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La creación en las nuevas democracias
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Suele definirse al Paraguay como una «isla sin mar» o «isla rodeada de tierra», para rubricar su aislamiento cultural, resultantes de muy especiales circunstancias históricas y geográficas. A este hecho, de por sí negativo para su crecimiento espiritual, se sumó el medio siglo de vigencia de un modelo ideológico totalitario sustentado sobre la negación de los derechos humanos.
Durante todo ese lapso, la cultura fue subordinada a los intereses hegemónicos de quienes detentaban el poder. El ejercicio de la palabra se convirtió en una conducta bajo permanente sospecha, y quienes no aceptaron el camino de la sumisión sufrieron a persecución, la cárcel y el destierro. O, si pudieron quedarse en el país, debieron aceptar una vida signada por el hostigamiento, la intriga y la postergación.
Estos hechos configuraron para el país una situación caracterizada como un «pozo cultural», expresión que define una dolorosa desvinculación de los grandes acontecimientos intelectuales del mundo y, en especial, de los relacionados con la palabra escrita. Dentro de ese cuadro general de mediocridad y oscurantismo imperantes, un puñado de escritores permaneció dentro del país y aceptó el reto de constituirse en la continuidad de nuestra cuantitati-vamente pequeña aunque rica tradición literaria.
El advenimiento de la democracia no es sólo un acontecimiento político. Tiene, además, significativas connotaciones culturales. Desde el 2 de febrero de 1989 no sólo se abrió camino a las libertades públicas, sino también a un pleno y libre ejercicio de la creación en todos los campos del arte.
Del mismo modo, la inserción del Paraguay en el mundo, luego de décadas de férreo aislamiento, no puede concebirse solamente como un fenómeno político o económico. Es también, y con la misma relevancia, un fenómeno cultural. Debemos reconocer que hasta el momento es muy poco lo que se ha hecho en este último terreno. Y sin embargo, la presencia del nuevo Paraguay en el mundo contemporáneo debe tener en la cultura uno de sus principales frentes de acción. Porque ella es la expresión más viva del crecimiento de una nación, y tan representativa como la realización periódica de elecciones o los índices de la productividad.
El Encuentro de Escritores Latinoamericanos cumplirá un papel fundamental como primer paso de la ofensiva encaminada a llenar este alarmante vacío. Al ser el gobierno paraguayo el anfitrión, presentará al mundo de la cultura latinoamericana, a través de sus representantes más notorios, la imagen del nuevo tiempo que vivimos.
Del mismo modo la reunión ayudará a crear vínculos entre nuestro país y el resto de América Latina. Finalmente, dará lugar a un intercambio de experiencias entre escritores paraguayos y latinoamericanos del que podrán surgir iniciativas que contribuyan a fortalecer el proceso de integración regional.
El gobierno y la ciudadanía son conscientes de la trascendencia de este acto y de las posibilidades que ofrece del esfuerzo de reinserción del Paraguay en la comunidad internacional. Se trata de la carta de presentación de nuestra naciente democracia, y de un signo de madurez y responsabilidad intelectual de los nuevos mandatarios del pueblo paraguayo.
Objetivos: