Los Nudos del Silencio y La dialéctica del silencio

Boujemaa EL ABKARI

Facultad de Letras III
Mohammedia, Marruecos

1. Estrategia de la titulación de la novela

El título de la novela1 constituye una especie de transgresión a la expresión habitual «nudo en la garganta»; y «nudos del silencio» se presenta como un desvío que sugiere una redundancia metafórica implícita (silencios del silencio)2 para subrayar, precisamente, las importantes dimensiones que cobra el silencio en la obra.

El título, pues, ofrece al lector-receptor un indicio fundamental sobre el cual se edifica el armazón estructural de la novela. De ahí, el estudio del silencio y su dinámica en la plasmación de la obra es de suma importancia, porque ello permite acceder a todas las llaves aparentes y secretas de la novela de Renée Ferrer.

2. Apuntes para una aproximación a la novela

La presencia de las situaciones de silencio, aislamiento e incomunicación son constantes y reiteradas a lo largo de la obra. Entre las muchas palabras y frases que aluden constantemente a dichas situaciones, citamos en particular las siguientes: el silencio (los silencios); callar (usado, a menudo, en forma del gerundio: estado durativo y/o repetitivo); labios apretados; ensimismarse; falta de palabras; palabras gastadas; las palabras sobran; se anudan las palabras; los nudos (el nudo); gritos sin voz; afonía del grito; contactos de los ojos; el abismo; la distancia; y muchas metáforas poéticas que sugieren distintos estados de silencio; etc. Además, no hay que olvidar los varios guiones y paréntesis que connotan frecuentemente un enunciado no articulado.

En estos apuntes, nos limitamos a estudiar los aspectos más importantes del silencio, tal como: el monólogo interior y otros silencios de la novela que denominamos «el silencio hablante», «el silencio mudo», ausencia-presencia y el espacio en blanco.

2.1 El monólogo interior

La narración, en Los nudos del silencio, se basa, esencialmente en el monólogo interior o en una de sus variantes, según la lógica del texto narrativo, como el estilo indirecto libre --cuando el narrador principal interviene en el relato y se intromete en la interioridad de los personajes, de Malena y Mei Li en particular--; la ausencia del diálogo o, por lo menos, la falta de la réplica tradicional: los guiones aparte y réplicas debidas. El diálogo está incluido en el mismo texto narrativo, lo cual denota la falta de comunicación directa entre los personajes de la novela. El narrador principal parece relatar muy frecuentemente dichos diálogos; los espacios en blanco; los paréntesis y guiones...

El monólogo interior es, entre otros rasgos definitorios, un discurso «no dicho»,3 o sea, un discurso inarticulado, silenciado. En este plano, los pensamientos más íntimos (y, muchas veces, más cercanos al inconsciente) se censuran o se confiesan sólo a sí mismo. Así que, el silencio de Malena y Mei Li corresponde perfectamente a esta definición del monólogo interior. Efecti-vamente, tanto la paraguaya como la vietnamita, en sus íntimas reflexiones, tratan de explicarse el porqué de su desgracia y, por consiguiente, de su soledad, sumisión, explotación y mutismo profundo. Casi todos los monólogos interiores giran alrededor de la condición dramática de estas dos mujeres.

En la novela, no aparece la incoherencia que, generalmente, caracteriza el monólogo interior, lo que explica que la reflexión de Malena y Mei Li está más cerca de un estado de conciencia que de un estado de inconsciencia. Los monólogos interiores, en Los nudos del silencio, no son puros joycianos ni delirios deliberados sino, a menudo, son una meditación profunda acerca de la condición de la mujer frente al hombre y a la sociedad.4 Entonces el estado de silencio empuja a los protagonistas femeninos a vivir en una situación de introspección permanente. De ahí, se puede concluir que el monólogo interior, en la novela, encarna la dinámica que supone el paso del estado de inconsciencia al estado de toma de conciencia; de la resignación ciega en silencio a la voluntad de acceder al lenguaje articulado, señal de afirmación y de coraje de expresarlo todo en voz alta --rebelarse-- frente al hombre y al sistema de la sociedad machista, establecido desde hace largos siglos --y que sigue vigente en muchas sociedades desarrolladas o no; la paraguaya latinoamericana y la vietnamita asiática sólo son ejemplos entre muchos otros en distintas partes del mundo. Por otra parte, me parece que es ésa la intencionalidad de Renée Ferrer, al clausurar la novela sobre un tono optimista. En este sentido, la obra se quiere «abierta», precisamente, porque su objetivo es poner de relieve este cambio potencial que mejoraría la condición de Malena --la mujer paraguaya-- y la mujer en general.

2.2 El silencio hablante

El silencio --los silencios-- en que están inmersas Malena y Mei Li les ofrece la oportunidad de tomar conciencia de su condición de mujer y de su alrededor. Es cierto que son mujeres distintas racial y socialmente, pero son semejantes, porque viven casi la misma experiencia de mujer sumisa y explotada hasta el hueso.

