos murieron poco después de nacer. En cambio, su nieto, el sastre Gregorio Afanador, casado dos veces, la primera en 1864 con Juana Monserrate Jacob y la segunda en 1893 con Brígida Arocho, tuvo en sus dos matrimonios 17 hijos, de los cuales ocho murieron en la niñez y la adolescencia.
13. Cambios en la onomásticaOtro ejercicio interesante es ver la evolución de los usos onomásticos a través de varias generaciones. Un caso sería la variación en los nombres femeninos en la diferenciación de las hijas. En muchos casos el santoral cristiano rige estrechamente la onomástica en una o dos generaciones, pero otros intereses llevan al ensayo de nuevos nombres, con la posible implicación secularizante que estos ensayos tienen. Por ejemplo, entre los Alvarez de Bibí Arriba en Utuado, son fuertes en las primeras generaciones las advocaciones marianas. De 67 hijas cuyos nacimientos han sido constatados para el primer siglo de los Alvarez en Bibí (desde 1730 hasta mediados del siglo 19), 33 hijas llevan un nombre mariano y 34 llevan otros nombres como Juana, Cecilia, Martina o Teresa. En generaciones posteriores otros nombres surgen.
14. El mito de la "familia feliz"Finalmente, el ejercicio genealógico puede ayudar a demitologizar el relato recibido de la "familia feliz del pasado". Los ejercicios de reconstrucción de familias, si se hacen rigurosamente, revelan que en el pasado, como en el presente, había madres solteras, matrimonios formalizados después del nacimiento de uno o varios hijos, hijos e hijas celibatarios, niños que mueren antes de los dos años, hijos con problemas de retardación, o miembros de la familia con episodios de enajenación mental.La constatación de estos ejemplos en muchas genealogías muestra que lo que se ha asumido como el patrón "normal" es mucho menos la regla de lo que se ha sumido. La "normalidad" más bien es que el curso de las vidas de las familias muestre la incidencia de todas estas manifestaciones distintas del orden familiar.
15. ConclusiónHubo una época en que la genealogía parecía relegada a los anticuarios interesados en las incidencias en la histoira de ciertos linajes aristocráticos. El acceso a los archivos parroquiales, a las listas fiscales municipales, a los protocolos notariales y otros instrumentos públicos ha abierto la posibilidad del método genealógico a todos los registros de la historia social. Para la historia puertorriqueña, en la que las generalizaciones más tajantes han opacado algunas veces los matices y contragiros de los movimientos sociales, el uso de la reconstitución de familias posibilita el examen y la crítica de algunas de las proposiciones alegremente suscritas por demasiado tiempo. También enriquece nuestros conocimientos de las peripecias de los distintos sectores de nuestra sociedad, que ya no pueden ser considerados como inertes y pasivos elementos a la merced absoluta de las grandes corrientes económicas. El itinerario histórico de muchas familias puertorriqueñas es como el tránsito a través del centro urbano de Humacao, lleno de luces rojas y paradas súbitas, de vías bloqueadas y múltiples distracciones, de inesperados desvíos y rápidas confluencias, de remansos de tranquilo progreso y ocasionales callejones sin salida. Los itinerarios no son siempre unidireccionales y uno a veces comprende que su historia es interminable.
Apéndice genealógico
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