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Sobre la poesía de Jacobo A. Rauskin
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La única forma de abrirnos paso hasta la poesía de de J. A. Rauskin es abriendo una trocha en la selva de desconocimiento u olvidos que nos separan de las letras de Paraguay. Y por eso Fogata y dormidero del caminante (Editorial Arandurá, 1994) de Rauskin, desde su título puede llevarnos a errores de apreciación sobre sus contenidos y formulaciones. Diríamos que el epíteto del gran poeta chileno Jorge Teillier es una señal acogedora:
También colabora el aviso del autor al explicarnos: "Las hojas de estas se ries abarcan aves y árboles, un caballo, nuevos barrios de Asunción, supermercado, los últimos baldíos, cierta nostalgia, la irrealidad del tiempo y la persistencia del amor". Esa enumeración, entre caótica y plena de ironía, nos pone de frente, a un poeta de nuestro tiempo. Casi exteriorista, el primer poema confirma el Aviso. Esa "Periferia" nos sirve para internarnos en los propósitos de Rauskin: sí, estamos con él cuando nos dice:
El poeta metafísico (con sencillez, sin empaque) que nos planteara en el Aviso que también "sus hojas" abarcaban ¨la irrealidad del tiempo¨, se confirma en "Linda vida":
Y con una difícil sencillez expresa como el norteamericano Williams Carlos Williams, con certeros y breves trazos (objetivos) un resumen de "Hogar". J. A. Rauskin también recurre a la prosa, no a la prosa poética, más bien al proema, creación de los poetas surrealistas, que no es, sin embargo, un híbrido. Léase, finalmente, no peinando las frases, su poema "Al día siguiente":
La mañana y el mediodía nos encontraron lejos, tan lejos que ahora recuerdo la lluvia como si fuera cielo cerca de las mejillas. Era un viaje ilusorio, sólo el amor era real y, entonces, llegamos a la casa. ¿Era una casa? Yo te miraba los pies, los pies en el barro del paraíso.
Pero este paraguayo, que no reniega del entorno, y que tal vez suscribiera esta reflexión de Wallace Stevens en su Adagio: "Un poeta el mundo como un hombre mira a una mujer", también se abre a las perspectivas de una textualidad contemporánea, que no desdeña nada, y que, por el contrario, suma a sus textos, lo grande y lo pequeño del mundo, su épica y su minimalidad como lo realiza en su poema "Acoples":
| al azar de las ventanas un café doble un cielo nublado una mano una rosa un club de fans un mito de jeans una carta de amor a la lectura. |
Y, sin embargo, el poeta que escribe esta maravilla moderna (no posmoderna) antes , en el proema, textualizaba con todas las propiedades que la religión de la buena prosodia castellana hubiera sacralizado. Y qué decir de su "Preludio", ese poema de un supermercado llamado --significativamente-- "La isla", y la relampagueante anécdota de un asalto:
El caso fue al olvido con razón. Si ahora lo menciono, es porque mi memoria no es tan mala y porque quiero hablar de la violencia y del olvido como preludio de un encantamiento. No supone otra cosa salir hoy de ese supermercado y ver la luna en la ciudad de los grillos, de los baldíos, en la simple callejería de una emoción, en las horas de una bella esperanza.
Cómo no recordar ese otro magnífico poema "Un supermercado en California" del pope de la poesía beatnik, Allen Ginsberg. Y no porque tenga filiación con el mismo, sino como una firme probanza de que nuestro poeta paraguayo camina las borrosas riberas del padre río, pero también se interna en las selvas de la moquette y la sociedad de consumo, y de ella extrae, no "las brillantes pilas de latas" de Ginsberg, sino que como éste resuelve una anécdota sin prestigio "poético" con alta poesía. Uno recuperando a Walt Whitman y Federico García Lorca en esos verdaderos "cuernos de la abundancia", y J. A. Rauskin elaborando una limpia reflexión sobre "la violencia y el olvido".
Y de estas propuestas todavía nos lleva a misteriosas prosas como en "Ni por abracadabra". ¿A quién se invoca o evoca? ¿Hombres o dioses? ¿Míticos o folklóricos?:
"Personaje increíble. Y rico en experiencia natal: de muchas nadas madres nace nadie".
Y así de este libro para ser leído con su "tempo", y de la otra serie que también lleva su Aviso: "la ciudad y el mundo" en un breve repertorio de rimas usuales, en notas de diverso cariz, en comentarios y tevegramas, expongo como pruebas de su capacidad y su modernidad, los poemas "La ciudad y el mundo en un breve repertorio de rimas usuales". En endecasílabos clásicos y rimas irónicas, satiriza los imperios de antes y de ahora, utilizando el ácido más feroz para una sanción política: el humor:
O ésas que él llama con modestia "notas de diverso cariz"y que son proemas certeros, de envidiable exactitud como "Admirable":
Ciclópea, también enciclopédica, esa roca de caimán, de yacaré, de cocodrilo. Toda una vida en ella, toda una vida sauria. Roca donde hay más arrastre que pata, menos pata que vientre y más glándula que lágrima. Roca donde hay menos, agua que cielo, donde hay más Nihilo que Nilo.
Quiero cerrar esta somera recorrida por un libro para llevar en la cartera, en malos y buenos tiempo; quiero escribir dos líneas sobre el proema que cierra el libro: "Vestigios". Porque aquí la observación desencantada, es una visión adolorida, que se reviste de una objetividad estoica. Quiero decirlo francamente: veo en este texto más amor a la tierra, más amor a la patria, que mucha oda secular, que mucho himno retórico y aún de algunos poemas solidarios, que se quedaron en buenas intenciones y piedras para el infierno. Ahí va "Vestigios":
Para mí, el desierto a la vera del camino de Cuenca Cué, tiene su mejor oasis en la posada, fonda y recaladero que yo llamo NEXO. Así, con mayúsculas, pues lo único que se puede leer en la borrosa y polvorienta puerta donde alguna vez se escribió el nombre de este mesón ¿Nexo de anexo? ¿De bar y (anexo) hospedaje? Nexo de ruinas a la vera del camino.
Gilbert K. Chesterton, alguna vez, señaló que las muestras de las tabernas y hosterías contaban mejor que nadie la historia de Inglaterra. Valga la cita y vale el libro de J. A. Rauskin.
(Publicado en el Suplemento Cultural del abc color de Asunción.)