En un espacio cerrado, uno de esos teatritos nocturnos populares de París, La Rose bleue, el silencio fructifera, se presenta como una apertura sobre el otro, como un silencio en busca de una comunicación distinta y una identi-ficación con el otro en la angustia del vivir. Los ejemplos abundan en la obra, son todos los monólogos de la bailarina oriental y de la pequeñoburguesa asunceña. En este intento de comunicación, se destaca particularmente el lenguaje de los ojos que parece extender puentes entre ambas mujeres, sobre todo por parte de la bailarina. Así, paulatinamente, una se acerca de la otra para entrar en un proceso de reconocimiento e identificación mediante un discurso silencioso. Incluso se familiarizan, Mei Li se dirige en segunda persona a Malena, en un momento de gran intensidad:

No comprendo cómo llego a penetrar en tu silencio (23)

A lo largo del proceso del silencio hablante, se ve que Mei Li es más madura y con una sensibilidad crítica más aguda que Malena; ciertamente, su desgarrado pasado y la vida amarga que lleva en París, la han ayudado mucho a tomar conciencia --en silencio-- de su estado de mujer miserable, explotada y manipulada inhumanamente.

La comunicación establecida entre ambas mujeres ha sido muy condicionada por la intencionalidad --fuerte deseo-- de la vietnamita. Esta apunta provocar e inquietar profundamente a la decente señora respetable de Asunción para, finalmente, empujarla a reaccionar positivamente. Así la ataca con violencia:

Quiero despertarte, sacudirte los ojos, dolerte (196).

Mei Li acierta, en gran parte, en su «deseo» y realiza su objetivo por pura solidaridad con Malena, porque ambas mujeres sufren de la misma injusticia social:

En ese momento redondo, preciso, incandescendente, sé que hice contacto con un ser como yo: diferente hasta el abismo en circunstancias, igual hasta el absurdo en la congoja 197).

Malena sale de La Rose bleue, efectivamente, sacudida como si se despertase de un largo sueño; Mei Li adivina claramente los pensamientos de la asunceña:

Saldrás. Y no me preguntes como te adivino el pensamiento. Simplemente sucede. Tal vez por la fuerza de mi deseo. Ya has visto suficiente. Lo sé. Te irás. Pero no porque alguien te lo ordena, sino porque tú lo decidiste (197; el subrayado es nuestro).

Malena ya no es aquella mujer débil y sin personalidad. Al salir del espectáculo, parece resucitarse; sale nueva, liberada de sus miedos y múltiples nudos (pp. 197-200) que la agobian y aniquilan; recobra su verdadero rostro. En cambio, a raíz de esta «metamorfosis», el abismo se hace todavía más tajante entre ella y Manuel, su marido. La vuelta de Malena a su país «dueña de sus actos», le prevé un destino mejor y le abre una vía esperanzadora para un cambio radical positivo.

2.3 El silencio mudo

En cuanto a lo que denomi-namos «silencio mudo» --que se me permita la redundancia-- es aquel que suprime cualquier forma del diálogo entre los personajes que se establece en los estados del «silencio hablante». El silencio mudo es el silencio absoluto con las consecuen-cias sicológicas que acarrea.

Los dos protagonistas femeninos de la novela, en momentos determinados, experi-mentan un hondo dolor motivado, precisamente, por un estado de incomunicación total con el otro y ensimismamiento profundo. Las analepsis externas5 que evocan los momentos decisivos en la vida de Malena y Mei constituyen una de las causas que justifican este silencio. El abandono de la carrera musical --que hubiera sido un medio de independencia y realización personal y social-- y la gran decepción matrimonial para la pequeñoburguesa paraguaya; las desgracias de la guerra imperialista y las crueles vivencias de la experiencia del exilio para la miserable vietnamita.

Este silencio origina, unas veces, estados de resignación, obediencia y sumisión ciega por la fuerza de «la costumbre de acuclillarse tras los barrotes del silencio» (p. 16); y, otras veces, estados de conflictos interiores y rabia por sentir decepción e impotencia profundas. Sin embargo, ambas mujeres, en sus peores momentos de abatimiento, reflexionan --consciente o inconscientemente-- acerca de un remedio para romper el cerco absoluto que les encarcela y ahonda en sus profundidades.

2.4 Ausencia-presencia

Se trata de la técnica de lo implícito-explícito, o sea, de algo semejante a la técnica del «vacío» o del «hueco», como lo denomina Alain Robbe-Grillet, que consiste en eludir un suceso --o varios sucesos-- en la progresión de la narración.

A lo largo de Los nudos del silencio, esta técnica se plasma a través de dos casos capitales en la vida de Malena. La relación de ésta con su camarada en el conservatorio. Muchas insinuaciones dejan supo-ner que Malena y este personaje --sin nombre en el texto-- no sólo les une la amistad y el amor a la música, sino algo más, lo que se sugiere con mucha sutileza. Además, las metáforas sensuales y el espacio en blanco, que separa las secuencias en que se alude a este personaje, son elocuentes y significativas (pp. 35, 41, 64...).

