Al Encuentro de Escritores Latinoamericanos

Augusto Roa Bastos

Distinguidos colegas participantes del Encuentro:

Llamado de urgencia para asistir a la intervención quirúr-gica de un miembro de mi familia, no me fue posible, desdichadamente para mí, permanecer en Asunción para participar en este impor-tante evento que se está desarrollando en esa capital en favor del intercambio cultural de los países de nuestra región en el contexto general de la integración iberoamericana, objetivo último y principal de este proceso de histórica trascendencia en el destino de nuestros pueblos.

Al tiempo de solicitar a los participantes del Encuentro sus comprensivas disculpas por esta forzosa ausencia, hago llegar a los organizadores mi cordial agradecimiento por la distinción que me han conferido al proponer mi participación con calidad de invitado de honor.

La causa de unión y hermandad de nuestros pueblos iberoamericanos está determinada por los imperativos categóricos de nuestra común historia, de las afinidades de lengua y cultura, por estructuras sociales fundadas en genuinas aspiraciones de humanismo, democracia, liber-tad y reciprocidad igualitaria.

Persuadido íntimamente de la nobleza de esta causa, en mi condición de escritor he unido mi lucha, desde hace muchos años, a la de todos los miembros de nuestras comunidades culturales que se baten con lucidez, coraje y perseverancia para fraguar la realidad concreta, coherente, irreversible pero perfec-tible, de esta integración en todos los planos de una plural convivencia, en el respecto de las diferentes identidades que fortalecen precisamente la plenitud vital de esta unión.

Estoy persuadido, asimismo, de que el logro de la integración sólo será posible sobre la base de por lo menos tres condiciones imprescindibles: la primera, el cultivo de una memoria histó-rica que nos permita aprender del pasado la lección del futuro.

La segunda, la formación intransigente y rigurosa de una conciencia crítica activa frente a los estados y gobiernos infestados del virus del autoritarismo; una conciencia crítica activa en todos los estratos de la sociedad, no sólo de las dirigencias políticas y de los profesionales de las ideas, sino de las propias bases populares desde las cuales el hombre común, el anónimo ciudadano, el pueblo en su conjunto, puedan ejercer su derecho a una acción orientadora permanente y sostenida, más allá de su transitoria participación en las urnas que no garantizan que el voto ciudadano no sea conculcado.

Por último, la ética y la filosofía de la integración se fundan en la práctica de la libertad concebida como responsabilidad del individuo frente a la sociedad, de ésta frente al individuo y de ambos frente a los países y a los estados.

Estos tres principios fun-dantes, rigen también nuestro trabajo y nuestro comporta-miento en tanto escritores e intelectuales. El trabajo solitario del escritor, del intelectual, del artista, se nutre de lo social, hace de él un individuo responsable frente a sí mismo y sobre todo frente a los demás.

Ese individuo solitario pero solidario, ese individuo visio-nario pero responsable, ese trabajador que maneja las categorías del arte en función de su tiempo y de su sociedad como un orfebre y como un artesano disuelto en el anonimato de sus sueños, es un protagonista importante en la vida cultural. Puede serlo también, en alto grado, en la concepción y en las complejas tareas de la integración.

(Tolouse, 21 de noviembre de 1994.)