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Los Nudos del Silencio de Renée Ferrer de ArréllagaLos murmullos opacos de la noche
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La historia de Paraguay es una historia dramática y, como siempre pasa, la cultura fue la gran perdedora. La tiranía de Francia, la guerra de 1865-1870, la clausura de los centros docentes... Todo llevó a un empobrecimiento cultural del que sólo la perseverancia y la más alta moral consiguieron granar los mejores frutos. Libro reciente hay que se ampara en un negro pesimismo y hasta niega el renacimiento de la novela del país. Craso error. Lo que sí es cierto --y tiene que ver con la obnra que voy a comentar-- que las ediciones paraguayas son de muy escasa tirada (500 ejemplares los de este volumen), impresas con suma pobreza y de presentación poco atractiva (por fortuna, nada de ello afecta al libro de Renée). resulta entonces que su difusión se reduce a un ámbito estrictamente doméstico, lo que es sumamente injusto. Los libros paraguayos no trascienden, y deberían hacerlo. Hay grandes poetas y novelistas de alto porte (¿se conoce algo más que Roa Bastos?) que debieran arrumbar tantas negaciones como las que he acumulado. Pero el país está encerrado en su propia geografía y sus libros quedan enmarcados en unas cercas de las que es muy difícil salir. Sólo así me explico la poca trascendencia de una literatuyra que --por su riqueza y por sus alcances-- debiera tener mucha. Pero el mal no es de estos pagos: en la cercanía Argentina, se ha dicho lo mismo, aunque creo que las cosas se resuelvan con palabras mesiánicas: "una suerte de escritura innovadora que ha comenzado en el Paraguay antes de la caída de Stroessner; una escritura en germen que uno espera se incrementará en intensidad, dando voz al feminismo y las contraculturas en una sociedad postautoritaria". Digamos, palabras, palabras, Yo, y no soy ningún profeta, ni quisiera serlo, pienso que lo único que vale es la obra bien hecha; lo demás es --digamos-- música celestial o conversaciones de Agamenón con su porquerizo. Prefiero quedarme con los comentarios de Carlos Villagra, gran poeta: "París. En un teatro de mala muerte, 'sórdidamente azul', en silencio se miran dos mujeres, cabalmente distintas: la bailarina oriental, protagonizando en el minúsculo escenario un ácido porno show lesbiano, y la decente señora de Asunción, que endurece en una raída butaca delantera su asqueado asombro de burguesita del tercer mundo; no obstante, poco a poco sube a tenderse entre ambas desconocidas una suerte de hermandad oscura, tácita y fluyente que el obstinado ritornelo de un saxo ordena y defiende". He aquí la clave de una novela que, además, "está bien hecha".
Lo que la historia cuenta es la degradación a que se somete a la mujer en culturas diferentes: a la pobre Malena, en la aparente prosperidad de su acomodada posición; a la desdichada Mei Li, carne para las violaciones y tristeza de lupanar. Lo que Renée Ferrer ha hecho con singular acierto es darnos la efigie veraz de estas dos mujeres tan diferentes en su cultura: salvar las formas en un caso; agresivo envilecimientoi en otro. Sin embargo, en aquel sórdido espectáculo que se representa en un escenario, la mujer casada descubre el fondo de todas las repulsas ("asiduamente me usa, me desusa, me vuelve a usar para alejarse luego [...] Hasta esa isla llegué muchas veces con las manos llenas de ternura quebradiza, sin importarme que quisiera recibirme. Simplemente fui: solitaria y valiente"). Es el proceso espiritual de su fracaso que brutalmente desnuda su carga de violencia en aquel espectáculo pornográfico ("todos llevamos el hambre tatuada en los ojos", "no hay quien me toque ni me ultraje. Todo sucede fuera de mí, lejos de la clave del enigma, cerca de mi reiterada muerte"). El proceso espiritual que siguen las dos mujeres está descrito con quebradiza finura. Una y otra se han identificado contra un mundo en el que lo más valioso que existe es el aturdimiento de la mujer para que no llegue a sentir que ni siquiera es persona. Como en la contemplación distante del espectáculo o en el ejercicio de los músculos que se mueven sin voluntad alguna. Hasta que al fin, una y otra, comprenden que están fuera del tiempo. Se ha abierto "la grieta de algo ignominioso" y estalla el odio al marido. La novela tiene un aire intimista y espeso. Nada es lo que se ha fingido durante años ni para nada valen los recuerdos. Hay un solo de saxo que va estableciendo la degradación de esas dos esperanzas escondidas ("el saxo, intuyendo por poco su desolación se aduerme. Se agazapa. Calla. Para volver a gemir con fuerza nueva"). Es muy bella la trasposición amebea de aquellos sentimientos que fluyen paralelos y sin embargo tratando de comprenderse. El espectáculo repele, pero es necesario para evocar días amargos y las obligadas claudicaciones y para que no tenga justificación nada de lo que se ve: desde cada hoy vivido, resulta incomprensible, para aquellas mujeres amparadas en sus muchas miserias, una para perderse en los túneles mentidos de una desmemoria que borronea su propia identidad, otra simplemente es en la noche".
Renée Ferrer va analizando sutilmente aquellas dos almas que viven su contramundo. Por un momento el hombre asoma con toda su sordidez. Salvando los días burgueses o escudriñando los misterios del Mekong. Pero, ¿qué sabe él? Con gusto o por necesidad las mujeres han sacrificado todo y su dolor se acrecienta para convertirse en una estela de liberación.
Amarguísima novela con trasfondos nítidos de miseria y de vida burguesa. De apuntes, poco más que intuidos, de un trasfondo político brutal y corrupto. Estas dos mujeres, tan hermosas en su desgarrada soledad, son un acierto logrado. Las dos vidas, nada menos que dos vidas, que pudieron ser, pero que nunca serán. Asustadas en su soledad y acercándose en el repugnante espectáculo de una entrega sin vicio y sin pasión o en una indiferencia ante la propia vida rota.
Excelente novela: muy bien escrita, con sutileza en el análisis de aquellas almas (¿almas?) que van languideciendo, en la zafiedad del hombre y en los acordes, acompasados o estridentes de un saxo. El lector se pregunta, ¿tanto dolor en tan amargos silencios?