El segundo «hueco» que crea un ambiente de misterio que se teje alrededor de la ocupación dudosa de Manuel, en la primera mitad de la obra. Este misterio sólo se aclara en las últimas páginas de la novela. Manuel está al servicio de la Dictadura Militar, lo que explica su autoritarismo y machismo para con su mujer.

La dialéctica de la ausencia-presencia en Los nudos del silencio, crea una especie de enigmas para el lector-receptor que le empujan a buscar superarlos interpre-tando los silencios de la novela según su propia comprensión y su modo de ver. Evidentemente, el objetivo de esta técnica, además de crear atmósferas de «suspense», requiere la colaboración del lector-receptor en la creación de la obra a través de una lectura activa.

2.5 El espacio en blanco

Los nudos del silencio no se presenta como una novela tradicional con partes y capítulos enumerados que llevan títulos sugestivos. La primera impresión que tiene el lector es que está frente a una especie de colección de cuentos, porque el texto narrativo está minuciosamente frag-mentado. Efectivamente, se yuxtaponen unas 108 secuencias narrativas --la más pequeña se compone de unas líneas (pp. 181, 53, 160, 170) y la más larga de cinco páginas (142-146, 160-164)--, sin que ello signifique que el libro no tiene unidad ni coherencia. Al contrario, la presencia del narrador principal se hace sentir casi siempre a lo largo del relato, a pesar de una multiplicidad de voces que pueblan la novela. La peculiaridad de esta obra radica, especialmente, en que la fuerte tensión --que crea y desarrolla la dialéctica del silencio-- llega a guardar la coherencia de la narración a pesar del fragmentarismo excesivo invertido por la novelista paraguaya.

En esta multitud de fragmentos, los cambios de punto de vista, espacio, tiempo y temas, se señalan por espacios en blanco que separan una secuencia de otra. Este procedimiento técnico consiste en explotar la dialéctica dicotómica basada en el negro de la tinta y el blanco del papel que lo rodea --que lo cerca--; ambos colores coexisten en el mismo espacio, o sea, son el resultado de lo escrito y no escrito --lo silenciado-- en el mismo marco de la página. Así, la repartición espacial de la página atrae a la vista e incita a recibir --concebir-- tanto lo lingüístico como lo no-lingüístico.

El espacio en blanco, pues, omite la palabra sobre la página, como los clásicos tres puntos suspensivos, dejando, así, el campo libre al lector-receptor para interpretar el pasaje --la obra-- a su manera y según su propia comprensión e imaginación. Otra vez, Los nudos del silencio invita al lector-receptor a participar activamente mediante una lectura positiva y productora de sentido.

Los nudos del silencio, aunque es la primera novela de su autora, subraya una madurez y un domino convincente de los mecanismo técnicos de la escritura novelesca moderna. Esta obra transgrede muchas normas del género novelesco en el Paraguay. Los nudos del silencio es una novela que cuestiona, en cierta medida, el dicho género y que evidencia una profunda preocupación estética por encontrar una forma de novelar capaz de romper las cadenas de la tradición y contribuir a dar un paso adelante en la novelística paraguaya, a la imagen de la nueva sociedad, la postautoritaria.


Notas:
  1. Renée Ferrer de Aréllaga: Los nudos del silencio, Asunción, Ed. Arandurá, 1988, 201
  2. Ibid. Cf. particularmente las páginas 144, 157, 189. Todas las citas e indicaciones de páginas entre paréntesis corresponden a esta edición.
  3. Cf. E. Dujardin: «Le monologue intérieur...», recogido en Umberto Eco: Obra abierta, Barcelona, Ed. Seix Barral, 1965, 267.
  4. No vamos a insistir sobre este tema, ya que los prologuistas de Los nudos del silencio lo han subrayado de manera general. Cf., 7-12.
  5. Cf. Genette, Gérard: Figures III, París, Ed. Seuil, 1972, pp. 90-95. Genette distingue dos tipos de analepsis: las externas y las internas. Se entiende por analepsis «toda evocación a posteriori de un acontecimiento anterior al momento de la historia en que nos encontramos». Genette rechaza el término «retrospección». Toda anacronía --todas la formas de discordancia temporal-- constituye, con relación al relato en que está insertada, un «relato temporalmente segundo», subordinado al «primer relato». Así, el primer relato es el nivel temporal del relato con relación al cual se define una anacronía como tal. Es externa una analepsis cuando el acontecimiento --o episodio-- evocado se sitúa fuera del relato primero; precede el tiempo en que comienza la historia. Su función consiste en completar el relato primero e informar al lector sobre algunos «antecedentes». Es interna una analepsis cuando se sitúa en el relato primero.